Opinión

Perdón y comunidad: el camino de la reinserción

Donde hay una persona que se ha equivocado, allí se hace presente con más fuerza la misericordia, para suscitar arrepentimiento, perdón, reconciliación, paz. Así lo expresó en 2016, año de la misericordia, el Papa Francisco, en su discurso con motivo del Jubileo de los Presos, una población altamente marginada por algunos y que necesita de figuras ejemplares para ser escuchados y reintegrarse en la sociedad, incluso en esta pandemia por COVID-19.

Por una cuestión cultural, solemos creer que las personas que están presas merecen ser castigadas parta siempre, material, presencial y socialmente. Nos olvidamos de que el verdadero objetivo de la privación de la libertad, después de un proceso de justicia, es el de la reinserción, del aprendizaje y de la reivindicación de la historia de vida que los llevó a dañar a la sociedad. Al menos en la mayoría de los casos.


Hacemos de lado que su humanidad no se desintegra al desparecer sus derechos como ciudadanos al hallarse en prisión. Como nosotros, los que no somos “personas privadas de la libertad” -PPL´s son llamados en algunos ámbitos- que necesitan acompañamiento para fortalecer su salud mental así como apoyo jurídico. Pocas figuras, como lo era el padre José Luis Téllez, quien falleció en junio a causa del COVID-19, lo entendían. Su recuerdo y sus enseñanzas a favor de los derechos humanos de las personas en prisión permanecen.

El padre Téllez, como lo conocía la comunidad eclesiástica, mostraba diariamente ejemplos de fortaleza y amor al prójimo. Tenía la entereza de visitar a los internos con el objetivo de acercarles consuelo, paz interior y para escuchar sus necesidades. Su labor no se detenía en sus obligaciones como párroco. Se acercaba con las autoridades de los Centros de Reinserción capitalinos, a cargo del Subsecretario del Sistema Penitenciario, Hazael Ruiz, para revisar los casos de quienes habían ya pagado su deuda a la sociedad o quienes podían conseguir beneficios preliberacionales por su buena conducta y servicio.

Recientemente, en el Día de Muertos, algunos internos impresionaron con las ofrendas que realizaron en homenaje a los fallecidos por COVID-19, como lo fue el padre Téllez.

En el caso de adolescentes, por ejemplo, dos de ellos, desde su reclusión, mostraron su talento al participar en el Concurso “El PODER de la palabra para la paz” que organizamos en el Consejo Ciudadano para la Seguridad y Justicia de la CDMX. Ambos con rimas en favor del reconocimiento, de los derechos humanos y de la inclusión.

También nuestro equipo de psicología ha acudido a brindar información sobre salud mental y prevención de las adicciones. Nos acercamos, además, con aliados como la Asociación Civil Reinserta, presidida por Saskia Niño de Rivera, para contribuir a generar estrategias a favor de esta población.

Pensemos por un momento en las casi 27 mil personas en la Ciudad de México que permanecen en un confinamiento más extenso que el que hemos tenido por COVID-19, lejos de su familia y con la suspensión de sus derechos políticos, debido a la sentencia que pagan.

La pandemia nos da la oportunidad de tener esa reflexión, empatía y comprensión por lo que alguien puede vivir en un confinamiento constante. Nos ayuda también a voltear a ver historias como la de José Luis Téllez, que nos dejó un ejemplo de solidaridad con quienes son el “absoluto otro”, sentenciados o no.

*Salvador Guerrero Chiprés (@guerrerochipres) es Presidente del Consejo Ciudadano para la Seguridad y Justicia de la Ciudad de México.

Los textos de nuestra sección de opinión son responsabilidad del autor y no necesariamente representan el punto de vista de Desde la fe.

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