Opinión

El amor y la amistad en tiempos de Covid-19

Desde hace años, el Día de San Valentín dejó de ser exclusivo para los enamorados, pues en México siempre encontramos el pretexto perfecto para la fiesta y festejamos también con igual entusiasmo el “Día de la Amistad”.

Para muchas personas, en este año el “Día del amor y la amistad” dejó de tener ese tinte comercial y hasta cursi con el que lo percibíamos; ayer fue diferente porque lo festejamos en tiempos de Covid, y en los difíciles momentos que estamos viviendo nos brindó la oportunidad para expresar nuestros sentimientos de gratitud  y amor a quienes son importantes en nuestras vidas.

No nos fue posible celebrar la amistad con reuniones, obsequios y abrazos, pero en cambio hemos sabido disfrutar y valorar cada llamada telefónica y el nutrido intercambio de felicitaciones, buenos deseos, pensamientos e imágenes a través del WhatsApp y las redes sociales.


Ciertamente, la amistad y el amor en todas sus manifestaciones  que se nutren naturalmente por la convivencia y la proximidad de quienes se aman o son amigos, hoy se ponen a prueba ante el desafío que representa una obligada separación o distancia, que si bien puede extinguirlos, también puede fortalecerlos cimentados en el dolor y el sacrificio que provocan los momentos que estamos viviendo.

Nos dice el Papa Francisco: “En general, las verdaderas amistades no se explicitan, se dan y se van como cultivando. A tal punto que la otra persona ya entró en mi vida como preocupación, como buen deseo, con una sana curiosidad de saber cómo le va a él, a su familia, a sus hijos…”  (Radio FM Milenium, 2015).

Paradójicamente, el virus que nos obliga a resguardarnos y alejarnos físicamente de los demás se ha convertido en la gran oportunidad personal para “salir” al encuentro del otro, hacer a un lado nuestro ego, nuestras ocupaciones y nuestras prisas, y comenzar a mirar con los ojos del corazón a aquellos que hoy necesitan de nuestro consuelo, de nuestro tiempo para ser escuchados, que requieren una palabra de aliento, un consejo, una ayuda, o una oración confiada diciéndole a Jesús: “Señor, si quieres, puedes curarlo”.

“No debemos permitir que alguien se aleje de nuestra presencia sin sentirse mejor y más feliz”, decía Santa Teresa de Calcuta.

Este 14 de febrero fue diferente porque nos ha obligado a enviar los abrazos con el pensamiento y con palabras, pero el corazón nos dice que cuando podamos, si Dios nos permite llegar a hacerlo, cada abrazo será diferente porque tendrá todo el amor, toda la ternura y toda la gratitud por la nueva oportunidad de manifestar nuestro amor a la persona amada y al amigo y compartirle nuestra alegría por tenerlo.

Un abrazo convertido en plegaria para los amigos que ya nos esperan en el cielo.

“La amistad es de los regalos más grandes que una persona, que un joven, puede tener y puede ofrecer. Es verdad. Qué difícil es vivir sin amigos. Fíjense si será de las cosas más hermosas que Jesús dice: «Yo los llamo amigos, porque les he dado a conocer todo lo que oí de mi Padre» (Jn 15,5). Uno de los secretos más grandes del cristiano radica en ser amigos, amigos de Jesús”. (Discurso preparado por el Papa Francisco para el encuentro con los jóvenes,12 de julio de 2015).

Consuelo Mendoza García es ex presidenta de la Unión Nacional de Padres de Familia  y presidenta de Alianza Iberoamericana de la Familia.

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