Opinión

Cuidemos nuestro pasado

¿Por qué se pierde el patrimonio? Exceptuando los desastres naturales, diría que por ignorancia, por descuido o por robo. Sobre esta última causa, que es la que nos ocupa en esta ocasión, debemos decir que los ladrones sólo piensan en ganar unos pesos, pero en realidad lo que hacen es matar nuestro pasado, nuestra historia.

Esa imagen, ese cuadro, ese cáliz o ese retablo son parte de la herencia que recibimos de nuestros antepasados. Ante esa imagen rezaron generaciones; esas piezas de pintura, escultura, orfebrería o arquitectura son valiosas, no en el terreno económico, sino por el arte que ennoblece nuestra existencia, y también porque hace actual lo que ha sido nuestro pasado y lo que debería ser nuestro presente.

¿Cómo podemos cuidar nuestro patrimonio? En primer lugar, necesitamos conocerlo en su auténtico valor. Enorgullecernos de nuestro pasado. Darnos cuenta de lo que esos escenarios aportan en nuestras vidas. Me estoy refiriendo no sólo a los monumentos señeros como Tepotzotlán o la Catedral Metropolitana, sino a las iglesias de nuestro entorno cotidiano.

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Pero además de conocerlo, debemos cuidarlo. ¿Cuántas veces hemos oído frases como: “Si esto estuviera en tal parte (Estados Unidos, por ejemplo) estaría cuidadísimo, estaría anunciado y sería muy visitado”? Como pasa con las misiones de California.

¿A quienes les toca cuidar el patrimonio artístico de nuestras iglesias? Ciertamente en gran parte a los sacerdotes, y para ello es necesario que se preparen desde el seminario, pero la labor toca a todos: a las autoridades del INAH, por ejemplo; o a las de Sitios y Monumentos o Bellas Artes, pero, sobre todo, toca a las personas que acuden a las distintas iglesias del país.

Un aspecto de gran importancia es hacer catálogos sencillos, con fotografías de las obras más relevantes o de aquellas que sean más fácilmente susceptibles de robo o daño. Una foto con medidas facilitará la recuperación de la obra en caso de ser sustraída.