Opinión

Cuentos de la Rusia estalinista

Apunte usted. Hombre: extraña criatura que ríe cuando debería llorar y llora cuando debería reír. ¿Reía el pueblo ruso en los peores momentos de su historia, es decir, en la época de los Gulags y de la KGB? Sí, reía. Lo demuestra un hermoso libro titulado La Russia che ride. Storielle e vignette di una vita dificile (Génova, Costa & Nolan, 1991), del que me he traducido para regocijo -y lección- de mis lectores, las siguientes historias:

*En tiempos de Stalin era moda contar este chiste que invariablemente, claro está, se decía en voz baja: “¿De dónde eran originarios Adán y Eva? De la Unión Soviética, no hay duda. Estaban desnudos, andaban descalzos, tenían una sola manzana para los dos y creían vivir en el Paraíso”.

*Se decía también (en voz aún más baja): “La Constitución de la URSS garantiza la libertad de palabra. Pero, ¿quién garantiza la libertad después de haber dicho la palabra?”.


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*Es de noche y llaman a la puerta.
-¿Quién es? –pregunta una voz desde el interior.
-Somos de la KGB.
-¿Y qué quieren?
-Ábranos. Queremos hablar un poco.
-¿Cuántos son?
-Dos.
-¡Dos! ¿Y entonces por qué me molestan? Si lo que quieren es hablar, hablen entre ustedes, por favor.

*En la ciudad de Odesa se oye por la mañana un disparo de cañón.
-¿Qué sucede? –pregunta una vieja asomándose por la ventana.
-Ha llegado Brézhnev a nuestra ciudad –le explica uno que pasaba a toda prisa por allí.
Después de un instante se escucha otro disparo.
-¡Cómo! –vuelve a decir la vieja, mostrándose muy disgustada-. ¿No lo han matado a la primera?

*La madre de Brézhnev ha venido a Moscú a visitar a su hijo, que le muestra su residencia, las oficinas donde despacha, sus joyas, sus tapetes, sus automóviles. Al ver todas esas riquezas, dijo la madre, visiblemente inquieta:
-¡Cómo estoy contenta, Leónidas! Sólo que tengo un gran temor. Si vuelven los rojos, ¿qué será de nosotros?

*Un periodista pregunta a una vieja bailarina cómo se imagina el futuro comunista.
-¡Ah! –exclamó ésta lanzando un suspiro nostálgico-. Todo será bello y limpio. Las personas serán educadas; en los negocios habrá todo lo que haga falta; tampoco habrá ya más colas, ni filas. ¡En suma, todo será como antes  de la Revolución!

*Un ruso grita por la calle:
-¡Brézhnev es un mamarracho! ¡Brézhnev es un mamarracho!
(El texto italiano dice coglione, lo que es más feo).
Fue arrestado inmediatamente y condenado a tres años de cárcel por difundir propaganda antisoviética, más otros tres años por andar divulgando secretos de Estado.

*Un exiliado ruso es entrevistado en los Estados Unidos por un periodista:
-¿Cómo están las cosas en su patria? ¿Están abastecidos los negocios?
-No me puedo quejar –dijo el ruso.
-¿Y cómo andan los precios?
-No me puedo quejar.
-¿Y la situación en general?
-No me puedo quejar.
-Pero, entonces, ¿por qué ha venido a Norteamérica?
-Ah –dijo el exiliado-. Es que aquí sí me  puedo quejar.

*Sucede a la entrada de un negocio soviético de comestibles:
-Perdón, ¿no hay carne?
-No, aquí no hay pescado. Donde no hay carne es dos cuadras más adelante. Siga siempre derecho.

*Alejandro Magno, Aníbal y Napoleón toman asiento en la tribuna de la Plaza Roja durante la marcha militar del 7 de noviembre. Alejandro está admirado:
-Si yo hubiese tenido misiles como éstos –dice-, habría conquistado no medio mundo, sino el mundo entero.
También Aníbal se mostraba estupefacto:
-Con estos carros armados –gime-, Roma no habría podido resistir mis golpes.
Napoleón lee el Pravda (periódico oficial del Partido Comunista) y calla. Los otros le preguntan: “¿Por qué tú no dices nada?”. Y él responde:
-Si yo hubiese tenido un periódico como éste, nadie se hubiese enterado de la derrota de Waterloo.

*El P. Juan Jesús Priego es vocero de la Arquidiócesis de San Luis Potosí.

Los textos de nuestra sección de opinión son responsabilidad del autor y no necesariamente representan el punto de vista de Desde la fe.

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