Opinión

A los maestros

Tradicionalmente la profesión de maestro ha sido prestigiosa y respetada, sin embargo, en nuestro país en las últimas décadas su imagen se ha deteriorado y, en muchos casos, se ha desacreditado, al ligarla a acciones políticas y movimientos ideológicos.

Mientras que en los países avanzados como Alemania y Finlandia la labor del maestro es compensada e incentivada con los mejores sueldos, en México a pesar de tener el grado de licenciatura, a la carrera educativa no se le otorga el mismo reconocimiento que a las demás profesiones; quizá porque la preparación de los futuros docentes resulta poco atractiva por sus caducos planes de estudio, tarea que ha quedado pendiente en las últimas reformas educativas.

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No resulta sencilla la labor de los maestros de hoy, sujetos a decisiones de “políticas educativas” de cada sexenio, de liderazgos sindicales pocos transparentes, de intereses partidistas, de padres de familia que les han endosado su tarea como primeros educadores, pero sin respaldar su autoridad, y de alumnos que llegan a las aulas sabiendo que tienen muchos derechos, pero que conocen poco de sus obligaciones y del respeto al maestro.

Pese a este panorama, miles y miles de niños asisten a la escuela y son recibidos por maestros que día con día cumplen con su deber. Algunos caminan larguísimas distancias para llegar a a un aula de techo de lámina, o se trasladan a zonas peligrosas dominadas por el crimen organizado, maestros que atienden grupos multigrado y carecen de lo más esencial, como un pizarrón, un escritorio o un gis.

Son muchos, muchos más los maestros que de manera silenciosa y muchas veces heroica cumplen cotidianamente con su deber y su misión.

La profesión de maestro es una vocación superior. Mientras otros profesionistas hacen un excelente y necesario trabajo en las ciencias, el arte o los oficios, los buenos maestros saben que trabajan con personas únicas e irrepetibles, a las que les irán enseñando matemáticas y español, pero también los valores necesarios para formar buenos ciudadanos.

Un buen maestro sabe que en cada número y en cada letra que enseña deja su imagen grabada en el corazón de cada alumno, introduciéndolo a un universo de posibilidades y esperanza.

En un México invadido por la violencia y la descomposición social y con leyes que favorecen poco a la Familia y a la Educación, la labor del maestro es imprescindible y fundamental como el mejor apoyo a los padres de familia y hacer equipo con ellos en la formación y educación de las nuevas generaciones.

 Cuando los padres fallan en su tarea, un buen maestro puede marcar la diferencia en la vida y el futuro de un niño.

Al respecto nos dice el Papa Francisco que ser maestro es:

“un trabajo precioso porque permite ver crecer día a día a las personas que han sido confiadas a nuestro cuidado” y “es un poco como ser padres, al menos espiritualmente”.

La celebración de los maestros este 15 de mayo es diferente porque no habrá escuelas abiertas, pero la pandemia no ha sido impedimento para que los maestros continúen dando clases con las herramientas que tienen a su alcance.

A todos los maestros que más que una profesión, han hecho de la enseñanza una vocación de servicio, los que a pesar de la incomprensión y poco reconocimiento todas las mañanas se presentan ante sus niños con una sonrisa, los que han dejado su nombre en el corazón de cada de cada alumno y han logrado tocar su alma ¡muchas gracias! Porque con su ejemplo y enseñanza forjan un futuro más esperanzador para México, y a semejanza de Jesús Maestro construyen un camino para alcanzar la paz.    

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