Opinión

Monseñor Luis María Martínez, Padre y Pastor

En un periodo de grandes cambios, inestabilidad política y transformación social para México, la Iglesia cuenta con un referente valeroso en el ministerio de monseñor Luis María Martínez, con experiencia mística de fe, templado patriotismo y amor inmensurable por su ministerio, que se reflejó en el cultivo y cuidado de las vocaciones sacerdotales, a través su testimonio y dedicada entrega en la formación sacerdotal.

Monseñor Martínez nació en Tlalpujahua, Michoacán, en 1881, y murió el 9 de febrero de 1956. Fue miembro de la Academia Mexicana de la Lengua, Prefecto, Vicerrector y Rector del Seminario de Morelia, administrador apostólico del obispado de Chilapa y obispo auxiliar de Morelia.

Fue Arzobispo de nuestra querida Arquidiócesis de México de 1937 a 1956, convirtiéndose en el trigésimo segundo sucesor de Fray Juan de Zumárraga y custodio de la tilma donde se encuentra nuestra Madre, la Virgen Santa María de Guadalupe.

En torno a don Luis María Martínez circundan un cúmulo de testimonios que lo refieren como un hombre con gran sentido del humor, que cultivaba una sincera y amorosa paternidad con los fieles y su presbiterio, a quienes exhortaba constantemente a una generosa e incansable entrega.

En un mensaje a los seminaristas de Morelia, advirtió: “en medio de la tormenta, se escucha terrible y magnífica la voz de Dios, la voz de la justicia y la voz del amor, la voz que nos llama para que, despojados de las cosas de la tierra, y de nosotros mismos, busquemos cosas más altas y pensemos en Aquél que se hizo por nosotros pobre y estuvo por nosotros desnudo, y fue odiado y perseguido, y descendió por amor nuestro a las últimas profundidades del dolor humano”.

La envolvente y armoniosa producción de la pluma de don Luis María Martínez construyó un camino a través del cual pudieron encontrarse el consuelo profundo de un pastor rendido a los pies de Dios y la sed azarosa de sus fieles, que no encuentran consuelo en las cosas, ni en los criterios del mundo. Es un hermoso camino en el que sus “hijos” tienen la garantía de encontrar un manantial donde se bebe agua fresca, con la inigualable y reconfortante esencia de nuestro Señor Jesucristo.

Al profundizar en su obra es casi imposible encontrar algún fragmento autorreferencial; en cambio, queda al descubierto su gran y única pasión: Dios Uno y Trino; así como la distinguida esposa del Cordero, nuestra santa Madre la Iglesia.

Por ello, su enseñanza de padre y pastor, sintoniza inmediatamente a las almas con la caricia misericordiosa de Dios: “El consuelo es la alegría que envuelve al dolor, es la alegría que brota de las entrañas mismas del dolor; por eso el Espíritu Santo se llama ‘el Paráclito el Consolador’, porque derrama en las almas esa alegría del destierro, esa alegría que no es incompatible con el dolor, antes bien en cierta manera lo supone” (Obra el Espíritu Santo).

Entre los dirigidos espirituales de monseñor Luis María Martínez se encuentra San Rafael Guízar y Valencia, la recientemente beatificada Concepción Cabrera de Armida y la Sierva de Dios Angélica Álvarez de Icaza.

Dice el Evangelio que “nadie enciende una lámpara para esconderla, o para ponerla debajo de un cajón. Todo lo contrario: se pone en un lugar alto, para que alumbre a todos los que entran en la casa. (Lc 11,33)”; por ello, en 1985 se inició su causa en la fase diocesana, culminada en 1994, con lo cual, fue reconocido como Siervo de Dios.

Actualmente la causa se encuentra en fase romana, por lo tanto, es importante conocer más sobre su vida y obra, y orar profundamente para que sus virtudes de santidad logren reconocerse y sea beatificado. También puedes colaborar directamente para impulsar y difundir esta causa si has recibido algún favor del siervo de Dios don Luis María Martínez contactándonos a través de: [email protected]

*El autor es vicepostulador de la Causa de don Luis María Martínez.

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