Desde la familia

Educar con equidad

Hace años, cuando una vecina llegó y vio que mis hijos (cuatro varones aún muy pequeños) estaban ayudando al arreglo de la casa, muy molesta intentó darme un consejo desatinado: “no los pongas a hacer esas cosas, cuando se casen van a hacer muy floja a su mujer”.

Sinceramente nunca me había detenido a pensar en lo que entonces me parecía un futuro muy lejano, pero la vecina me provocó la idea de imaginarlos compartiendo las responsabilidades con su esposa, cocinando, lavando platos, o barriendo; me pareció un objetivo muy positivo en su formación y le agradecí la observación.

Ella se marchó molesta y yo me quedé feliz; después de todo, yo crecí en una familia en la que los hombres hacían solo trabajos rudos y las mujeres colaborábamos con mamá en todas las demás tareas del hogar. Una mujer debía prepararse para el matrimonio de tal manera que, si tenía ayuda sabría “dirigir” y si no la tenía, tendría que saber  hacer las cosas.

“Mi hija es muy mujer” decía mi tía porque mi prima iniciaba el día a las cinco de la mañana y además de tener una casa impecable, tejía, bordaba, hacía postres deliciosos y estaba siempre atenta  a su marido. Aunque internamente esas situaciones inequitativas y la forma de valorar a una mujer me provocaban rebeldía, nunca lo manifesté porque simplemente las cosas eran así en  una familia tradicional y con “valores” de aquellos tiempos.

Vivimos ya un cambio de época la problemática social a la que nos enfrentamos y se manifiesta en los altos índices de violencia, podrá combatirse desde el seno de la familia, educando a los hijos con una visión de equidad y de justicia, rompiendo con patrones de conducta que hoy resultan nocivos y han dañado tanto a las mujeres, pero también a los hombres y a los niños. No se trata de una visión de ideología de género, sino de una realidad lastimosa que exige soluciones desde el hogar

¿Qué  pueden hacer los padres de familia?, aquí te dejo algunos consejos:

  • Dialoga siempre con tus hijos, escucha con respeto sus opiniones, recuérdale siempre lo valioso que es como hombre o mujer, impulsándolos siempre para lograr sus metas y brindando las mismas oportunidades educativas.
  • Asigna responsabilidades en el hogar por igual a hombres y mujeres, con el tiempo les permitirán solucionar los retos a los que se enfrenten en la vida para ser independientes, desde clavar un clavo o arreglar un apagador, lavar platos o cocinar, hasta administrar su propio dinero y asumir os resultados de sus propias decisiones.
  • La crianza de los niños es una tarea de dos. Ambos, papá y mamá deben participar en el día a día de la educación de sus hijos. Desde darle el biberón y cambiarle el pañal, hacer las tareas escolares, jugar con ellos, llevarlos al parque, hasta darles un consejo y escucharlos con atención cuando lo requieran. La presencia del padre es tan necesaria como la de la madre.
  • Jamás justifiques ni recurras a la violencia ni con tu cónyuge, ni como un método educativo. Siempre habrá una mejor opción. Si es necesario, retírate y reflexiona antes que sean las emociones las que dominen tus actos.

Rompe con los estereotipos, una mujer no será más o menos femenina si le gusta tejer o prefiere la ingeniería mecánica. Un hombre no será más o menos hombre si muestra sus sentimientos, si expresa tristeza o llora, si pide necesita un abrazo.

  • Dicen que “la palabra convence, pero el ejemplo arrastra” el respeto y la cercanía del trato entre los padres, es sin duda el mejor método educativo para los hijos. Solucionar las diferencias en privado, pedir perdón, reconocer los esfuerzos y cariño en voz alta, los pequeños detalles, serán el principal aprendizaje de los hijos de unidad y complementariedad con el sexo opuesto.

El Papa Francisco nos dice que “La educación es una de las formas más efectivas de humanizar el mundo y la historia” Educar desde la familia es sembrar la semilla y echar raíces para un mejor futuro.

“Si quieres cambiar el mundo, ve a casa y ama a tu familia”.  (Sta. Teresa de Calcuta)

 

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