Opinión

La violencia familiar es pecado y no es justificable

Últimamente hemos visto diversas noticias que advierten del incremento de denuncias de violencia familiar en los hogares, derivada de la cuarentena que estamos viviendo a nivel mundial. Los números reales serán imposibles de conocer, pues se sabe sólo sobre los casos denunciados, pero seguramente hay muchos otros en los hogares, lo cual nos lleva a compartir la siguiente reflexión.

La violencia familiar es un fenómeno que lamentablemente siempre ha acompañado a la humanidad; forma parte de la mancha del pecado en el ser humano. Lo primero que tenemos que entender los católicos es eso: que se trata de un pecado con el que desobedecemos a Dios; no lo podemos ver como algo natural o aceptable.

Nuestro Señor nos dijo que debemos perdonar hasta setenta veces siete, pero, eso no implica que la situación siga irremediablemente igual en la familia, incluso, con riesgo alguno de los integrantes pierda la vida; el perdón siempre debe estar acompañado de la recta intención de mejorar, de no repetir el error, y para ello es necesario actuar, evitar las ocasiones que nos han llevado a cometer los errores.

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Para actuar ante una situación de violencia familiar, en la cual se tiene el deseo de todas las partes de mejorar y rescatar a la familia, es necesario que cada uno de los involucrados reconozca en primer lugar que lo que está pasando está mal, no es natural ni normal.

La víctima no debe justificar al victimario y el generador de violencia; tampoco debe justificarse, es más importante encontrar el origen de la conducta violenta, que pueden ser uno o la combinación de varios factores: educación machista en la que se justifica que el hombre resuelva a golpes lo que crea conveniente, adicciones como alcohol y drogas, estrés psicológico, trauma infantil, individualismo egoísta que no nos permite compartir en familia tiempo queriendo imponer gustos y agenda (vivimos en la misma casa, pero no nos conocemos), y la lista puede seguir.

Sea cual sea la razón, repetimos: la violencia familiar es pecado, no es justificable, no es normal. Será necesario que después de aceptar esta anomalía en la familia, se hagan compromisos entre las partes involucradas si se quiere salir de esa conducta, tiene que haber consecuencias si se repiten las conductas violentas, sólo así el generador de violencia entenderá que no puede seguir igual.

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Algunos especialistas sugieren poner por escrito los compromisos y las consecuencias en caso de incumplimiento, con el acuerdo de la familia involucrada en el problema; puede ser que requieran la intervención de profesionales para el tratamiento de algún trauma o adicción.

Por último, es importante acercarnos a Dios en familia; en ocasiones puede ser un paso difícil, pues estamos acostumbrados que a Dios se le habla los domingos en la Iglesia, y llevarlo verdaderamente a nuestras casas nos puede generar miedos de críticas, de los amigos, de los propios hijos que no estén acostumbrados a rezar en familia en el hogar, pero cuando un hombre no deja sólo a la mujer la tarea de guiar la oración familiar, la transformación familiar puede ser enorme y fructífera.

Y recordemos que la formación de nuestros hijos está en nuestras manos, no les hagamos violencia ni les enseñemos jamás que la violencia puede ser un método de solución de problemas.

*Jesus Valdez de los Santos es Coordinador de la Comisión de Vida de la Arquidiócesis Primada de México

 

Los textos de nuestra sección de opinión son responsabilidad del autor y no necesariamente representan el punto de vista de Desde la fe.

 

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