Opinión

El don de la amistad

Mientras Daniela jugaba en línea con su mejor amigo, Santiago, escuchó algo que la dejó helada.

La madre y el hermano del muchacho de 17 años comenzaron a gritarle e insultarlo. Luego oyó que rompieron un cristal. Tras el altercado, el joven le confesó que era víctima de violencia familiar y las agresiones eran constantes.

Preocupada, Daniela decidió pedir ayuda para que él estuviera tranquilo; gracias a ella, encontró un lugar de resguardo, seguro.


Previo al 14 de febrero, celebremos la amistad, un lazo fuerte, prácticamente inquebrantable. Las y los amigos están con nosotros para compartir los momentos más alegres, pero también para ofrecer consuelo y apoyo en los más difíciles o dolorosos.

Muchas veces, aunque les dejemos de ver, ellas y ellos están ahí para nosotros ante una emergencia. Este tipo de vínculo es la forma más honesta de demostrar nuestro amor a los demás.

Sin embargo, para muchas y muchos el verdadero significado de la amistad se ha diluido. Recientemente, la encuesta de HelloSafe, una plataforma de comparación de seguros, reveló que el 57% de las y los mexicanos no festejarán esta fecha por diversas razones, como la pandemia y la indiferencia, pero también por razones económicas.

Se tiene la idea que para celebrar la amistad hay que gastar, comprar un regalo, demostrar nuestro cariño y estima con algo material. Recuperemos el significado.

En el Nuevo Testamento, en el libro de Juan, Jesús deja una valiosa enseñanza que resume nuestro deber como sociedad: “Este es mi mandamiento: que se amen unos a otros como yo los he amado. No hay amor más grande que dar la vida por sus amigos, y son ustedes mis amigos, si cumplen lo que les mando”.

La amistad se nos ofrece como un don, como una promesa de que no estaremos solos porque las y los demás, de manera desinteresada, estarán para ayudarnos cuando no sepamos qué hacer.

En el Consejo Ciudadano para la Seguridad y Justicia de la Ciudad de México identificamos cerca de 500 casos de personas que piden auxilio psicológico para sus amigas o amigos.

Quienes nos llaman se vuelven mensajeros y comunican a los demás que no están solas ni solos. Hay una red de apoyo cercana y una red institucional que les ofrece escucha, alternativas y acompañamiento jurídico o terapéutico en cualquier circunstancia.

Es momento de recordar que la amistad en sí misma ya tiene un valor enorme, que no necesita materializarse en corazones, chocolates o rosas.

Nuestro desafío y a la vez, nuestra responsabilidad, es poder dar una mano a las y los demás. Regalemos nuestra atención y reforcemos nuestros lazos como comunidad.

*Salvador Guerrero Chiprés (@guerrerochipres) es Presidente del Consejo Ciudadano para la Seguridad y Justicia de la Ciudad de México.

Los textos de nuestra sección de opinión son responsabilidad del autor y no necesariamente representan el punto de vista de Desde la fe.