Opinión

La herida que nos dejó Argentina

Ya cerrábamos el 2020, listos para dejar atrás el caótico año que vino a desordenar nuestras rutinas, a meternos en aprietos económicos y que se llevó a algunos seres amados. Cuando creíamos que nada podía empeorar, a unos días de terminar el año, en Argentina se legaliza el aborto, dejando gran incertidumbre en el porvenir de nuestros países.

En México, este semestre será periodo de elecciones y para todos los que estamos comprometidos con la causa Provida, la noticia de lo sucedido en Argentina vino a plantearnos un nuevo panorama con una lucha mucho más peligrosa.

Sin embargo, me atrevo a aconsejar que antes de empezar a mapear políticamente todo lo que sucederá en este semestre, que por supuesto hay que hacerlo, primero hay que sanar ese golpe bajo que recibimos en diciembre y que nos dejó destanteados.


He escuchado muchos comentarios desoladores, como si este fuera un efecto dominó que traerá el aborto al resto de América Latina en menos de lo que pensamos. A mi parecer, por el contrario, pienso que esto sólo vino a fortalecer el movimiento Provida. Cierto, perdimos una batalla, sin embargo, es de los golpes duros, de las caídas, como más aprendemos en la vida.

Este fue un golpe que, como balde de agua fría, vino a despertarnos, nos puso en estado de alerta, pero que si nos paraliza, entonces si vendrá otra serie de batallas perdidas de las cuales nos será muy difícil recuperarnos.

Para todos los creyentes es imperante recordar que la guerra está ganada y es Cristo quien triunfa. Nuestros esfuerzos se suman como piezas de rompecabezas que el Señor va armando. Sus caminos no son nuestros caminos y hay muchas cosas que no entenderemos por las formas y los tiempos.

Entonces, ¿esto significa que dejemos de actuar? ¿qué dejemos de preocuparnos? Nunca. Significa que tenemos un espacio en donde descansar cuando la cosa se ponga fea, significa que nuestros brazos y piernas, nuestra voz y estrategias son extensiones del trabajo que Dios realiza todo los días en favor de los suyos.

Es momento de sanar esta herida que recibimos, entregarla al Señor y seguir adelante. No abandones esta causa como si fuera una guerra perdida, al contrario, con hambre voraz actúa en favor de la defensa de la dignidad humana, actúa con la certeza de que al final hay un triunfo asegurado.

Y ahora sí, ¿cómo nos organizamos?

*Alison González es vocera de la organización Pasos por la Vida.

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