Opinión

La violencia a la mujer

El abuso a la mujer no es un tema nuevo, y aunque se ha agudizado o aflorado en las familias a causa del confinamiento al que éstas se han sometido por la pandemia, es una realidad que hemos vivido durante generaciones y generaciones en nuestra sociedad, y del que muchas hemos sido víctimas en alguna de sus diferentes manifestaciones o facetas: violencia doméstica, violencia laboral, violencia en la escuela, violencia psicológica, violencia sexual, violencia verbal…

Quienes piensan que la violencia a la mujer es solo una estrategia creada por las feministas radicales, están en un gran error; su gran éxito ha sido gritar a los cuatro vientos una verdad que indigna y enfurece por su crudeza, denunciando lo que otras mujeres no se atrevieron. La voz de las feministas se ha convertido en la voz y la guía de muchas otras que tienen miedo o han sido acalladas por diferentes motivos.

Ellas deforman la realidad y la usan como bandera para empoderarse, desnaturalizando la feminidad, sembrando el desprecio y odio al sexo opuesto e imponiendo como “solución” la ideología de género, para paradójicamente terminar justificando la más grande violencia y abuso al que se puede someter a una mujer: el aborto, y a su hijo indefenso cuya vida depende de la madre.


Ante el avance del movimiento feminista los cristianos y en especial las mujeres, debiéramos tener una actitud más allá de la reacción y la denuncia de sus perversos fines, que logre la empatía y el contacto con quienes sufren violencia en cualquiera de sus manifestaciones, brindando soluciones reales a problemas reales.

Sabemos que hay muchos esfuerzos en algunas diócesis, órdenes religiosas y asociaciones civiles, sin embargo es necesario convertirnos en una voz que suene fuerte, que denuncie, que proponga, seduzca, convenza y represente a las mujeres para combatir la violencia y la lucha por el reconocimiento y respeto a la mujer desde la perspectiva de la dignidad de la persona.

En su mensaje del mes de febrero de la Red Mundial de Oración, el Papa Francisco pone como intención orar por las mujeres que han sido víctimas de violencia, y nos dice que “los testimonios de las víctimas que se atreven a romper su silencio son un grito de socorro que no podemos ignorar”.

Éste es un llamado para orar y trabajar por quien ha vivido la violencia en sus diferentes manifestaciones, desde las más sutiles que nos han hecho percibirnos como “el sexo débil”, hasta las más brutales que se dan en el seno de la familia, o en la cosificación y explotación de las mujeres.

“Las mujeres son fuente de vida. Sin embargo son continuamente ofendidas, golpeadas, violadas, inducidas a prostituirse y a eliminar la vida que llevan en el vientre. Toda violencia infligida a la mujer es una profanación de Dios, nacido de una mujer. La salvación para la humanidad vino de cuerpo de una mujer: de como tratamos el cuerpo de la mujer comprendemos nuestro nivel de humanidad”. (Papa Francisco).

De igual manera Francisco promueve la participación activa y fecunda de la mujer en la Iglesia y en la sociedad. “La mujer es donante y mediadora de paz y debe ser completamente involucrada en los procesos de toma de decisiones. Porque cuando las mujeres pueden transmitir sus dones, el mundo se encuentra más unido y más en paz. Por lo tanto, una conquista para la mujer es una conquista para toda la humanidad”.

“No podemos mirar para otro lado. Recemos por las mujeres que son víctimas de la violencia, para que sean protegidas por la sociedad y para que su sufrimiento sea considerado y sea escuchado por todos” (Mensaje de febrero del Papa Francisco en la Red Mundial de Oración).

Consuelo Mendoza García es ex presidenta de la Unión Nacional de Padres de Familia  y presidenta de Alianza Iberoamericana de la Familia.

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