Opinión

Responsabilidad ciudadana y firmeza de gobierno en CDMX

El periodo inicial del semáforo naranja es una oportunidad para reflexionar hacia dónde nos dirigimos.

Y si se nos olvida debe agradecerse la firmeza del Gobierno de la Ciudad de México que, ante las vacilaciones o incumplimientos claros para cumplir las medidas sanitarias, determinaron cierre del sábado y domingo del Centro Histórico, suspensión de 15 días de actividad, así como sanción a todas las cuadras donde más del 30 por ciento de los comerciantes no respeten las medidas planteadas y de cumplimiento obligatorio desde la publicación del decreto del viernes pasado.

En ciertas colonias de Xochimilco y Milpa Alta se registraron algunos de los índices más altos de contagio en la última semana de junio, según el Portal de Datos de la Ciudad de México.

No se trata de señalar las zonas no céntricas como focos de peligro. Bastaría con prestar atención al incumplimiento de varios locales de los 1,800 supervisados durante la reapertura escalonada del Centro Histórico.

No olvidemos que, tal como lo refirió la Jefa de Gobierno, Claudia Sheinbaum, el Centro puede recibir hasta 1 millón de personas en un día, cifra que implica estrategias de gran magnitud y precisión las cuales incluyen la responsabilidad ciudadana autoasumida.

No dejemos de advertir que la información con los nombres de bancos y empresas, y bancos como BBVA , Santander o empresas como Martí o la Farmacia París, ayuda, tal y como contundentemente lo dio a conocer la secretaria de Gobierno, Rosa Icela Rodríguez, al precisar quiénes son responsables, al mismo tiempo que el gobierno reconoció a quienes cuidan la salud de empleados y clientelas, lo cual acredita la utilidad de reconocimiento de mérito.

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“La prioridad es la vida y la salud de las personas”, dijo Rodríguez, por encima de la economía “que es tan importante”.

El Centro Histórico se había desbordado y el comité de monitoreo revisó el esquema de operación y, en consenso con los comerciantes, decidieron el cierre para reabrir a partir del lunes “con mucho mayor seguridad” detalló Sheinbaum. “No es que estemos como gobierno con sus inspectores todo el tiempo”, sino que los ciudadanos se hagan corresponsables de las cautelas obligadas y se supervisen mutuamente, añadió.

Lo esencial de la reflexión es el lugar que ocupamos como miembros de nuestra comunidad. Si bien, no es gratuita la desesperación frente al confinamiento y la mengua económica, la reintegración va más allá del seguimiento de normas: a nivel nacional e internacional, la responsabilidad es un asunto de salud pública que involucra la vida de miles de personas.

Pocas veces en la historia reciente, los actos colectivos y los sacrificios individuales están tan relacionados con la protección de los más vulnerables. En el fondo es también un asunto de empatía, en el cual todos podemos participar.

No olvidemos que, en este punto exacto, la escala nos coloca más cerca del color rojo que del verde. El peligro no ha sido superado, pero con una voluntad a favor de todos, con comprensión y conciencia preventiva, la reapertura de establecimientos será exitosa.

Pese a que es evidente la necesidad de equilibrar la crisis sanitaria con la recuperación financiera, es importante señalar que no todos podemos salir a la calle. La tarea no está sólo en manos de las autoridades de primer nivel, sino de cada integrante de la sociedad.

Si todos somos solidarios y tomamos como punto de partida la empatía, en un escenario que va más allá de nuestros límites geográficos, encontraremos la esperanza necesaria para revertir la pandemia. Nuestra mirada debe estar puesta en la solidaridad, el compromiso, la ayuda y la responsabilidad.

*Salvador Guerrero Chiprés (@guerrerochipres) es Presidente del Consejo Ciudadano para la Seguridad y Justicia de la Ciudad de México.

Los textos de nuestra sección de opinión son responsabilidad del autor y no necesariamente representan el punto de vista de Desde la fe.

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