No negociable

Ellos serán nuestros abogados en nuestro jucio final

En muchas ocasiones me han preguntado sobre qué es lo que me motiva a dar la defensa de la vida de manera formal y activa. ¿Por qué involucrarme en un tema tan delicado? ¿Por qué no mejor buscar una causa más conciliadora? ¿Por qué dedicar tanto tiempo a este tema?

La realidad es que tengo varias respuestas. Por un lado, y principalmente, es porque encuentro en esta causa un llamado particular, sé que el Señor me ha preparado para estar aquí y me invita dar testimonio a través de una postura que construya puentes entre los extremos más polarizados.

Si bien mi postura es firme ante el aborto, y por ningún motivo será una solución viable, también es cierto que encerrados en nuestra burbuja poco podremos hacer para disminuir la tasa de embarazos no deseados, abortos e incluso la muerte materna por prácticas tan riesgosas.


Por otro lado, no conozco causa más generosa que ésta, y definitivamente es una gran fuente de inspiración para mí. Esta es la causa en donde se está dispuesto a perderlo todo con tal de darle voz a otros que quizás nunca conozcamos en nuestra vida. Hay gente que ha perdido relaciones familiares y amistosas, otros sus trabajos, algunos han dado a la cárcel injustamente y unos cuantos más han sufrido persecución. Son gajes del oficio y todo el que se compromete con la causa está dispuesto a asumirlo. Digamos pues, que está presupuestado.

Y así, podría mencionar muchas otras razones por las cuales la Defensa de la Vida es una causa única en donde he encontrado una familia y una vocación. Sin embargo, el motivo principal por el que quería escribir esta columna es para contarte sobre un testimonio que escuché. Me cambió la vida y la forma de ver mi participación en esta causa, e incluso, ahora entiendo que todo esto forma parte de mi camino en la fe, y que si logro darle el sentido correcto, podría estar ganando intercesores para la vida futura.

El testimonio es el de la activista Patricia Sandoval, una mujer que antes de ser provida y vivir la fe, trabajó para Planned Parenthood, la empresa que realiza más abortos en todo el mundo. Ella misma cuenta todo lo que vio y vivió ahí dentro, dejándole un corazón marcado de por vida tras los procesos tan duros y inhumanos que se le practican a las mujeres y a los bebés.

Al final de su testimonio, ella expresa con todo su corazón y el dolor de lo que vivió, cómo que es Dios logra sacar luz de lugares tan oscuros como en los que ella estuvo perdida algunos años de su vida. Ella menciona que al final de nuestros días, cuando estemos en nuestro juicio particular, los bebés que fueron abortados serán nuestra voz cuando ya no podamos hablar por nosotros mismos, cuando ya no podamos hacer nada más por nosotros, ellos serán nuestro abogados.

No tengas miedo de alzar tu voz en nombre de las mujeres embarazadas y sus hijos en el vientre. Vale la pena entregar la vida por causas tan nobles como ésta. Quizás no veamos todos los frutos de nuestro trabajo, pero algo te aseguro, si compartes la fe, ten por seguro que serás bien recompensado por tanta generosidad.

“En verdad les digo que, cuando lo hicieron con alguno de los más pequeños de estos mis hermanos, me lo hicieron a mí.” Mt 25, 40.

Testimonio de Patricia Sandoval:

 

*Alison González es vocera de la organización Pasos por la Vida.

Los textos de nuestra sección de opinión son responsabilidad del autor y no necesariamente representan el punto de vista de Desde la fe.