Opinión

Ángelus dominical: Tras 30 años volvió al Sacramento de la Reconciliación

ESCRIBO LLEGANDO CASI a la medianoche: el día fue ajetreado y saturado de cosas ordinarias y casos extraordinarios -como siempre-, la diferencia hoy la marca el tiempo que se le tuvo que dedicar a cada situación, algo que no siempre está bajo un control total…

Y PARA COMPARTIR apenas uno de esos casos, les diré que atendí ampliamente a un penitente que ya llevaba más de treinta años de no recibir el sacramento de la reconciliación; y el meollo del asunto no estriba tanto en el contenido de la confesión como en la evidente necesidad del perdón de Dios que ansiaba mi hermanito feligrés…

LA CONCLUSIÓN DE TODO el rato, no fue sólo la absolución tan esperada sino el significativo abrazo conque la paz llegó a su corazón y al mío, pues yo mismo me veo reconstruido cuando otro es rescatado, yo mismo aprovecho la salvación que Dios ofrece al que se muestra arrepentido, yo mismo crezco cuando veo que el otro se levanta, yo mismo -canal inmerecido por donde corre su gracia- me regocijo cuando el hijo que un día se largó, hoy vuelve a vestir, lucir y calzar como aquel de la parábola: ¡en los brazos de Padre Dios!…


EN EL ESTADIO CUNDE la emoción cuando los jugadores ponen alma, vida y corazón en su competencia, y de modo semejante me veo invadido por la emoción cuando el pecador se abandona a la misericordia de Dios, que es “lento para enojarse y generoso para perdonar”, como dice el salmo…

TE INVITARÉ, AMABLE LECTOR, a que realices el sacramento de la reconciliación pero muy lejos de un mero cumplimiento, muy lejos de buscar un simple desahogo a los problemas de la vida, y más lejos aún de pretender sentirte el “bueno” y contraponiéndote a tanto miserable pecador que no atina a dar pie con bola…

TE ROGARÉ, ATENTO LECTOR, que cuando te presentes ante el hombre que no es más que ministro te ubiques ante el mismo Jesús que prodigó su perdón salvador y sanador, que no veas nuestra miseria muy humana sino que te abandones a su presencia toda divina: muy conscientes somos que lo que inicia como un tribunal merecido a donde acude voluntariamente el reo, debe concluir como fiesta gratuita y total donde el perdón es rostro del Amor que nos dio la vida y nos levanta sencillamente porque es Bueno y Misericordioso…

CON EL PESO DEL DÍA y el cansancio en los ojos, tuve que poner pausa obligada a estas líneas, pero el corazón siguió en alerta y en el sueño -¡bendito sueño!- la fantasía también se enfiló en el tema: soñé una celebración en donde el acto penitencial se prolongaba hasta que llegaban todos los que esperábamos, en donde el adorno no eran velas ni flores o lienzos en las paredes, sino la presencia de quienes seguían llenando el recinto sin que nadie se sintiera ni apretujado ni incómodo, sin que nadie tuviera prisa o miedo, sin que nadie se sintiera ajeno ni indispensable; y seguí soñando y soñando hasta que el pensamiento estaba otra vez lúcido y tal parece que terminaré mucho antes de que el sol se asome por el horizonte…

EN DÍAS PASADOS ha presentado su renuncia definitiva a toda participación política (fungía como senador y con toda lucidez pese a sus años) el expresidente de Uruguay, José Mujica; centro de su despedida fueron unas palabras poéticas y proféticas (la profecía es anuncio de la salvación de Dios, no la supuesta visión -meroliquera- de un futuro a conveniencia) que transcribo literalmente: “En mi jardín hace décadas que no cultivo el odio, el odio termina estupidizando porque nos hace perder objetividad ante las cosas (…) el amor es creador y el odio siempre destruye”…

CON GUSTO Y GRATITUD escribo aquí sus palabras porque han sido precedidas por la coherencia probada y el testimonio claro; no son palabras de fachada ni superficializadas con la socarrona sonrisa de quien proclama abrazos porque a propósito quiere ignorar tantos balazos; y que sus palabras nos animen a todos -¡a todos!- a sentar con objetividad los pies en el suelo para que la mirada se lance con decisión hacia el cielo…

NO SOY QUIEN PARA DECIRLO, pero alcanzo a comprender que los verdaderos cambios no se generan como resultado de un discurso bonito, ni serán efectivos porque se divulgaron en cadena nacional, o porque se manipulan y acomodan leyes y aficionados; más bien son precedidos y generados gracias a una experiencia de vida que nos marca de manera radical y honesta, y su eficacia no puede cantarse a corto plazo y como acto de magia: los verdaderos y buenos cambios son como una semilla de mostaza, que poco a poco va creciendo y sin que el sembrador sepa cómo llega a ser un árbol a donde vienen a poner su nidos las aves del cielo…

EN ESTE AÑO noviembre comienza siendo domingo -¡celebrando a todos los santos!- y el lunes 2 -¡conmemorando a todos los difuntos!- le sigue en mancuerna que nuestra tradición saborea con afecto, con pan de muerto y gratitud a quienes nos precedieron: que a todos nuestros difuntos les ilumine el Sol de Justicia, cuyo tenue reflejo es el minúsculo sol que ya pronto se asoma por el horizonte (me vuelvo rápido a la cama para que me encuentre durmiendo)…

 

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