Opinión

Agresores: del arrepentimiento al cambio real

Muchos esperan Semana Santa, que este año será del 5 al 11 de abril, como una época de arrepentimiento, cambio y transformación. Sin embargo, comenzar desde hoy, y aún más previo al 8 de marzo, puede ser una diferencia indispensable para combatir la violencia que viven nuestras hijas, hermanas y amigas en su día a día.

Vivimos tiempos complejos en los que los valores y el respeto hacia los otros, y aún más hacia las otras, están siendo relegados. La educación machista que recibimos muchos hombres -yo soy hijo de madre feminista y trabajadora que sacó adelante sola a tres hijos- nos lleva a reproducir y a realizar comportamientos dañinos hacia los demás y hacia nosotros mismos.

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A finales de los años 90, el antropólogo Benno de Keijzer publicó su artículo “El varón como factor de riesgo: Masculinidad, salud mental y salud reproductiva”. En éste, planteó que los hombres podemos ser un peligro no sólo hacia niños, niñas y mujeres, sino también para otros hombres y para nosotros mismos.

Tenemos, entonces, que encontrar espacios en donde podamos revisar, discutir e incluso cambiar los aspectos negativos de nuestra masculinidad.

La familia también tiene un papel fundamental en esto. Una gran parte de los atacantes crecieron en entornos hostiles, donde hubo maltrato o abuso infantil o enseñanzas lejos de la tolerancia y el amor.

Desde enero de 2019 hasta hoy, en el Consejo Ciudadano para la Seguridad y Justicia, recibimos en la Línea de Seguridad y en el Chat de Confianza 55 5533-5533, que son gratuitos y funcionan 24/7, 210 reportes de violencia en la pareja. El 93% de las víctimas fueron mujeres. El 94% de los violentadores fueron hombres: 38% esposos, el 23% novios y el 19% ex parejas.

Pero no todo está perdido, ni dicho. Entre los agresores, existen individuos que saben que se comportan de cierta manera porque lo aprendieron con sus padres o en su comunidad, pero están cansados de reproducir esa forma de ser. Y además de arrepentirse de ese comportamiento, deciden cambiar. Para nosotros ese es un acto valeroso, válido e incluso de aplaudirse.

Un ejemplo fue el caso “Juan”, quien se comunicó para solicitar apoyo psicológico ya que aceptaba ser un consumidor de cocaína desde hace seis años. También se reconocía como un generador de violencia con su pareja. Además, nos refirió que intentó quitarse la vida dos veces. Al darse cuenta de las afectaciones que su comportamiento tuvo en su relación y en su propia vida, pidió ayuda para cambiar.

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Otra llamada de auxilio fue la de “Ulises”. Nos confesó que su madre, una mujer mayor, vivía violencia psicológica, económica y patrimonial, por parte de sus hijos, incluido él. Arrepentido, Ulises le indicó al asesor telefónico que deseaba que su madre estuviera en mejores condiciones y solicitó información sobre los centros del Gobierno de la Ciudad de México donde podía acudir para tener ayuda.

Evidentemente, tanto Juan como Ulises tendrán que pasar por un proceso extenso, donde requerirán terapia e información para deconstruir quienes son y las enseñanzas con las que crecieron. No es una tarea fácil. Pero el primer paso está en aceptar y en el tener la intención de mejorar.

¿Qué podemos hacer como sociedad para apoyar a transformar la violencia de nuestro entorno? Difundir que debemos denunciar la violencia y exigir justicia para todas las mujeres, Pero, además, debemos transformarnos y generar espacios de convivencia mucho más positiva, en donde nuestros hijos, hermanos y padres fomenten los valores, el respeto y la igualdad que tanto necesitamos para acabar con la violencia contra las mujeres.

 

*El autor es Presidente del Consejo Ciudadano para la Seguridad y Justicia de la Ciudad de México. Doctor en Teoría Política por la Universidad de Essex, ha impulsado causas como la transparencia, la lucha contra la corrupción y el empoderamiento ciudadano

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