La fiesta de nuestra fe

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COLUMNA

Ángelus Dominical

La fiesta de nuestra fe

Me resigno a que desaprovechemos las oportunidades para seguir manifestando pública, pacífica y festivamente nuestra fe; es más, intuyo que la misma ciudad reclama con mudas ansias un auténtico espacio festivo cíclico

7 junio, 2026
La fiesta de nuestra fe
La solemnidad del Corpus Christi se originó por un milagro eucarístico que ocurrió en el siglo XIII en Bolsena, Italia, Foto Especial.
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LUEGO DEL SALUDO inicial viene el acto penitencial: somos pecadores y sospecho que nos falla la sinceridad mientras nos gana la rutina, pues a fuerza de pedir perdón en serio deberíamos haber superado ya que defectos y carencias, que vicios y mañas… NO ES ESTE EL MEJOR LUGAR y ni soy quién para pedir perdón por hechos que rebasan lo particular, que no me competen directamente aunque de algún modo esté involucrado ya por comisión, ya por omisión; y para decirlo directo y claro, tú y yo hemos faltado en darle a la celebración del Corpus un mejor lugar, un mayor esfuerzo, una vivencia más auténtica… SÉ DEL ESFUERZO enorme que han invertido los organizadores en la procesión del pasado jueves, sé que el éxito no radica en números ni en lucimientos exteriores, sé de complicaciones logísticas, climáticas, sociales y políticas que conlleva una procesión devocional en medio de una ciudad caotizada y ajolotizada, pero también sé que a 500 años de la primera procesión de Corpus, acaso quedamos enanos… ALLÁ POR EL AÑO 1770, el arzobispo Francisco Antonio de Lorenzana y Butrón, de quien alguien dijo que era “varón virtuoso y docto, pero que pasaba por tímido e irresoluto”, y de quien se dice era “renuente a las manifestaciones religiosas populares, a las procesiones y a toda la parafernalia de las cofradías”, buscó cambiar y regular lo que consideró era un exceso y desviaba la atención de lo importante… SUS DOS SUCESORES anduvieron el mismo camino y ya para 1790 se contaban diversas prohibiciones que fueron apagando el tono festivo exterior y que, sin duda, poco a poco fue llevando a menguar el ánimo tanto de indios, criollos y peninsulares; hay datos que para 1813 (ya en medio de las insurgencia independentista) el influjo afectaba a ciudades del interior del país… NO SUEÑO CON REGRESAR a qué esquemas del pasado, pero tampoco me resigno a que desaprovechemos las oportunidades para seguir manifestando pública, pacífica y festivamente nuestra fe; es más, intuyo que la misma ciudad reclama con mudas ansias un auténtico espacio festivo cíclico –reiterativo- porque la fugacidad de un evento “mundialista” termina por ser mera ficción, recreo de turistas ocasionales y lucimiento –o mero provecho- de autoridades “ajolotizadoras”… NO OBSTANTE LO DICHO, ya tomaremos aire e impulso para lo que la Providencia Divina permita que podamos resarcir y mejorar en un futuro próximo, de modo que la súplica de perdón a Dios se convierta en gratitud festiva.

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