Opinión

Ángelus dominical: Ofrece un ‘rincón’ de tu pobre posada y tu corazón

LA PRIMERA POSADA la viví con toda la discreción posible, con apenas algunos participantes que, luego de la oración ante Jesús Eucaristía (fue el jueves), salimos a la plaza que toma nombre del patrono parroquial (San Simón el Cananeo) y toma apellido del toponímico que significa “entre los tules” (Tolnáhuac)…

“HUMILDES PEREGRI-INOS:/ Jesús, María y José,/ mi alma doy por e-ellos,/ mi corazón también”; la tonada de esta sencilla jaculatoria resuena por diversos rumbos de todo México, con variaciones lo mismo en la letra que en la melodía, y en todo caso siempre hay que poner el corazón al cantar, que de otro modo solo quedaremos haciendo ruidito…

EN LA SEGUNDA POSADA tuve la visita de quienes colaboran y sirven al Pueblo de Dios en esta Arquidiócesis de México y trabajan en la oficina de comunicación social, unos como reporteros, otros son fotógrafos, quién más está en cuestiones de diseño gráfico, de edición, de relaciones públicas, de finanzas, y de cada en cuando me uno a ellos para darles lata (y hasta me caen bien)…

“OH PEREGRINA AGRACIA-A-A-ADA,/ oh bellísima Marí-í-í-ía,/ yo te ofrezco por posa-a-a-ada/ el corazón y alma mí-í-í-ía”; otra jaculatoria que se oye doquier, con ritmos que van desde un “allegro vivace” hasta un “largo cuasi fúnebre”, pero siempre con la intención de acompañar a la Madre de Cristo, que ante las naturales dificultades, ante las circunstancias adversas y ante los engorros humanos, contó siempre con la cercanía y cariño de José…

LA TERCERA POSADA –ayer- con una luna esplendorosa, como iluminando el camino que lleva a Belén, como si fuera el ojo nocturno de Dios que a nadie descuida y menos a aquellos que más lo necesitan, como si fuera fresco oasis en medio del oscuro desierto celestial tapizado de brillantes arenas y una que otra fugaz de cada en cuando…

“YA SE VA MARÍA/ muy desconsolada/ porque en esta casa/ no le dan posada”; estos versos ya no son jaculatoria, sino más bien un sencillo reclamo que nos debería doler cada vez que cerramos la mano, la puerta, el afecto, la comprensión, la oportunidad a quien sea; les diré que antes cantaba tales versos pero ahora ya no me gusta hacerlo, y tal vez porque me echa en cara mi propia indiferencia ante la necesidad ajena (¡glup!)…

LA CUARTA POSADA la estoy viviendo aquí, con cada lector que domingo a domingo me abre las puertas de su atención, con quienes multiplican estas líneas re-enviándolas a sus propios amigos o conocidos; y aunque no vea de qué modo me reciben, me dará consuelo saber que en algo puedo ayudar, que eso de quedarse sólo en “visto” tal vez a nadie se le desea…

“E-EN NOMBRE-E DEL CIE-E-E-LO”, tales versos parecen ser los más cantados en estos nueve días, dándole voz no solo a las imágenes de José y María (acaso del burro y el ángel) sino también a tantos migrantes y desempleados, a tantos ancianos que necesitan el asilo del corazón más que el de una casa de reposo con todas las comodidades, a tantos niños que deben aguantar desplantes y enojos de adultos, a tantos enfermos o presos que anhelan la posada de la cercanía y la comprensión…

LA QUINTA POSADA y las restantes ya se irán definiendo, pero buscaré que en todas sigan siendo centro los tres peregrinos: dos visibles y el tercero aún escondido, dos amados y el tercero siendo fuente del Amor, dos –muy humanos- que avanzan en la oscuridad de la noche y el tercero que es Dios de Dios y Luz de Luz, Dios verdadero de Dios verdadero, tal como rezamos en el credo…

“ENTREN SANTOS PÉREGRINOS, péregrinos”, y lo escribo –a todo propósito- con un acento gráfico en donde nos gusta insistir cuando cantamos, como para ofrecerles “un rincón”, pero tal como alguna vez escuché: “no de esta pobre posada, sino de mi corazón”; sí, eso es lo que siempre hemos de ofrecer…

LA NOCHE DE NAVIDAD celebraré la Santa Misa y en las intenciones los incluiré a todos ustedes, amables lectores, con el propósito de que se sientan arropados en los mismos pañales y pajas que envolvieron a Jesús, con la intención de que experimenten la calidez y cercanía de María, Madre de Dios y Madre nuestra, con la finalidad de que sientan el arrullo y protección de José, que ciertamente no entendía todo lo que sucedía pero que siempre aceptó por puritititito amor, amor que daba y recibía, amor de Dios y de María, amor de hombre lleno de valentía…

 

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El padre Eduardo Lozano es sacerdote de la Arquidiócesis Primada de México.

 

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