Censo 2021: la religión

Los datos del censo 2020 señalan que los católicos en Ciudad Juárez, así como en México, vamos a la baja. De 69 por ciento de población católica que tenía nuestra ciudad en 2010, bajamos a 65.5 por ciento; perdimos el 3.5 por ciento de fieles. Los protestantes, en cambio, subieron del 11 por ciento al 14.3; ganaron 3.3 por ciento. Por otra parte quienes se declaran sin religión dieron un salto más significativo: del 10.5 por ciento en 2010 al 18.6 por ciento en 2020; una ganancia del 8.1 por ciento. Las cifras a nivel nacional son muy semejantes a las de nuestra ciudad: puntos más, puntos menos, bajan los católicos mientras que aumentan protestantes y ateos. Veamos algunas razones.

Sobre todo desde la Segunda Guerra Mundial el fenómeno del ateísmo ha crecido en el mundo. El hombre contemporáneo dice no necesitar a Dios. Puede organizar perfectamente su vida prescindiendo de una relación con el Eterno. El cardenal Joseph Ratzinger ilustraba la situación de la Iglesia en el mundo de hoy con la imagen de la catedral neogótica de Nueva York rodeada y dominada por los rascacielos. Si en el pasado fueron los campanarios de las catedrales las que sobresalieron por encima las ciudades –como evocando la eternidad de Dios– hoy las iglesias dan la impresión de haber quedado perdidas en medio del mundo. La secularización ha ganado terreno prácticamente en todos los países occidentales.

Las cifras del censo sobre el crecimiento de personas sin religión es una absoluta desgracia. Según los ateos y los agnósticos, la religión sigue siendo opio para el pueblo, una especie de ignorancia sobre el origen del mundo y su funcionamiento. El creciente mundo ateo vaga en el sinsentido ya que carece de una fuente que alimente su vida para una esperanza sobrenatural. En palabras del cardenal Sarah, los ateos “son como árboles inexorablemente cortados de raíz y condenados a morir. Antes o después, se secan o se mueren. Los hombres sin fe son como quienes no tienen ni un padre ni una madre que los engendren y renueven su percepción de su propio misterio”.


Los católicos tenemos un desafío para seguir dialogando con el mundo secularista, pues sabemos que el hombre sin religión se convierte en un vagabundo errante carente de raíces, en nómada salvaje. Cuando se pierde el sentido de Dios se abren las puertas a los hechos más aberrantes, a los regímenes más despiadados; se socavan los cimientos de la civilización y se da entrada a la barbarie totalitaria.

Por otra parte crecen en México y en la ciudad las comunidades evangélicas nacidas de la Reforma protestante. Son los cristianos emocionales, anclados en la Biblia pero desarraigados de la historia y de la Tradición; cristianos atomizados en una multitud de comunidades minúsculas que viven un cristianismo gnóstico, alejado de la encarnación, del silencio y de la cruz; cristianos cuya experiencia de fe se basa en el frenesí de sentimientos y estados de exaltación. Sin embargo, estos cristianos separados de la Iglesia Católica nos dan una lección muy importante: ellos, de lo primero que se preocupan, es de llevar a sus fieles al encuentro con Cristo.

Los católicos podemos caer en el error de concentrar nuestros mayores esfuerzos en la sanación de grandes males que afligen a nuestra sociedad como son la miseria, la violencia o la violación a los derechos humanos. La preocupación por los males sociales es, sin duda, importante para los discípulos de Jesús porque nos dan ocasión de practicar las obras de misericordia. Sin embargo privilegiar esto descuidando el encuentro con la Palabra a través de la evangelización, la oración, las pequeñas comunidades y la catequesis es un craso error. Los grandes males de la sociedad se van curando cuando a los pobres se les lleva hacia el encuentro con el Señor y se les enseña a vivir la vida cristiana que es, ante todo, vida espiritual.

Los resultados del censo son, además, engañosos, pues ¿cuántos de los que se declaran católicos son realmente practicantes de su fe? Quizá sea un 10 o un 15 por ciento. Esto no debe desalentarnos, sino al contrario. Dios nos sigue llamando a evangelizar: “Vayan a todo el mundo y prediquen el Evangelio a toda criatura” (Mc 16,15). Si privilegiamos la pastoral social sobre la evangelización y la catequesis seguiremos perdiendo fieles. Los remedios a la violencia y los procesos de paz son fruto del encuentro cotidiano con Cristo, y no al revés. Tenía razón Rahner cuando dijo: “El cristiano del futuro será místico o no será; sin la experiencia religiosa interior de Dios, ningún hombre puede permanecer siendo cristiano, a la larga, bajo la presión del actual ambiente secularizado”.

El Pbro. Eduardo Hayen es un sacerdote de la Diócesis de Ciudad Juárez y director del periódico Presencia.

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Los artículos de opinión son responsabilidad de sus autores y no necesariamente representan el punto de vista de Desde la fe.

Artículo publicado originalmente en el blog del P. Eduardo Hayen

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