Opinión

Ángelus dominical: Tres heridas que no se ven

LA VEZ ANTERIOR escribía con una música de fondo, hoy lo hago en silencio, y comentaba sobre Panchita -feligrés a la que llevé el Viático- y sobre Ennio Morricone, hoy los dos ya han fallecido; también comentaba que hemos de prepararnos -todos- para el último momento y sí: varios comentarios he recibido sobre lo difícil que les resultó leer…

HOY QUIERO COMENTAR sobre algunas heridas graves -por ahora sólo abordaré tres- que llevo conmigo desde hace tiempo, que no sólo son propias, que no son visibles y que dejan profunda cicatriz, que no sanarán rápido y parecería que se renuevan de cada en cuando…


TODA HERIDA HABLA de la fragilidad como elemento constitutivo de la existencia humana tanto como de los elementos que nos dañan y que tal vez podrían haberse evitado, y si nos ceñimos a las heridas físicas, podemos ver la primera que adquirimos -inevitable- en el centro de nuestro propio cuerpo: el ombligo; pero dejo aparte las heridas físicas y hablaré de tres heridas -así dije- que no se ven…

SEMANAS ATRÁS VIMOS imágenes que llenan de indignación, de rabia, que desconciertan a quien utiliza sus cinco sentidos y echan mano -además- del sentido común: estatuas y monumentos derribados por hordas de fanáticos frenéticos con pretexto -sin razón- del grave abuso de autoridad que ocasionó la muerte al señor Floyd; se hubiera hecho mejor honra con el respeto a las leyes, justo en el país que presume de su sistema de justicia…

DEJANDO APARTE la excepción y la particular circunstancia, buen número de las efigies dañadas hacen memoria de Cristóbal Colón o de San Junípero Serra, personajes -como otros muchos- que deberíamos conocer y estudiar en su contexto y no sólo desde nuestro presente, pues hacer un juicio histórico siempre tiene el tremendo riesgo de una dolosa y garrafal equivocación…

AQUÍ UBICO LA PRIMER herida que sufro casi en secreto y no se ve, que padecemos en público y luego ya no la notamos: una “herida histórica” que periódicamente se va renovando fermentada en la ignorancia, sazonada con la pérdida de un horizonte más amplio de análisis, y coronada con el rechazo vergonzoso de nuestras propias raíces…

EN DÍAS PASADOS surcó por todo el mundo una noticia llena de afán vengativo y de regresión política: la Basílica de Santa Sofía, en Estambul, volverá a ser utilizada como mezquita luego de los decretos y cambios jurídicos y administrativos encabezados por el presidente de Turquía, que ciertamente no es el menos sensato de los políticos…

AQUÍ UBICO LA SEGUNDA herida que me duele y rebrota a diversas escalas: una “herida cultural” -así me atrevo a llamarla-, producida por quien se aprovecha de un cierto nivel de radicalismo religioso y echa mano de un oportunismo con afán de ganar simpatías de votantes; yo estoy cierto que si Mustafá Kemal “Ataturk” viviera (“padre de los turcos”, fundador y primer presidente de la república de Turquía) desaprobaría rotundamente lo que su tataranieto político está haciendo…

SÉ QUE LO ES FÁCIL tomar decisión alguna cuando se está en la cumbre -son decisiones casi siempre “solitarias”- y tales decisiones suelen ser casi de vida o muerte; y para darle vuelta a este punto, solo me atrevo a sospechar que Ataturk seguirá vivo y feliz en la memoria turca, mientras que otros solo harán sombra y no más…

YA UBICO LA TERCERA llaga que me aflige y quiero llamarla “herida ecológica”; no haría falta hablar sobre la Amazonía ni recordar nuestros mares que se van llenando de plástico, sale casi sobrando mirar los asfaltos que pisamos o los que respiramos (¡así de negra tenemos la atmósfera!), tampoco hay que subrayar el desperdicio o el despilfarro como pus que infecta tal herida invisible…

Y SIGO EN SILENCIO escribiendo hasta con cierto espíritu estoico pero con ganas de que sea -más bien- un espíritu evangélico, y hacía allá quiero llegar, pues creo firmemente que si nos pescamos del Evangelio, de plano no habrá filosofía, ideología, o paradigma cultural que nos logre sacar – integralmente- de los atolladeros que nos vamos construyendo…

Y ASÍ, EN EL SILENCIO viene a mi memoria la palabra de Jesús que afirma: “No hagan frente al que les hace el mal” (Mt 5, 39), y es afirmación que siempre podremos profundizar aunque el silencio se interrumpa de cada en cuando por los ruidos habituales de la urbe (“se compraaan colchones”)…

AYÚDENME A SANAR tales heridas invisibles desde su propio ambiente, y lo primero que podríamos hacer es no seguir rascando con las uñas mugrosas, es decir, ¿para qué devolvemos mal por mal, o para qué nos quedamos en la ley del “ojo por ojo”?; lo primero que debe hacer cualquier enfermo o herido, es reconocer su estado de necesidad y dejarse ayudar a sanar…

ESTOY CONSCIENTE que difícilmente podremos librarnos de herirnos o de ser heridos, y ciertamente es un reto convertir la herida más tremenda en una llaga gloriosa: Jesús lo hizo con su resurrección y hasta allá quiero llegar…

Puedes leer: Papa Francisco en el Ángelus, ¿Cuál debe ser nuestra actitud ante el mal?

 

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