¡Porque resucitó!
Jesús prometió lo impensable… y lo hizo realidad. Por eso no se trata de costumbre, sino de a quién decidimos seguir.
Es escritora católica y creadora del sitio web Ediciones 72, colaboradora de Desde La Fe por más de 25 años.
Cuando me toca dar una charla a papás de niños de Primera Comunión siempre les pregunto por qué quieren que su niño o niña reciba a Jesús. Y luego de muchas respuestas, que van desde los que dicen: ‘porque así se acostumbra’, hasta los que responden que quieren que su hijo o hija tenga una relación personal con Jesús, les pregunto por qué quieren que sus hijos se acerquen a Jesús y no que sigan a alguno de los muchos personajes famosos, religiosos o seculares, que ha habido a lo largo de la historia. Y la respuesta sólo puede ser una: porque Jesús es Dios.
Y la siguiente pregunta es: ¿cómo sabemos que es Dios? Y de nuevo, sólo cabe una respuesta: porque hizo la promesa más inverosímil que alguien hubiera podido formular jamás: que resucitaría, y ¡la cumplió! ¡Resucitó!
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Si Jesús se hubiera quedado muerto en el sepulcro, no hubiera sido más que un predicador famoso, un milagrero notable, un loco que decía que era Dios, un mentiroso que engañó a muchos. Dice san Pablo que si Jesús no hubiera resucitado, “seríamos los más infelices de los hombres” -claro, hubiéramos quedado frustrados, defraudados- pero el propio san Pablo se responde afirmando que Jesús sí resucitó (ver 1Cor 15, 12-28).
Y si alguien se pregunta ¿cómo sabemos que Jesús resucitó? Cabe mencionar numerosas pruebas, desde las que leemos en los Evangelios, declaraciones creíbles porque provenían de contemporáneos Suyos y nunca fueron refutadas, hasta el testimonio mudo pero elocuente de la Sábana Santa, el lienzo que lo envolvía en el momento de la Resurrección (si quieres saber más razones visita: bit.ly/3G1geqm).
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Saber que Jesús resucitó lo cambia todo. Le da certeza a nuestra fe y firmeza a la esperanza que tenemos puesta en Él. Saber que es Dios, que todo lo puede, que cumple lo que promete, que dio la vida por nosotros y que no está muerto sino Vivo, y que así como Él resucitó, nos resucitará un día a nosotros, es la razón para seguirlo, amarlo, adorarlo, y querer que nuestros niños lo sigan, amen y adoren también.
Nota: Los artículos de la sección de opinión son responsabilidad única del autor y no representan necesariamente el punto de vista de Desde la fe.

