Opinión

La donación cristiana es en plural (Parte I)

En las catequesis de Juan Pablo II sobre “El cuerpo y el matrimonio”, llamadas también “Teología del Cuerpo”; expone quien era el hombre en el principio, quien es ahora y quien será en el futuro. Aplican tanto al panorama del matrimonio como a la vida célibe.

Esta serie de catequesis de San Juan Pablo II puede ser “El más original de sus escritos y el que dejó más huella en el pensamiento humano” nos dice en el libro “Testigos de la Esperanza” su biógrafo Weigel, ya que tiene una visión de la sexualidad y de la dignidad de la persona completamente moderna.

Encontramos en ellas dos claves de lectura muy importantes:

La primera es el binomio cuerpo/significado esponsal del cuerpo. Este es el núcleo del lenguaje del amor o de la teología del cuerpo. Es una parte importante de las catequesis, es la base donde se construye todo lo demás.

La segunda es la expresión “Una sola carne”. Implicación que esta tiene para entender el amor humano y el amor a la vida. Vivir la comunión, la intimidad. Hay unión, pero no hay fusión.

Juan Pablo II para explicarnos cual era el plan de Dios al crearnos y la finalidad de la sexualidad, se refiere a la respuesta de Cristo a los fariseos con la frase “Desde el principio”, refiriendose a la creación del hombre “a imagen y semejanza de Dios”, con su inocencia original. “La acción creadora de Dios se desarrolla según un proyecto preciso. Ante todo, se dice que el ser humano es creado « a imagen y semejanza de Dios » (cf. Gn 1, 26), expresión que aclara en seguida “el carácter peculiar del ser humano en el conjunto de la obra de la creación”. (Carta a las mujeres IV Conferencia Mundial sobre la mujer Beijin, 29 junio de 1995).

Se dice además que el ser humano, desde el principio, es creado como «varón y mujer» (Gn 1, 27). “Dios interviene para hacerlo salir de tal situación de soledad” « No es bueno que el hombre esté solo. Voy a hacerle una ayuda adecuada» (Gn 2, 18). “En la creación de la mujer está inscrito, pues, desde el inicio el principio de la ayuda: ayuda —mírese bien— no unilateral, sino recíproca. La mujer es el complemento del hombre, como el hombre es el complemento de la mujer: mujer y hombre son entre sí complementarios. La femineidad realiza lo « humano » tanto como la masculinidad, pero con una modulación diversa y complementaria”. (Carta a las mujeres IV Conferencia Mundial sobre la mijer Beijin, 29 junio de  1995).

Es por eso el sentido esponsal del cuerpo un tema importante en las catequesis, pues es la capacidad del hombre de expresar amor; ayuda, palabra que viene de “asistir”, “asistere” en latín es estar presente, a lado del otro. No usar al otro para salir de tu soledad o para ser feliz, Hay veces que usamos el amor humano para nuestra propia plenitud, pero estamos llamados a mucho mas que la unión; A LA COMUNIÓN, porque llego a mi plenitud y soy feliz.  Por eso: “Cuando el Génesis 2,18 habla de « ayuda », no se refiere solamente al ámbito del obrar, sino también al del ser Femineidad y masculinidad; son entre sí complementarias no sólo desde el punto de vista físico y psíquico, sino ontológico. Sólo gracias a la dualidad de lo « masculino » y de lo « femenino » lo « humano » se realiza plenamente”. (Carta a las mujeres IV Conferencia Mundial sobre la mijer Beijin, 29 junio de 1995). La vivencia de la vida espiritual, del sacrificio es lo que nos ayuda a una entrega total.

Al citar a Gen. 2, 24 “Por eso dejará el hombre a su padre y a su madre; y se unirá a su mujer; y vendrán a ser los dos una sola carne”, enuncia la indisolubilidad del matrimonio.

El hombre y la mujer se encuentran como Dios lo ha querido, orientados al “don sincero”, Al revelarnos al hombre y a la mujer en la realidad de su cuerpo y sexo; en la expresión “estaban desnudos” nos dá el significado esponsal del cuerpo; la aceptación por si mismos, como personas, sin experimentar vergüenza; “La revelación y el descubrimiento del significado esponsalicio del cuerpo explican la felicidad originaria del hombre”.

Juan Pablo II nos hace reflexionar en el aspecto de no ver a la otra persona como un objeto  utilitario: “El hombre es objetivamente “alguien” y en ello reside lo que le disingue de los otros seres del mundo visible, los cuales objetivamente, no son nunca nada más que “algo”. (Amor y Responsabilidad, Cardenal Karol Wojtyla) Por lo tanto, es necesario analizar si en una relación, la mujer esta siendo tratada como un objeto para satisfacer las necesidades del hombre o viceversa, usando a la persona como un medio, para lograr la satisfacción y el goce, atentando contra su propia esencia.

En esta época se vuelve muy riesgoso que la sexualidad también sea poseída por el espíritu venenoso del “usa y tira”. El cuerpo del otro es con frecuencia manipulado como una cosa que se prefiere mientras brinda satisfacción y se desprecia cuando pierde atractivo. Debemos por tanto reflexionar en cómo se está educando a los niños y jóvenes actualmente en esta sociedad utilitaria, pues: “Nadie tiene derecho a servirse de una persona, de usar de ella como un medio”. (Amor y Responsabilidad, Cardenal Karol Wojtyla).

Sin embargo, Dios nos dotó con la libertad y la inteligencia para que seamos nosotros quienes decidamos como actuar. El uso de la libertad es la que nos define, después del pecado original la concupiscencia nos ha producido un desorden y solo podemos salir de esa esclavitud del pecado, aprendiendo a controlar las pasiones. Estamos esclavizados a las pasiones, el que peca se hace esclavo del pecado, lo que nos libera es salir de esas pulsiones y hacer verdaderamente lo que quiero. Tenemos que poner las cosas en su sitio ver los medios como medios y los fines como fines.

“Bajo este aspecto, esa libertad es indispensable para que el hombre pueda “darse a sí mismo”, para que pueda convertirse en don, para que, refiriéndonos a las palabras del Concilio, pueda “encontrar su propia plenitud” a través de “un don sincero de sí”.

En Familiaris Consortio nos explica que la familia fue concebida por Dios para lograr la plena realización de los cónyuges, con el pecado este objetivo se dificulta por lo que para librarnos de sus efectos y volver “al principio” es necesaria la gracia de Dios mediante el conocimiento de Cristo. (No. 3).

La sexualidad implica una entrega total de los esposos, a cual debe darse en cuerpo y alma para que sea una verdadera entrega plena, lo anterior es indispensable para que los esposos cumplan con las exigencias de un amor responsable. (ibid.)

Para cumplir con el Plan de Dios la donación total sólo se da en el matrimonio, en el cual se manifiesta el amor de los esposos y el compromiso de fidelidad querido por Dios. (ibid).

San Juan Pablo II une todo, en una palabra: EL AMOR ES DONACIÓN (DON). La donación cristiana es en plural, estamos hechos para amar y para ser amados.

* Maribel Ordóñez es Directora de la Comisión Arquidiocesana de Pastoral Familiar.

Este texto pertenece a nuestra sección de Opinión, y no necesariamente representa el punto de vista de Desde la fe

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