Opinión

De los webinars a la acción solidaria

Al iniciar la pandemia de COVID-19, el mundo se vio obligado a entrar de forma más acelerada a la dinámica digital.

Si bien es cierto que en muchos centros educativos y laborales ya se desarrollaban dinámicas donde se combinaba lo presencial con lo virtual, sí fue una sorpresa para muchas personas el tener que convivir de forma diaria con plataformas digitales, videoconferencias, aplicaciones móviles y los llamados webinars.

Los webinars son presentaciones en vivo en la que los espectadores participan y pueden enviar preguntas y comentarios; en otras palabras, son seminarios digitales en donde podemos interactuar al mismo tiempo con gente de distintos rincones del planeta.

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Esta herramienta empezó a popularizarse y, gracias a eso, hoy podemos ser testigos del reencuentro de grupos musicales, el reparto original de una película taquillera, aprender a cocinar en línea o escuchar excelentes conferencias sobre cualquier tema.

Dentro de los espacios utilizados por este instrumento hemos escuchado en repetidas ocasiones reflexiones sobre cómo va a cambiar el mundo después de esta pandemia, así como el papel de la sociedad, las instituciones y los distintos liderazgos de la humanidad.

El Papa Francisco nos recuerda en Laudato Si’ n.102 que la tecnología tiene un binomio; creatividad y poder. El ser humano tiene en sus manos el que se use con fines morales para construir el bien común.

También san Juan Pablo II nos recuerda en su discurso del 25 de febrero de 1981 ante los representantes de la ONU reunidos en Hiroshima que “la ciencia y la tecnología son un maravilloso producto de la creatividad humana donada por Dios”.

Recordemos que el ser humano tiene una gran capacidad de adaptación, recordemos los momentos de guerra o de persecución. En la historia de la humanidad pueblos han tenido que abandonar sus lugares de origen, adaptándose a otros espacios.

Otro talento propio de la humanidad es la creatividad, que, ante las dificultades, encuentra siempre la forma de mantenerse productivo y activo. Hemos visto como el ingenio se reproduce para crear mascarillas, productos de limpieza con mayor duración o simplemente aplicaciones para distraerse o como pasatiempo.

¿Pero cómo podemos poner en práctica esos llamados a la acción solidaria y al encuentro con el prójimo en estos tiempos tan complejos?

Uno de los primeros puntos es acompañar a los que están más cercanos a nosotros; es momento, por ejemplo, de acabar con el analfabetismo digital, enseñando principalmente a los adultos mayores a utilizar aparatos electrónicos o fomentar la lectura, el amor a Dios y mantener la fe por parte de los más grandes con los menores de la casa.

Manteniendo las medidas sanitarias, es momento de evaluar e incluso censar cómo están nuestros vecinos o los miembros de nuestra comunidad, saber si alguno necesita alguna ayuda, ya sea una medicina, alimento o una necesidad particular. Incluso, el simple hecho de prestar la señal de internet a una casa donde por la situación económica no tiene ya forma de pagar.

Utilizando las tecnologías, se pueden hacer directorios para estar en comunicación con los que por diferentes situaciones están imposibilitados de salir de casa o de los negocios del barrio para que se les compre de forma preferente. También se pueden crear pequeños dispensarios médicos, bancos de alimentos o de productos básicos.

También es el momento para dedicarle un tiempo para saber quiénes son nuestros legisladores así como los funcionarios públicos de nuestro territorio y establecer una comunicación con ellos, saber que están planeando para cuando termine está pandemia, recordemos que como católicos tenemos también una responsabilidad como ciudadanos, la Doctrina Social de la Iglesia nos acompaña en ese camino.

Es una excelente oportunidad para poner en práctica obras de misericordia, sin duda el ingenio del ser humano provocará que no todo quede en la anécdota, sino en la acción solidaria permanente, de ver el rostro de Cristo en nuestros semejantes.

*El Mtro. Guillermo Torres Quiroz es Director de la Red de Comunicadores (REC) y analista político.

Los textos de nuestra sección de opinión son responsabilidad del autor y no necesariamente representan el punto de vista de Desde la fe.

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