Opinión

La invasión, ¿por qué leer esta novela?

Después de leer La invasión, de Ignacio Solares (Ed. 2017), le quedan a uno sentimientos de desasosiego, frustración, desilusión, vergüenza y coraje, la verdad.

No obstante la novela histórica es fantástica, te mete en la trama personal y de los acontecimientos cotidianos ocurridos en torno a los años de 1848 especialmente en la Ciudad de México, y con elevada crudeza. Compartidos desde la vida un tanto desahogada de Abelardo un mexicano citadino y acomodado, por una parte; y por otra, desde el quehacer de un comprometido médico, el doctor Uruchúa, quienes comparten lo que viven y hacen en torno a la invasión norteamericana, y todos los desgarradores sucesos, vivencias, impotencias, padecimientos y participaciones.

La narración va paralela a una historia romántica, dual, triple para ser más precisos, y sin duda extraña, con un final redaccional extraordinariamente bello.


Una óptica eclesial desde Abelardo, bastante dual, de admiración al compromiso social y bélico, y al mismo tiempo de rechazó al pietismo. Un heroísmo o patriotismo mexicano que deja muchísimo qué desear, por no hablar de estrategia militar, fraternidad o si quiera compañerismo mexicano, ausente totalmente, y más bien, lleno de huidas, repliegues y traiciones.

Hay una triple narrativa, tomando en cuenta el epígrafe que está al comienzo de cada capítulo, sumamente interesante, como marcador o pauta del sentir de la nación.

El padre Jarauta, jesuita, merecería consideración aparte, tratado más como caudillo que como sacerdote.

En fin, una muy bella e interesantísima novela histórica, que te desinstala, te remueve fuertemente, te acerca, a algo de lo mucho que no nos dicen de esta guerra, y de la pérdida, de la mitad de la nación mexicana; y te deja ciertamente con más encendidas inquietudes y preguntas, que con tranquilas y diáfanas respuestas.

 

Mons. Alfonso Miranda Guardiola es Obispo Auxiliar de la Arquidiócesis de Monterrey.

 

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