Opinión

Devoción a la Divina Misericordia. Qué es y qué no es

Que Dios es Misericordioso no es un mensaje nuevo. En la Biblia, ya desde el Antiguo Testamento hay muchas menciones al respecto. Leemos, por ejemplo, en el Salmo 118, una y otra vez: “dad gracias al Señor porque es Bueno, porque es eterna Su misericordia.”, y desde luego Jesús mostró, de palabra y de obra, infinita misericordia.

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Pero propiamente la devoción a la Divina Misericordia prendió en los corazones y se extendió en todo el mundo a raíz de que Jesús se apareció a la que nombró Su “secretaria de la misericordia”, santa Faustina Kowalska, religiosa polaca, a la que le reveló que Él es infinitamente Misericordioso, y pidió difundir Su imagen, una Coronilla, una novena y otras oraciones, y que el Segundo Domingo de Pascua se celebrara la Fiesta de la Divina Misericordia.


Como Jesús prometió grandes bendiciones a quienes se acogieran a Su Misericordia, esta devoción se ha vuelto muy popular, pero cabe cuestionar si no ha pasado, como con otras devociones que, como ésta, incluyen promesas para sus devotos, que hay quien simplemente la usa como ‘fórmula mágica’ creyendo que será su ‘pase automático’, su boleto para un ‘vuelo sin escalas’ al Cielo.

Por ello conviene considerar qué es y qué no es la devoción a la Divina Misericordia.

NO ES un permiso para pecar, al fin que como Jesús es taaan Misericordioso, no importa qué pecados cometamos, basta haber rezado alguna vez la Coronilla y tendremos asegurada la salvación.

Es cierto que Jesús prometió que tendría misericordia de quien rezara, al menos una vez en la vida y con devoción, la Coronilla de la Divina Misericordia, pero nunca dijo: ‘quienes la recen, pueden luego cometer toda clase de pecados, no se preocupen, cuando mueran le dicen a san Pedro que rezaron la Coronilla y les abrirá las puertas del Cielo.’ No dijo eso. Vemos en los Evangelios que a los pecadores Jesús siempre les pedía que no volvieran a pecar. Quien vive pecando, vive diciendo no a Dios, y es probable que cuando le llegue la muerte, siga diciéndole no a Dios. Y por más que haya rezado una o muchas Coronillas, corre el riesgo de condenarse porque no será salvado contra su voluntad. Decía san Agustín: “Dios que te creó sin ti, no te salvará sin ti.”

SÍ ES una certeza: la de que no importa qué tan bajo hayamos caído o qué tan lejos nos hayamos apartado de Dios, si volvemos hacia Él, arrepentidos, nos recibirá, Misericordioso, con los brazos abiertos. Decía san Francisco de Sales que nuestras miserias hacen Misericordioso a Dios, pues si no fuéramos miserables, Él no tendría que ser Misericordioso.

NO ES un escape que nos permita evadir las consecuencias de nuestros pecados. El padre Mike Schmitz narra que a un adolescente sus papás le entregaron el dinero que ocuparía todo el año para útiles, ropa, salidas, diversiones. Le pidieron administrarlo bien. Se lo gastó a lo tonto en pocos días. No pasó necesidad porque vivía con ellos, pero ya no pudo comprarse lo que quería o necesitaba. Al año siguiente no cometió el mismo error. Aprendió la lección y fue prudente. Enfrentar las consecuencias de sus decisiones le hizo bien. Así también a nosotros, Dios, en Su Misericordia nos perdona, pero nos deja experimentar las consecuencias de nuestras acciones, para que aprendamos y nos enmendemos.

SÍ ES un grandísimo consuelo: el de saber que Dios no sólo todo lo puede y todo lo sabe, lo cual podría darnos terror, temiendo que nos juzgue sin piedad, sino que es Misericordioso, por lo que siempre nos mira con benevolencia, dispuesto a alentar y a creer nuestros propósitos de enmienda, a aceptar nuestra contrición y darnos Su perdón.

NO ES un ‘seguro contra accidentes’ que garantiza que todo en la vida nos saldrá bien y nada malo nos pasará. Estando en este mundo podemos sufrir lo mismo que cualquiera. La diferencia es que al encomendarnos a la Divina Misericordia, el Señor nos ayuda con Su amor y Su gracia para que podamos superar, con fortaleza y paz, lo que nos toque enfrentar.

JMJ