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3 errores que no debes cometer con el diablo

No hay que sobreestimar, pero tampoco subestimar lo que el diablo puede realizar.
La existencia del demonio es dogma de fe, es decir que no es opcional creer o no que existe, es una verdad que los católicos debemos afirmar.
La existencia del demonio es dogma de fe, es decir que no es opcional creer o no que existe, es una verdad que los católicos debemos afirmar.

Advierte san Pedro: “Vuestro adversario, el diablo, ronda como león rugiente, buscando a quién devorar. Resistidle firmes en la fe” (1Pe 5, 8-9). ¿Qué significa esto? Siempre decirle sí a Dios y no a Satanás.

Lo recomienda el Apóstol Santiago: “Someteos a Dios; resistid al diablo y él huirá de vosotros. Acercaos a Dios y Él se acercará a vosotros.” (Stg 4, 7-8).


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Te presentamos algunos errores que los católicos debemos evitar cometer.

1. Creer que no existe

Hay quien cree que el diablo es ‘un invento de los curas’ para asustar a los niños para que se porten bien, o una oscura fantasía medieval, o simplemente un mito inexistente. No es así. El demonio existe. La Biblia deja muy claro que cuando se refiere a él no habla de un símbolo, o de un ser imaginario, ni se refiere a la maldad humana, y las personas poseídas por el diablo no son enfermos epilépticos que convulsionaban y que por la ignorancia de la gente de ese tiempo eran tenidos por endemoniados. No.

En los Evangelios vemos que Jesús realmente ordenaba a demonios que salieran de la gente, los dominaba y los hacía callar. Se dirigía, como lo enseña la Iglesia, a seres espirituales, personales, con inteligencia y voluntad. Quien dude de la existencia de Satanás, que vea un exorcismo o pida a un exorcista le cuente las manifestaciones sobrenaturales y aterradoras que ha presenciado y que no dejan lugar a dudas de que un poseso está en verdad endemoniado.

Hay que leer lo que enseña al respecto el Catecismo de la Iglesia Católica #391-395. La existencia del demonio es dogma de fe, es decir que no es opcional creer o no que existe, es una verdad que los católicos debemos afirmar.

2. Considerarlo simpático

Hay quienes tienen la equivocadísima idea de que el diablo no es más que un personaje travieso, divertido. Les da risa verlo hacer ‘diabluras’ en las ‘pastorelas’ y les parece simpatiquísimo disfrazar a sus niños de ‘diablitos’ y llevarlos a pedir ‘Halloween’.

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Nada más alejado de la realidad. Este ser no tiene nada de simpático. Es el enemigo de Dios, es el culpable de que haya pecado en el mundo (ver 1Jn 3, 8), es el que tentó a Jesús intentando desviarlo de Su plan de salvarnos (ver Lc 4, 1-13), es el que ha inspirado todas las mentiras, asesinatos y atrocidades que por sí mismo jamás se le hubieran ocurrido al ser humano.

No permitas que te simpatice, no te confundas, él te detesta y lo único que busca es hacerte tropezar y caer, que te sueltes de la mano de Dios y te vayas con él, no porque te aprecie y quiera tenerte consigo para siempre, sino porque le da rabia y envidia que puedas tener lo que él perdió, la felicidad eterna. Él no quiere tu salvación, quiere tu condenación. Así que no sólo es muestra de ignorancia, frivolidad y tontería vestir a los niños de diablo y considerarlo chistoso, es peligroso: es como entregarlos en sus manos, ‘ponerles la camiseta’ de su equipo, enseñarlos, desde chicos, a amarlo e imitarlo.

3. Caer en extremos

Hay quien vive aterrado, pensando que el diablo se le va a aparecer o lo va a poseer o se lo va a llevar en cualquier momento. Llegan a considerarlo casi como igual a Dios pero en versión mala. Es un error. El diablo no es dios, es una criatura, y como tal es limitado. Es verdad que como ser espiritual, tiene más poder que nosotros, pero nosotros no estamos solos, tenemos la ayuda de Dios, que sí es Todopoderoso. Aceptémosla manteniéndonos en amistad y en comunicación con Dios, en estado de gracia (por medio de la Confesión y la Sagrada Comunión), leamos la Biblia, procuremos amar, perdonar, ayudar a los demás, es decir, vivamos una vida cristiana.

Ahora bien, tampoco hay que caer en el otro extremo y creer que podemos invocar al diablo y no pasa nada. Sí pasa. Si le abrimos la puerta. Mucha gente ha sufrido diversos grados de dominación satánica porque creyó inofensivo jugar a la ouija, practicar magia, ocultismo, recurrir al reiki, tarot y otras supersticiones. Cuidado. Con eso no se juega, tiene desastrosas consecuencias.

 

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