Opinión

Hermosa tarea, inculcar ideales en los niños

ES COMÚN Y FAMILIAR preguntarle a un chiquillo qué es lo que piensa ser de grande, y las respuestas surgen variadas e impredecibles, respuestas que enraízan en lo lógica más elemental o vuelan rayando una fantasía arquitectónica; los chamacos responden con espontaneidad valentona o acaso se quedan mudos y no por pena sino por miedo (¿en serio?)…

SI EL PAPÁ es médico, su hijo podrá imaginar el mismo camino; si la mamá es buena pianista, tal vez la hija se aficione; acaso el chamaco esté pensando en ser astronauta o bombero por las historias y los atuendos atractivos, tal como las niñas soñarán ser enfermeras o gimnastas; si un papá sugiere que su crío sea fisicoreconstrutivista con especialidad en traumas cráneo-encefálicos o una mamá opina que su hija sea procuradora de fiscalía general para asuntos interinstitucionales, pues los escuincles seguro se quedarán con cara de sope de antier…

HERMOSA TAREA de los adultos es inculcar ideales y proyectos en los menores y así se va sembrando -como semillas que germinarán hasta convertirles en enormes árboles- el futuro de nuestros pequeños; pero hay que poner una especial atención para que vayamos manifestando aprecio por lo noble y bueno, y rápido demos razón para desechar esquemas que -aunque parezcan juego- no son dignos de aprobación alguna, pues que un niño imagine que destruye a todos sus enemigos o una niña tenga por ideal su propia vanidad, pueden ser los inicios de lo que menos esperamos…

ESTÁ CLARO QUE NO HAY un camino preciso y único para las nuevas generaciones, y que las respuestas humanas siempre son impredecibles, pero no es obstáculo para propiciar las grandes decisiones del futuro que ya se inician con las pequeñas decisiones del presente; y para decirlo más rústicamente: si tu hijo juega con la sencillez de unas canicas y tu hija despliega actitudes maternales con sus muñecas, tendrás mayores satisfacciones y éxitos que si los enjaulas con la pantalla de un aparato y los encadenas con la novedades tecnológicas…

ES EN EL HOGAR y con los procesos de socialización -muy naturales- que los niños van aprendiendo a respetar y respetarse, lo mismo que a solucionar los pequeños problemas y desafíos que la vida les presenta; pero si los saturamos de natación, karate, curso de computación, y los estresamos con la violencia doméstica, electrónica, virtual, y con la desorganizada prisa de los adultos, que ponte el suéter, que ahora quítatelo, que ya te dije mil veces que no subas los pies, que te calles que estoy ocupado, ¡¿qué no puedes quedarte quieto???!, que yo no era tan latoso, que es niño con síndrome de hiperactividad convulsiva crónica y repelente a la disciplina (¡¿?!)  pues estamos construyendo un auténtico monstruo…

EN LO POCO QUE PUEDO pensar e imaginar (y conste que el potencial humano es casi infinito) concluyo que los problemas que estamos viendo en los púberes y adolescentes (y en los infantes también) son un sencillo reflejo de lo que no hemos podido enfrentar los adultos, de lo que no hemos asimilado los mayores, de la postergación de nuestros propios traumas y conflictos irresolutos…

ME COLOCO EN POSICIÓN contraria a lo que afirmo y veo que hay niños que crecen con libertad y servicio porque hay adultos que se desarrollan con una madurez basada en disciplina y trabajo, hay adolescentes que -no obstante su inquietud apabullante- se mantienen en respeto y colaboración porque hay adultos abiertos a valores y no a cualquier porquería de pensamientos…

PONGO EL DEDO en la llaga (¡ay, dolor, ya me volviste a dar!) para insistir que eso de la “apertura de pensamiento” no debería entenderse ni aplicarse en recibir y aprobar cualquier opinión (o tontería) de moda (¡NO!), sino en aceptar los valores y los ideales que respondan al bien personal y común, que abonen a la convivencia y auténtico respeto; digamos que un bote de basura es para meter lo inservible y desecharlo, y que una bóveda o caja fuerte es para conservar las joyas y lucirlas en el momento adecuado…

HECHOS TAN LAMENTABLES como los que tú puedas observar a tu alrededor (ayer, hoy y siempre) debemos abordarlos y manejarlos sin pánico ni desesperación, hemos de aprender de ellos para seguir buscando los mejores modos para crecer; muy mal haríamos cayendo en el miedo o la angustia, encerrándonos en la desconfianza o amarrándonos en el sospechosismo (¿y eso qué es?)…

SI ME PREGUNTAN qué quiero ser cuando yo sea grande, ¡ya tengo lista la respuesta!: quiero ser como niño que crece al amparo cuidadoso y respetuoso de sus padres, tíos, abuelos; como niño que conserva la ilusión y la esperanza de crecer, como un niño sin malicia adquirida ni violencia inculcada, como un niño que sabe jugar con sus hermanos y sabe dormirse en los brazos de su Padre-Dios (¡Gracias, Jesús, por habernos enseñado que de los que son como ellos es el Reino de los cielos!)…

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