Opinión

Día de la Candelaria: origen y tradición en México

Recuperar el sentido de las fiestas y los elementos con los que las celebramos nos ayuda a conservar las gratas costumbres con su rico contenido inmaterial, la doctrina, la renovación del cariño, así como la identidad personal y comunitaria.

La tradición judía aporta el rito de purificación en el que las familias pobres llevaban un par de tórtolas o dos pichones al templo donde se hacía el sacrificio de una de las aves. Rociando con la sangre a la otra y a la mujer, se liberaba la segunda tórtola y con ello se simbolizaba la purificación.

Simeón, al ver al Niño Jesús, dijo a la Virgen que una espada le traspasaría el corazón y que el Niño estaba llamado a ser luz de las naciones.


Así lo simbolizado por las tórtolas se realizaría en plenitud por el sacrifico de Jesús que con su sangre, de una vez para siempre, purificaría a todos los seres humanos.

La luz de las velas es este signo que también recordamos en el credo al hablar de la Luz de Luz, es decir Jesucristo es luz procedente del Padre y se recuerda con el signo de la vela, que también se llama candela, y por eso la fiesta es de las candelas – candelaria.

Entre las diversas vocaciones está la vida consagrada femenina y masculina (Regnum Christi, Familia Salesiana, etc.) que ha sido vista como un testimonio que ilumina la sociedad con verdades trascendentes como la caridad, la plenitud en la donación al prójimo y a Dios, este signo de luz del mundo se vincula con la presentación del Niño en el templo, que purifica e ilumina a la humanidad.

En México antiguo la donación personal también se realizaba, algunos jóvenes se preparaban como guerreros para mantener la vida del sol, podían ofrecer sangre por punciones sacrificiales, ofrecer cautivos de la guerra florida y sobre todo la ofrenda de sí mismos con la ofrenda del corazón. La comunidad participaba del sacrificio en ocasiones mojando en sangre o participando de la comida ritual con la carne del sacrificado.

En la evangelización se cambió la carne humana por carne de aves o porcina, conservando el significado de comunión, por lo que los frailes cuidaron de asociar la comida de tamales con las primeras comuniones y también con esta fiesta de sacrificio de purificación.

La comunidad unida en al ágape festivo recuerda el sacrificio de Cristo, valora la donación en la vida consagrada, recuerda las tradiciones judía, cristiana y mesoamericana en el banquete donado por quien encuentra al Niño Jesús en la rosca de Reyes, otra tradición rica en significados y alimentos.

El Dr. Jaime Pérez Guajardo es un laico Consagrado del Regnum Christi, secretario ejecutivo de la Dimensión de Bienes Eclesiásticos y Arte Sacro de la Conferencia del Episcopado Mexicano.

 

*Los artículos de opinión no necesariamente representan el punto de vista de la revista Desde la fe.

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