Opinión

Comentario al Evangelio: Por ahora no…

Lectura del Santo Evangelio

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Aún tengo muchas cosas que decirles, pero todavía no las pueden comprender. Pero cuando venga el Espíritu de la verdad, él los irá guiando hasta la verdad plena, porque no hablará por su cuenta, sino que dirá lo que haya oído y les anunciará las cosas que van a suceder. El me glorificará, porque primero recibirá de mí lo que les vaya comunicando. Todo lo que tiene el Padre es mío. Por eso he dicho que tomará de lo mío y se lo comunicará a ustedes”. (Jn 16, 12-15).

Comentario

Del capítulo 13 al 17 del evangelio según San Juan, Jesús se encuentra en uno de los momentos más íntimos y más significativos para con sus discípulos, es en la Última Cena en la que les deja el mandamiento más grande, el del amor; comenzando Él mismo por lavarles los pies y enseñándoles que así deben de tratarse los unos a los otros, con el mismo amor con que Él los ha amado.

Sin embargo, en el relato (que por cierto, viene siendo puesto por escrito unos 60 años más tarde de cuando fue aquella cena) se narran muchas cosas que habrán sido complicadas para entender por los discípulos: el mismo lavatorio de los pies, el entender que en ese pan y ese vino, reciben al mismo Cristo; se preguntarían ¿cómo puede éste darnos a comer su carne y a beber su sangre?.

Se preguntarían también sobre Judas que tiene que salir y apresurarse a lo que traía entre manos o del porqué Juan diría de sí mismo que era el discípulo amado.

Muchas cosas se preguntarían y muchas cosas más tendría que decirles Jesús, sin embargo, no pueden con todas ahora, en ese momento; muchas cosas les faltará por comprender (v. 12).

Hará falta que llegue el Espíritu de la verdad, quien los guíe a la verdad. (V. 13) Y les hará saber las cosas que han de venir (v. 14) y entender lo que sucederá.

¿Cuántas veces nos preguntamos el porqué de una enfermedad, el porqué de una desgracia acaecida en la familia, en el país y hasta en el mundo? Incluso nos acostumbramos de pequeños a que nos digan: ¡Ya lo comprenderás! y en la adolescencia no puede haber frase más frustrante que esa, cuando queda agendado para un futuro incierto, la explicación del por qué no podemos ir a esa fiesta, por qué no podemos obtener permiso para irnos un fin de semana con los amigos o por qué no podemos llegar a más con la novia.

Una vez, alguien que conozco se quedó sin empleo durante un tiempo considerable, algunos años; al principio, se preguntaba una y otra vez: ¿por qué?, ¿por qué a mí?, si no he hecho más que cumplir como buen cristiano con mis obligaciones de trabajador y de padre de familia.

Y aunque varios meses preguntaba con cierta intensidad el porqué de esta situación, su familia cerró filas al lado suyo y quienes no trabajaban, se “pusieron las pilas” y comenzaron a solicitar empleo en diferentes y sencillas actividades. Qué diferentes les sabían las cosas que compraban ahora con el esfuerzo de alguno de todos.

Así, creo que como los discípulos de Jesús en el Evangelio que escuchamos este domingo, a quienes se les decía: ahora no pueden entender todo lo que me falta por decirles, no pueden llevar esa carga. Ellos no entendían en ese momento.

A la luz de la Pascua, con el don del Espíritu Santo, pudieron entender y ser conducidos a la verdad; si ahora le preguntara a este buen amigo que se quedó sin empleo, cómo valora las cosas que le sucedieron, estoy seguro que le encontrará un sentido diverso a esa experiencia, no solamente habrá dejado de preguntar el porqué, sino que lo he visto agradecido, con la gran lección de amor, de solidaridad, de crecimiento que tuvieron con lo sucedido.