Opinión

Ya solo por eso, valdría la pena vivir

Estuvimos en Nuevo Laredo, Tams, 175 presbíteros y 14 obispos de la Provincia de Monterrey, en el Encuentro sacerdotal fraterno, espiritual y pastoral, del lunes 6 al miércoles 8 de junio 2022. Pero, ¿qué no deberían estar en sus parroquias?

Ciertamente, pero, la comunión fraterna sacerdotal y episcopal es también muy importante, porque es vital para sostener la vocación y la misma vida.

Esto mismo, es aplicado a cada una de las familias, y a sus convivencias en domingo, y sus celebraciones festivas. Estar reunidos es fundamental.

Ayer sábado, en una de las misas que tuve, les preguntaba a los niños, ¿porqué es importante recibir el sacramento de la confirmación? Y bellamente me respondían: Para que el Espíritu Santo esté con nosotros, en nuestra familia, y esté también en la casa de mis abuelitos. Que definición más hermosa del misterio de la Trinidad! Dios con nosotros y nosotros con Dios.

Las estrellas, dicen los investigadores, emiten ondas sonoras que los humanos no alcanzamos a captar; las palabras que comparten las Personas de la santísima Trinidad son traducidas por él Espíritu Santo, y solo captadas así por nosotros, especialmente por los niños.

Siempre me he preguntado, ¿cómo cumplir esa frase bíblica? “No es bueno que el hombre esté solo (Gn 2,18)”. Sobre todo, cuando no todos pueden llevar a cabo, la vida matrimonial. O no todos poseemos esa vocación. A mi modo de ver, esta frase tiene que ver, no solo con el aspecto matrimonial.

Le preguntaban a un sacerdote formador mío, cuando recién entré al seminario, ¿y no se le hace difícil estar vivir solo? A lo que el padre contestó, ya quisiera tener algunos ratos para estar solo, para rezar más, y estar más con Dios, pero la comunidad me necesita, me demanda, pero tengo y quiero estar con ella. Así nos formaron.

Algunas personas se atemorizan con la idea de quedarse solos, y dicen, es que no quiero estar solo, la respuesta es: hay mil formas de no estar solo, no tiene que ser siempre con una pareja, pero sí, enfocarse a una causa.

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Los hijos, por ejemplo, cuando un hombre, o cuando una mujer especialmente, por mil circunstancias, queda sola. Es natural que focalice en sus hijos sus ideales y sueños.

¡Cuántas causas existen! Casas de migrantes, comedores para pobres o indigentes; niños o ancianos abandonos, rescatar drogadictos, adictos, prostitutas. Salvar y defender ríos, lagos, tierras y mares. Buscar al hijo o a la hija desaparecidos; erradicar la violencia; consolar y ayudar a las múltiples familias heridas, acompañar a Dios. Él mismo, no quiso estar solo, por eso es Trinidad.

Debiéramos agregarle nosotros una página al evangelio, sin duda, no solo aquella obra de misericordia, que se refiere a enterrar a los muertos, si no también: “no dejar a nadie que muera solo”.

Algo por lo que vale la pena empeñar la vida, y que lo he recibido varías veces a través de fotografías que por whastapp me han enviado: casas o clínicas para personas desahuciadas, abandonadas, incluyendo abuelitos dejados a su suerte en las calles, niños con defectos, migrantes enfermos y perdidos, que mueren en uno de sus centros de acogida, en una de sus blancas y aseadas camas, y mueren allí con la dignidad de personas, rodeados de oraciones, atenciones finales, mueren como hijos de Dios .

Y una cosa más si es posible agregar al evangelio: “Rescatar a los muertos que están vivos”. Ya solo por eso, valdría la pena vivir.

 

*Mons. Alfonso Miranda Guardiola es Obispo Auxiliar de la Arquidiócesis de Monterrey.

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