No nos quedemos con un concepto pobre y pequeño de la paz

¿Qué es la auténtica paz? Ciertamente si se establece una rendición absurda o un sometimiento alevoso, ahí no hay paz…
Angelus Dominical.
Angelus Dominical.

SIEMPRE PODREMOS hacer algo más por la paz; de entrada digamos que su abundancia ni estorba ni fastidia, que de la paz depende todo auténtico progreso y bienestar, y sin la paz todo lo demás se pone en riesgo…

EL PAPA FRANCISCO en días pasados nos invitó a una jornada especial por la paz: los acontecimientos entre Rusia y Ucrania no se quedan sólo como una cuestión local, más bien se tambalea la geopolítica mundial cuando se ponen en juego intereses internacionales…

RECORDEMOS QUE todos los rumbos del mundo se ven siempre amenazados por conflictos que hunden sus raíces en multiplicidad de factores económicos, estratégicos, culturales, étnicos, raciales, ideológicos y hasta religiosos…


NO NOS QUEDEMOS con un concepto pequeño y pobre respecto a la paz, haciéndola depender del concepto de guerra o de la discordia, es decir, la paz no cumpliría su verdadero objetivo cuando el más fuerte impone sus reglas, o cuando las armas infunden miedo, o cuando maniobras económicas o financieras condicionan la estabilidad, o cuando se impone una ideología aún a costa de leyes puestas a modo; si la paz se quedara en mero respeto por el derecho ajeno, todavía se queda en poca-paz…

LA PAZ AUTÉNTICA se da entre las diversas partes cuando el orden e ideales van de la mano de la justicia, cuando quienes siendo diferentes son capaces de dialogar buscando el bien común, cuando los que no son iguales se disponen a respetar los valores universales y los beneficios ajenos, cuando el que más tiene o más puede es capaz de colaborar al crecimiento del más necesitado…

SI ALGUIEN GRITA para que el otro se calle y tenga miedo, ahí no hay paz; si alguien se encierra y se aísla para evitar el riesgo del trato humano, ahí no hay paz; si alguien condiciona ventajosamente o establece acuerdos injustos, ahí no hay paz; si se negocia hipócrita o falazmente, ahí no hay paz; si se establece una rendición absurda o un sometimiento alevoso, ahí no hay paz…

LA CONSTRUCCIÓN DE LA PAZ inicia desde casa con el respeto a los padres y la colaboración entre hermanos, el fomento de la paz comienza desde el orden y disciplina que observo por bien propio y ajeno, por bien particular y común; la paz nace -¡bella!- en el juego honesto y compartido, en la competencia leal y respetuosa, en la valoración de la dignidad ajena, en el deporte que rechaza agresión o belicismo…

ALLÁ EN EL MONTE –hoy llamado de las “bienaventuranzas”, Jesús proclamó dichosos a los que trabajan por la paz (Mt 5, 9) porque se les llamará “hijos de Dios”: ¡gran título para quienes buscan la concordia y la fraternidad, para quienes saben que nunca habrá conflicto pequeño y por eso buscan la paz duradera!…

QUE NADIE -¡POR FAVOR!– se conforme con una paz de cartón dejando a un lado la justicia; que nadie diga que hay paz cuando minimiza y desprecia un conflicto; que nadie se cruce de manos hasta que cada corazón experimente el respeto y la libertad, amasada con el orden y la unión, pues ahí sí que podrá nacer la auténtica paz que proviene de Dios… (1-2-3)

TRES DÍAS interrumpí lo que venía escribiendo porque cayeron en avalancha sucesos que, pareciendo quitarme la paz, más bien la aumentaron y consolidaron; retomo mi columna haciendo cuentas de toda la semana y agradeciendo desde aquí a personas muy precisas que me dieron paz:

A JAVIER que me compartió la noticia de la siguiente etapa del semanario DESDE LA FE que pronto lo tendremos impreso en mano, a MARÍA TERESA y RODOLFO que están asumiendo la muerte y enfermedad puestos en las manos de Dios, a RAMÓN y ANA MARÍA –junto con su hijo LUIS – que por el sencillo hecho de escucharlos animados convalecen de la variante “ómicron” también aumentaron mi paz, ver unidas y cercanas en la enfermedad.

A SOCO, BLANCA Y DULCE MARÍA, igualmente me consolidó en la paz que necesito, en otro orden –y siempre en aceptación y tranquilidad- OLGA se dispone a una cirugía especial y su testimonio me infunde paz, y al recibir la cálida y cordial visita de LUIS Y NANCY -en previsión del bautismo de su hija SOFÍA DANIELA- me volví a llenar de paz y gusto por el simple hecho de ver cómo la vida sigue adelante, y cuando el p. ENRIQUE me recibió en visita no pude sino renovarme con la paz que viene de un corazón generoso en su ministerio.

Y cuando MARIO Y LOLITA aceptaron mi apoyo en su convalecencia pues volví a quedar en paz, y la lista podría seguir con BALTAZAR, LEONARDO, PETRA, ABRAHAM, JOSEFA, ROBERTO, ISABEL, y tantos más que con sus cuitas y sus ideales, con sus pesares y promesas, desde su indigencia o desde su abundancia, con su servicio y alegría, siguen alentando la paz que necesito…

 

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El padre Eduardo Lozano es sacerdote de la Arquidiócesis Primada de México.

 

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