Santa Mentoría

3 enseñanzas de san Francisco de Sales para lidiar con nuestros defectos

¿Cuántas veces nos hemos frustrado ante el fracaso de nuestros propósitos por convertirnos en una mejor persona? Estamos convencidos de querer cambiar nuestros defectos, aumentar nuestras virtudes, dejar atrás nuestros errores del pasado y tomar sólo los aprendizajes que nos hagan crecer; sin embargo, es normal que volvamos a caer, pero no debemos de permitir que los tropiezos apabullen nuestra voluntad y mermen nuestra fe.

Debemos asumirnos y reconocernos como seres llenos de debilidades, pero hagámoslo desde la humildad y el convencimiento de que sin Dios no somos capaces de nada, y no desde la soberbia de creer que sólo en nuestras manos está la posibilidad de cambiar.

¿Cómo sería el combate de nuestros defectos si aprendiéramos a manejarlos haciendo equipo con Dios?

Difícil resultaría creer que San Francisco de Sales, el también llamado santo de la amabilidad, hubiera tenido que luchar durante 19 años con el defecto de su mal genio y su disposición al enojo. Sin embargo, así fue, y una de sus estrategias para preservarse en la fe era, precisamente, la elaboración de un plan muy aterrizado con acciones concretas para lograrlo.

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En dicho plan, San Francisco de Sales llevaba a cabo 3 exámenes en diferentes momentos del día, los cuáles le ayudaban a lidiar con sus defectos y alimentar sus virtudes. Creo que nosotros también podemos tomarlos como ejemplo para manejar nuestras propias debilidades.

1. Examen de previsión:

Cada mañana San Francisco de Sales repasaba las que serían sus actividades del día, así como las personas con las que se encontraría y planeaba cuál habría de ser su comportamiento ante cada situación y persona.

Cuando anteponemos la intención consciente de agradar a Dios con nuestras acciones, y dejamos en segundo plano nuestras propias necesidades de obtener valor y reconocimiento, podremos modular de forma más efectiva nuestras actitudes.

2. Examen particular de nuestro defecto dominante

A mediodía visitaba el Santísimo y delante de Él examinaba si hasta ese momento había logrado actuar con la virtud contraria a su mayor defecto.

Qué importante es cambiar el enfoque hacia la virtud y dejar de centrarnos en el problema. Esta es una excelente estrategia para actuar en función del cambio, lejos de permanecer en la frustración que resulta de vivir inmerso en nuestros errores, la cual nos va restando confianza en nosotros mismos y en la gracia que Dios nos brinda para lograr combatirlos.

“Ten paciencia con todas las cosas, pero, ante todo, contigo mismo”. San Francisco de Sales

3. Examen del día

Cada noche revisaba sus acciones del día, cuestionándose si las había encomendado a Dios, además de ofrecérselas junto con sus pensamientos, palabras y sufrimientos. También, examinaba si su mayor motor fue el amor a Dios y a su prójimo.

Así también, pedía perdón por las ofensas realizadas durante el día, pero lo más importante es que se hacía el propósito de cambiar y portarse mejor en adelante, siempre mediante la súplica a Dios para que le concediera la fortaleza de mantenerse fiel a Él.

De nada nos servirá reconocer y asumir nuestros errores, si no empleamos nuestra libertad, voluntad y responsabilidad por cambiarlos, siempre con la humildad necesaria para anteponer nuestra voluntad por agradar a Dios, por encima de nuestro orgullo por salir vencedores en la batalla contra nuestros defectos.

¿Quién es Marcela Hernández?

Licenciada en Ciencias de la Comunicación por la Universidad del Valle de México y está certificada como Coach Ontológico por parte del Tecnológico de Monterrey CEM. También tiene una especialidad en Logoterapia por parte del Instituto Mexicano de Tanatología. Instructor y facilitador en temas de desarrollo humano y empresarial, tales como: Sentido de Vida y Trabajo, Inteligencia emocional, Liderazgo, Coaching, Comunicación Asertiva, entre otros. Actualmente es Socia Fundadora de Sensum, empresa especializada en estrategias de sentido para empresas y personas.

Nota: Los artículos de la sección de opinión son responsabilidad única del autor y no representan necesariamente el punto de vista de Desde la fe.

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