Milpa de apuntes

“¿Y si vamos a los tacos?”… y otras tentaciones

Acariciar una idea es comenzar a pensar en algo, darle vueltas a lo que puede ser posible, visibilizar una situación que no había estado en el radar, madurar una ocurrencia que poco a poco va tomando forma y se le va poniendo fecha y horario en el calendario para realizar, concretizar y poner en práctica aquello que ronda en la mente y en el corazón.

Una idea es abstracta y la caricia nos refiere al sentido del tacto, por lo que cuando se acaricia una idea puede ser la experiencia que tuvieron Adán y Eva en aquel jardín, la serpiente les sembró la posibilidad de “ser como dioses”, y así comenzaron a acariciar la idea, a rondar la posibilidad de traspasar el umbral de lo permitido.

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Cuando una idea cruza por la mente ¿qué factores hacen que se quede y comience a echar raíces? ¿y si vamos a los tacos? ¡Pero estoy a dieta! Ya me antojaste… la mente comienza a volar y desde la imaginación comienza a presentar imágenes, es decir, a acariciar la idea, hasta que ¡Voilá! Se toma la decisión de ir a los tacos o mantenerse firme en el compromiso establecido con uno mismo.

Tomarle cariño a una idea, a una intención, a un proyecto para estar mejor. ¿qué motiva nuestros pensamientos, palabras y obras? ¿cómo es que opera la gracia para sembrar ideas que pueden convertirse en acciones significativas que nos construyen y edifican? ¿dejamos que el Señor nos ayude en la tentación, justo en el momento que acariciamos la idea de hacer, decir o no hacer algo que atente contra nuestra dignidad y la de los demás?

¿Qué tipo de ideas acariciamos? ¿cuáles vale la pena poner en práctica y cuáles dejar pasar?

 

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