Opinión

Comentario al Evangelio: Vida en abundancia

Yo soy la puerta de mis ovejas (Jn 10, 1-10)

En aquel tiempo, Jesús dijo a los fariseos: “Yo les aseguro que el que no entra por la puerta del redil de las ovejas, sino que salta por otro lado, es un ladrón, un bandido; pero el que entra por la puerta, ése es el pastor de las ovejas. A ése le abre el que cuida la puerta, y las ovejas reconocen su voz; él llama a cada una por su nombre y las conduce afuera. Y cuando ha sacado a todas sus ovejas, camina delante de ellas, y ellas lo siguen, porque conocen su voz. Pero a un extraño no lo seguirán, sino que huirán de él, porque no conocen la voz de los extraños”.

Jesús les puso esta comparación, pero ellos no entendieron lo que les quería decir. Por eso añadió: “Les aseguro que yo soy la puerta de las ovejas. Todos los que han venido antes que yo, son ladrones y bandidos; pero mis ovejas no los han escuchado.

Yo soy la puerta; quien entre por mí se salvará, podrá entrar y salir y encontrará pastos. El ladrón sólo viene a robar, a matar y a destruir. Yo he venido para que tengan vida y la tengan en abundancia’’.


Comentario al Evangelio

“Yo he venido para que tengan vida y la tengan en abundancia”. ¿En qué consiste la abundancia de vida que Cristo nos ofrece? En tiempos ordinarios, no resulta claro qué pueda significar la abundancia de vida. En cambio, cuando atravesamos por alguna dificultad, cuando la enfermedad nos amenaza, cuando nos sentimos cansados, cuando somos asaltados por la incertidumbre, añoramos los tiempos de tranquilidad, y la abundancia parece relacionarse con lo normal.

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Los momentos de prueba son, sin duda, oportunidad para recordar toda la belleza que se esconde en lo cotidiano. Tal vez, incluso, para que se ponga en evidencia cuánto hemos desaprovechado las ocasiones de darle gracias a Dios por cada día, de disfrutar la presencia de los demás, de percibir el gozo de un abrazo o de un juego, de caminar por la calle o de compartir experiencias con los hermanos.

Cristo nos dice que él es la puerta de las ovejas. Él no es un ladrón ni un bandido. El que lo encuentra a Él puede entrar y salir, y encuentra pastos sabrosos para alimentarse y la seguridad del resguardo del hogar. La puerta que se nos ofrece es la de la verdad del sentido de la vida. A través de Él se puede entrar y salir para tener sabiduría. El camino cierto lo tenemos en Él. La abundancia de la vida no depende de cuántas cosas podemos hacer, cuántos bienes acumulamos o cuántas vivencias sumamos, sino de la intensidad y pureza del amor con el que respondemos al don de Dios.

Hay gestos pequeños, que suelen pasar desapercibidos en lo ordinario, y que sin embargo pueden convertirse hoy en obras monumentales de caridad cristiana. Ejercitarlos es la manera de reconocer esa voz hermosa del Buen Pastor que ahora mismo nos llama a la conversión y a la plenitud. Con los que están lejos, puede ser el recuerdo en la oración, encomendarlos de corazón al Amor Divino y saber que nunca están sueltos de su mano. Para los que están cerca, la ternura y la diligencia, la paciencia y la sonrisa.

No hay tiempo que perder. Este es el tiempo de la abundancia de vida, si lo aprovechamos para el bien.  Este tiempo es un regalo precioso que Dios nos regala para adorarlo, para percibir los detalles de su presencia, para volcarlo hacia el prójimo, que está cerca de tantas maneras, como amor, y para valorar el hecho inestimable de estar aquí. Con su Espíritu, no dejaremos pasar la ocasión para crecer en profundidad y en calidad humana, en la perspectiva sobrenatural de la existencia y en la dicha tantas veces inexpresada de estar aquí. La vida en abundancia no nos abandona.

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