Opinión

El verdadero pan se alcanza creyendo en la voluntad de Dios

25Del santo Evangelio según san Juan 6, 1-15

En aquel tiempo, Jesús se fue a la otra orilla del mar de Galilea o lago de Tiberíades. Lo seguía mucha gente, porque habían visto los signos que hacía curando a los enfermos. Jesús subió al monte y se sentó allí con sus discípulos.

Estaba cerca la Pascua, festividad de los judíos. Viendo Jesús que mucha gente lo seguía, le dijo a Felipe: “¿Cómo compraremos pan para que coman éstos?”. Le hizo esta pregunta para ponerlo a prueba, pues él bien sabía lo que iba a hacer. Felipe le respondió: “Ni doscientos denarios de pan bastarían para que a cada uno le tocara un pedazo de pan”. Otro de sus discípulos, Andrés, el hermano de Simón Pedro, le dijo: “Aquí hay un muchacho que trae cinco panes de cebada y dos pescados. Pero, ¿qué es eso para tanta gente?”. Jesús le respondió: “Díganle a la gente que se siente”. En aquel lugar había mucha hierba. Todos, pues, se sentaron ahí; y tan sólo los hombres eran unos cinco mil.


Enseguida tomó Jesús los panes, y después de dar gracias a Dios, se los fue repartiendo a los que se habían sentado a comer. Igualmente les fue dando de los pescados todo lo que quisieron. Después de que todos se saciaron, dijo a sus discípulos: “Recojan los pedazos sobrantes, para que no se desperdicien”. Los recogieron y con los pedazos que sobraron de los cinco panes llenaron doce canastos.

Entonces la gente, al ver el signo que Jesús había hecho, decía: “Este es, en verdad, el profeta que habría de venir al mundo”. Pero Jesús, sabiendo que iban a llevárselo para proclamarlo rey, se retiró de nuevo a la montaña, él solo.

Jesús no realizaba milagros solo para saciar necesidades

Estimados amigos, dentro del ciclo de lecturas que leemos en este año dejamos el Evangelio de san Marcos para dedicarle varias semanas al Evangelio de san Juan.

Concretamente, durante varios domingos leeremos el capítulo sexto del Evangelio de san Juan que tiene como tema de conjunto la presentación del Verdadero Pan del Cielo, el Cuerpo y la Sangre de Cristo.

El capítulo que leemos inicia con el relato de la multiplicación de los panes y los pescados. Siguiendo la forma de pensar de san Juan, Jesús no realizaba milagros para saciar las necesidades de las personas, no. Jesús realizaba signos portentosos como parte de un proceso de confianza, como parte de un camino de fe y revelación donde las personas debían pasar del mundo tocable y material al mundo espiritual, al mundo del Reino de Dios.

En el pasaje de hoy Jesús comienza hablando de dinero y de saciar a una muchedumbre. Los discípulos ponen a disposición del maestro cinco panes y dos pescados, a sabiendas de que esto era demasiado poco para saciar a la multitud. Es entonces cuando Jesús convierte estos elementos materiales en un signo del poder y la cercanía de Dios providente y los multiplica, saciando a las personas y dejando doce canastos de sobras.

Pero esto es solamente el inicio del camino. Al día siguiente confrontará a los que habían comido hasta saciarse, pidiéndoles que se esforzaran por el verdadero pan que se alcanza creyendo y cumpliendo con la voluntad de Dios. La confianza de los discípulos obtuvo la multiplicación de los panes, pero Jesús siempre lleva a todos más allá.

 

*Monseñor Salvador Martínez es rector de la Basílica de Guadalupe y colaborador de Desde la fe. 

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