Historias ciudadanas

Un espacio de consuelo

“Un espacio de encuentro y de consuelo”, así es como Carlos describe la sede del Consejo Ciudadano para la Seguridad y Justicia de la Ciudad de México, ubicada en Morelos y Pavón 33, en el corazón de Azcapotzalco.

Llegó a las instalaciones una tarde de junio a pedir ayuda; tras dos años de pandemia, seguía sin conseguir trabajo. El estrés le había generado una actitud pesimista, descargaba su frustración con sus seres queridos y cada vez se volvía más hostil y violento.

Después de ofrecerle primeros auxilios emocionales por la angustia y depresión que presentaba, se le canalizó para recibir una primera terapia psicológica.

Al Consejo Azcapotzalco —que ya cuenta con cuatro sedes luego de que en 2018 solo tuviera una— han acudido personas de todas las edades y otras también de la alcaldía que han buscado atención por la Línea de Seguridad o el Chat de Confianza, 55 5533 5533. A un año de abrir sus puertas, son más de 17 mil quienes han sido beneficiadas.

Asentada en una casa remodelada del siglo XIX, que fue parte de un convento y más tarde una escuela, la sede fue inaugurada en septiembre de 2021 y en noviembre recibió la bendición del primer Obispo de la Diócesis de Azcapotzalco, Monseñor Adolfo Miguel Castaño Fonseca.

Ahí, las y los habitantes del norte de la Ciudad encuentran un confesionario para la sanación de las emociones y la orientación jurídica ante conflictos o delitos, con especial atención en las necesidades de las mujeres, que significan el 65% de las atenciones.

Consejo Azcapotzalco se ha convertido en refugio donde personal especializado ofrece auxilio inmediato, acompañamiento, contención emocional, terapia psicológica y talleres de autoayuda, en un ambiente de seguridad y protección; valores cristianos que generan un espíritu de comunidad.

La construcción de espacios de armonía es tarea colectiva que, en muchas ocasiones, requiere una guía para resolver conflictos con la familia, la pareja o los vecinos. Una labor que comienza —y que está sintetizada en el mensaje de uno de los espejos de la sede: “sonríe, estás viendo al amor de tu vida”— por nosotras y nosotros.

Hoy, Carlos ha logrado procesar sus emociones, comparte y disfruta nuevamente con su familia y cuenta con un empleo. Como muchas otras personas de la comunidad católica de Azcapotzalco, encontró alivió en Dios, pero también buscó el apoyo en el equipo de psicología del Consejo Ciudadano.

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*Los artículos de opinión son responsabilidad del autor y no necesariamente representan el punto de vista de Desde la fe.

 

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