Opinión

¿Por qué falta tanto para la Navidad?

El otro día, mi hija la más pequeña me preguntaba por qué faltaban tantos días para Navidad. Estaba enojada conmigo, pues decía que yo debía hacer algo para que los días se pasaran muy rápido y llegara ya la Navidad. Además de hacerme reír, pues obviamente no soy dueña del tiempo, tampoco tengo poderes mágicos para acortar los días.

Días después, otra de mis hijas me decía que se notaba que ya estaba más cerca la Navidad, pues cada vez se veían más casas decoradas con muchas luces iluminando la colonia, pero que ojalá las personas realmente supieran el significado de esa decoración, y sobre todo, se preocuparan más por decorar el interior de sus corazones, que el exterior de sus casas.

Tanto mi hija de 5 años, con su edad llena de inocencia, llena de impaciencia y el entusiasmo y alegría que inunda su corazón por esta celebración, como la mayor de 14, me hicieron pensar y reflexionar en lo importante que es el tiempo del Adviento, tiempo de espera y preparación para la Navidad.

Con el Adviento inicia un nuevo ciclo litúrgico,  y este tiempo nos ofrece cuatro semanas para preparar el gran acontecimiento del Nacimiento de Nuestro Señor Jesucristo en Belén.

¿Cuántos Advientos vividos a lo largo de nuestra vida, y de éstos, realmente nos hemos puesto a pensar o reflexionar en el sentido profundo que éste tiene?

Tal vez al pasar de los años la inocencia y alegría que embargaban nuestro corazón de estas fechas se fue transformando por tristeza, desilusión o desesperanza por las diversas adversidades que la vida presenta.

Es por esto que hoy quiero invitarlos a descubrir o redescubrir este valioso tiempo de espera, en el cual Dios nos invita a mirar dentro de nuestros corazones y llenarnos de esperanza y confianza en Él, pues su promesa de salvación y cercanía con nosotros es eterna.

Recordemos ese primer Adviento donde María, una joven muchacha desposada con José recibe el anuncio del Ángel para informarle que será la Madre del Salvador; no hubo una larga conversación sólo la confianza de una joven en las promesas de Dios, a pesar de las implicaciones que tendría en su vida.

Pensemos también en José, hombre trabajador, firme en su fe, fiel a los mandamientos y a la ley, y con un gran amor por María, que se enfrenta a un cambio radical en su plan de vida al enterarse que María su prometida está esperando al Mesías.

Recordemos también al pueblo de Israel que vivía bajo la opresión del Imperio Romano y que anhelaba al Mesías prometido desde los profetas.

Eran tiempos difíciles como pueden serlos también hoy para nosotros; por esto quiero invitarlos, siguiendo el ejemplo de María y José, a aprovechar este tiempo del  Adviento, y darnos la gran oportunidad para  mirar dentro de nosotros mismos, reflexionar con calma y  descubrir aquellas oscuridades, tristezas, dificultades, desilusiones y desesperanzas que se alojan en nuestro corazón, todo aquello  que  necesita ser transformado, renovado, iluminado, y sobre todo, rescatado y salvado por ese mismo niño Jesús que nació en Belén.

La Virgen María y San José nos mostraron el camino en ese primer Adviento, donde a pesar de la adversidad y la incertidumbre, mantuvieron su confianza y esperanza en Dios por medio de la oración, el silencio y un corazón abierto completamente a Él.

Deseo que este Adviento pueda ser el tiempo propicio para hacer un alto al ruido, a la prisa, a la decoración sin sentido, y se convierta en el espacio perfecto para escuchar, en el silencio y en la oración, los más grandes anhelos de nuestro corazón, y presentárselos a Aquél que ansía salvarnos de todo aquello que nos roba la esperanza y la alegría, y vivamos así una Navidad desde lo más profundo de nuestro corazón.

Si Dios quiso encarnarse para poder estar cerca de nosotros y salvarnos, es porque nos ama y porque sabe el gran valor que tiene cada una de nuestras vidas; así que vivamos con alegría y agradecimiento el tiempo que se nos ha dado.

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