Opinión

Ángelus dominical: Preparación a la Cuaresma

NOS ESTAMOS ACERCANDO a la Cuaresma y –aunque no me corre prisa- quiero ir adelantando alguna palabra que nos ayude para antes y después del miércoles de ceniza; y me pescaré de la palabra latina “confiteor” (confesar) que posee dos acepciones o significados ricos y jugosos, saludables y bellos, constructivos y nobles, pero…

ANTES DE QUE OTRA cosa suceda te pregunto: ¿sentiste el temblor?, y la pregunta viene a colación porque estoy escribiendo con bastante antelación a la fecha en que me lees y no sé si haya temblado, o haya habido inundación o quemazón, o cualquier otra catástrofe, o solo sean mis nervios; de cualquier modo seguimos en febrero loco y nunca debemos dejar de estar atentos…

ME UNO DE CORAZÓN al noveno aniversario de la conclusión del pontificado del Papa Benedicto XVI (28-febrero-2013); fue aquella una jornada especial por las múltiples razones que ya están dichas y reflexionadas, pero me acuerdo de algo que aconteció en mi entorno: me puse de pleito con un fulanito (ni su nombre quiero recordar) que calificó tal renuncia de cobardía, ¡hágame el favor!…


CONSIDERO QUE UN ACTO de cobardía hubiera sido continuar al frente de una responsabilidad así de enorme, a sabiendas que las fuerzas y capacidades iban mermando cada vez más; y que nadie se apresure –si acaso hay por ahí un lector superficial- a aplicar mis palabras al Papa San Juan Pablo II, pues ciertamente consideró poder seguir adelante –y hasta la muerte- apoyado en sus colaboradores más cercanos (entre ellos el cardenal Joseph Ratzinger)…

TAMBIÉN QUIERO unirme de todo corazón a los acontecimientos que puedan darse en próximos y azarosos días: un temblor de gran intensidad, la muerte del presidente de cualquier nación, el descubrimiento de lo inimaginable, la pérdida de lo considerado valioso, y/o -¿por qué no?- la conclusión de tensiones bélicas internacionales, la producción de algún medicamento importante, y cualquier otra noticia que venga a alegrar el corazón humano…

VAYAMOS A LA PALABRA “confiteor” (confesar) y aunque su significado ordinario –en ambiente de fe- se asocia al sacramento de la reconciliación, también señalemos que tiene el sentido de manifestar, de dar a conocer algo oculto, de proclamar alabanza o gratitud…

Y PARA EXPLICAR más cómodamente el asunto, te confesaré la enorme alegría que siento cuando los auténticos expertos en asuntos de pandemia afirman que pronto superaremos la etapa crítica de contagios, que no se acabará el virus pero que –como humanidad en general- ya estamos en vísperas de “convivir” con el tal bichito sin que nos afecte más, tal como ha sucedido con taaaaantas otras enfermedades…

HAY UN CÁNTICO en lengua latina que toma un versículo del salmo 135 y dice tal cual: “Confitemini Domino, quoniam bonus”, y mientras que unos traducen “Alabemos al Señor porque es bueno”, otros traducen “Demos gracias al Señor, porque es bueno”; y si nos ponemos más literales, rejegos y estrictos, pues hasta deberíamos decir “confesemos/manifestemos al Señor, porque es bueno”…

LA CLARA Y DOCTA pluma de San Agustín, nos dejó en su libro “Confesiones” el relato de las vicisitudes que vivió y que le llevan a reconocer la infinita misericordia de Dios, de modo que lo mismo puede narrar sus propias miserias que esperan el perdón de Dios, como su progreso en la fe y en el servicio que le llevan a una gratitud sin par…

TRANSCRIBO A LA LETRA lo que me encontré en el libro titulado “Para comprender la Eucaristía” (Verbo Divino, Pamplona, 1997, p. 27), en donde el autor -Xavier Basurko- citando a Robert Ledogar dice: “el doble significado del término ‘confesar’ en la tradición judeo-cristiana es alabanza pública a Dios y, al mismo tiempo, reconocimiento de la culpa ante Él”…

Y COMO YA DECÍA que no tengo prisa en que llegue la Cuaresma, de todos modos te invito –¡y hasta suavemente te conmino!- para que desde antes del miércoles de ceniza y mucho después de que acabe el tiempo de Pascua, sencillamente te dediques a confesar la gran misericordia de Dios, tanto en la súplica de su perdón como en la alabanza de su bondad, y para que el asunto no quede sólo en relación con Él, también dedícate a pedir perdón al prójimo que has ofendido y a proclamar las bondades que sin duda ha de tener…

 

 

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El padre Eduardo Lozano es sacerdote de la Arquidiócesis Primada de México.

 

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