Opinión

La donación cristiana es en plural (Parte II)

En estos tiempos en que la familia es tan atacada, es notable como Juan Pablo II, desde que era muy joven, se dedicó a luchar por la familia, y más tarde, ya como Papa, no cesó de decirnos “Familia, sé lo que eres”, queriendo decir que en la familia el amor es lo esencial y debe cuidarlo y comunicarlo con  ejemplo y congruencia de vida, y que debemos, si es necesario, luchar contracorriente para defenderla.

En estas catequesis, Juan Pablo II nos da argumentos para defender los valores del Matrimonio, el don maravilloso de la sexualidad como don para la unidad de los esposos, la fecundidad y la necesidad del sacramento para recibir las gracias necesarias para sacar adelante el proyecto de Dios.

Un reto es el mantener el compromiso con el amor y la entrega, no dejarse llevar por la cultura de lo provisorio. El Papa Francisco nos dice: “Hemos de rescatar la importancia de los dos fines del Matrimonio: el unitivo, que busca crecer en el amor y en la ayuda mutua, y el procreativo, que pretende que el amor sea fecundo, generador de vida. Asimismo, resulta vital el que se entienda que el formar un Matrimonio sólido y una familia armoniosa es posible y atractivo; debemos dejar de hacer parecer que se debe aspirar a un ideal inalcanzable. El Matrimonio es una realidad humana, una vocación común, que cada uno construye de acuerdo a su modo de vivir (guiado por su conciencia) y a su proyecto de vida: es un camino dinámico de desarrollo y realización, no un peso a soportar toda la vida” (Amoris Laetitia 37, Capítulo 2).

El debilitamiento del Matrimonio ha traído consecuencias sobre las familias, perjudicando así a la sociedad. Hay mayor inmadurez de las personas, menos valores comunitarios y éticos. Actualmente, se prefiere ignorar el hecho de que sólo la unión exclusiva e indisoluble entre un varón y una mujer cumple una función social plena, por ser un compromiso estable y por hacer posible la fecundidad.

Conceptos muy difíciles de explicar a las nuevas generaciones a las que se les tienen que dar argumentos sólidos pero adecuados a su forma de pensar de acuerdo a la época que están viviendo, frente a la búsqueda del placer que niega el amor verdadero, sin conocer la auténtica alegría y el significado de la vida humana y de la familia.

Por tanto, nos encontramos con los más comunes problemas actuales como son el oscurecimiento de la conciencia; la diferencia entre el bien y el mal no se tiene clara, el fenómeno del relativismo que se sabe poco de mucho, hay falta de pensamiento crítico enorme, medios de comunicación social que provocan una sociedad de la información NO FORMACION, demasiada información que no se sabe donde acomodar, entender para que sirven las cosas, discriminar, discernir; no hay tiempo de pensar.

El problema de hoy es que la gente no se casa y se meten a un estado de vida en el que no entienden y no valoran en toda su grandeza el Sacramento del Matrimonio. Perdiendo desgraciadamente las gracias que les da el Sacramento, sin entender que el matrimonio es cosa de tres, no de dos, por que la comunión en el matrimonio es la representación de la comunión de la Trinidad.

El Concilio Vaticano II, en la Constitución pastoral Gaudium et spes, se encargó de reconocer la dignidad del matrimonio y la familia. Definió al matrimonio como comunidad de vida y de amor, poniendo como centro de la familia al amor. Expresa que el verdadero amor entre el esposo y la esposa implica entrega mutua, incluye e integra la dimensión sexual y la afectividad, el cuerpo y el alma.

Cristo sale al encuentro de los esposos en el sacramento del Matrimonio y permanece con ellos. Él purifica el amor humano y lo lleva a plenitud, impregnando de fe, esperanza y caridad toda su vida en común. “De este modo, los esposos son consagrados y, mediante una gracia propia, edifican el Cuerpo de Cristo y constituyen una iglesia doméstica” (Cfr. Lumen gentium, 11).

La Encíclica Humanae Vitae subraya el vínculo íntimo que existe entre amor conyugal y procreación. Asimismo, expresa cómo el ejercicio responsable de la paternidad exige que los esposos reconozcan plenamente sus propios deberes para con Dios, para consigo mismos, para con la familia y la sociedad, en una justa jerarquía de valores (Cfr. 10).

San Juan Pablo II escribió mucho sobre el tema de la familia, en la Exhortación Apostólica Familiaris Consortio expresó como el matrimonio es la una vocación al amor y describió cómo los cónyuges, en su mutuo amor, son capaces de responder su llamada a la santidad.

“Benedicto XVI, en la Encíclica Deus Caritas Est, retomó el tema de la verdad del amor entre hombre y mujer, que se ilumina plenamente sólo a la luz del amor de Cristo crucificado”.

San Juan Pablo II une todo, en una palabra: EL AMOR ES DONACIÓN (DON). La donación cristiana es en plural, estamos hechos para amar y para ser amados.

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