Opinión

A Dios rogando… ¡y a seguirnos cuidando!

La fe contribuye a aceptar y comprender la vida, a superar el dolor y el sufrimiento, además de que nos permite desempeñarnos con certidumbre y tranquilidad, especialmente cuando es acompañada de información preventiva.

La ciencia a favor de nuestra salud no es un concepto ajeno a la fe. Aunque aún existen algunas personas que parecen querer confrontarlos, es una realidad que ambos conviven en nuestro día a día incluso en esta contingencia.

Luego de seguir Misas por transmisiones por televisión o por zoom para prevenir el contagio de COVID-19, la Arquidiócesis Primada de México, en coordinación con las normas de la transición hacia la nueva normalidad del Gobierno de la Ciudad de México, anunció la reapertura de templos al 20 por ciento de su capacidad, con todas las normas de higiene y prevención. Esto, a partir del próximo domingo 26 de julio.

Las iglesias cuentan ya con tapetes sanitizantes, dispensadores de gel y señalética para marcar la Sana Distancia. Además, los fieles tendrán que adherirse a nuevas costumbres: desear la paz sin tomar la mano, rezar con el cubrebocas puesto, u ocupar sólo lugares permitidos, separados de otros feligreses.

Aunque la mayoría de los creyentes seguramente cumplirán con estas medidas, no faltarán las vecinas y vecinos que sigan creyendo que la COVID-19 existe; o que, aunque reconozcan su existencia, no consideran la necesidad de cuidarse.

Es importante que, mediante el diálogo y la sensibilización, lleguemos a los corazones, una forma de aludir a la conciencia, de esas personas.

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Pensar que el curso de las cosas va a continuar, independientemente de nuestras decisiones o cuidados, no es parte de esta virtud que nos une como comunidad, la que la construye desde la verdad.

La fe implica también responsabilidad, nuestro compromiso de proteger a nuestro prójimo a partir de los que está en nuestras manos. Se manifiesta en las oraciones que dedicamos por los que están día a día enfrentándose contra la enfermedad, como médicos y enfermeras, y mostrando nuestro respeto por la vida de todas las personas, sobre todo, por aquellas personas que han perdido a algún ser querido en esta emergencia sanitaria.

En este sentido, la fe requiere de nuestra propia fortaleza, ante el reconocimiento de lo que sucede en el mundo. Aunque tenemos que aceptar que hay aspectos de la vida que no están en nuestro control, tenemos que tomar, aceptar y cambiar lo que sí está en nosotros. Para adaptar un clásico refrán: A Dios rogando, pero a seguirnos cuidando.

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Así como celebramos la reapertura de los espacios que permiten congregarnos, con sana distancia, para orar, necesitamos reconocer nuestro compromiso al actuar, en medio de una crisis sanitaria, con amor y respeto a nosotros mismos y a los demás. Cumplir las normas, agradecer que autoridades locales y eclesiásticas y las personas a nuestro alrededor protegen nuestra salud. Pongamos, ahora más que nunca, toda nuestra fe, una fe preventiva, para juntos salir de ésta.

*Salvador Guerrero Chiprés (@guerrerochipres) es Presidente del Consejo Ciudadano para la Seguridad y Justicia de la Ciudad de México.

Los textos de nuestra sección de opinión son responsabilidad del autor y no necesariamente representan el punto de vista de Desde la fe.

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