Opinión

Migrantes: conocerlos para comprenderlos

Cuando la Comisión de la Pastoral de Migrantes se estableció en la Arquidiócesis Primada de México, una de las tareas fue darla a conocer a los presbíteros, grupos parroquiales y fieles en general.

La primera pregunta que nos hacían era: “¿Quiénes son los migrantes?”


Les explicábamos los tipos de migrantes que podían llegar en sus parroquias: de tránsito o de paso, deportados, y la diferencia entre inmigrantes y emigrantes.

La mayoría tenía miedo y desconfianza por lo que veían en las noticias sobre los MS13, los Mara 18, los Chirizos, entre otras pandillas.

Sin embargo, les hacíamos ver la otra cara de la moneda: las personas migrantes son víctimas de un sistema económico que los deja aún más pobres, vulnerables y desplazados.

Los migrantes que recibimos en la Comisión, o los que hemos visitado en estaciones migratorias, son personas que luchan por vivir, como lo hacemos nosotros.

Migrantes

Llamarlos por su nombre

Nos hemos acercado a ellas y a ellos, llamándoles por su nombre, y no por su gentilicio. ¿Qué sentirías si te dicen: “¡Hey, tú, mexicano, ven por acá!”

Si bien es muy común ponerle un apodo, según el país de su origen, incluso, parece algo normal, siendo uno migrante,  se siente doblemente extranjero por ser diferente o tal vez raro, en sentido negativo. Pero si tratamos a una persona migrante llamándole por su nombre, uno se siente “bienvenida”, logra percibir el “calor de una familia”.

Recuerdo a una familia de Albania que apenas podía hablar el español. Tratamos de aprender sus nombres y así empezamos a tenernos confianza.

Nos compartían sus historias, sus tradiciones y un día hasta nos invitaron una comida preparada por ellos. Al final, vimos las similitudes en los gustos en la comida, la convivencia familiar y la misma tristeza de dejar el país natal por razones no tan agradables.

Con motivo de la Jornada Mundial del Migrante y del Refugiado, que celebraremos el 27 de septiembre, invitamos a los jóvenes y a las personas de buena voluntad  a “conocer” a una persona migrante, ya sea de otro estado o de otro país, y que compartan sus historias. Así, uno “comprenderá” que el otro, aunque es diferente, también es el “prójimo”.

*La hermana Arlina Barral es la responsable de la Pastoral de Migrantes de la Arquidiócesis de México.

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