Opinión

Ángelus dominical: “No hay loco que trague fuego”

LAS CUENTAS SIEMPRE RESULTAN -¡qué curioso!- a favor de la vida y la paz; y esto es tan cierto, que de otro modo ya ni estaríamos con vida ni estaríamos trabajando en favor de la paz, ni tendríamos la esperanza de seguir avanzando a pesar de tantos tropiezos…

MUY RARA OCASIÓN veo la televisión y hace unos días me asomé –muy poquito- y volví a constatar que el único cambio es que dejó de ser una caja para convertirse en tabla y cada vez más grande y esbelta: sus contenidos (ten en cuenta que hablo de manera general) igual de fatuos y empalagosos… 

PLATIQUÉ SOBRE MASCOTAS –muy levemente- y con mi interlocutor concluíamos que en vez de confirmar nuestra humanidad, el trato generalizado con los animales nos ha llevado ¡a animalizarnos!, de ahí que les damos trato como si fueran personas y a las personas como si fueran animales…




VUELVO A HACER cuentas y el resultado sigue siendo a favor de la inteligencia, de la libertad, de la belleza, de la esperanza en un mundo mejor, porque aunque parecería que nos esforzamos denodadamente en destruirnos y animalizarnos, en superficializarnos y vanalizarnos, ¡volvemos a salir a flote!, ¡continúa triunfando todo el bien con el que Dios quiso hacernos a su imagen y semejanza!…

NO QUIERO CAER en un optimismo barato ni me estoy haciendo el loco como si los males y calamidades que generamos no existieran, pero date cuenta que con las tantas metidas de pata y con las innumerables mentiras y engaños, con las violencias cotidianas y los asesinatos imparables, y tantos otros modos de autodestrucción ¡era para que ya no hubiera humanidad sobre la faz de la Tierra!…

DIRÉ LO ANTERIOR con palabras un tanto extremas: un auténtico suicida lo es una sola vez, y los que no lo son tal vez le dan vueltas y vueltas y vueltas porque es mayor el instinto de supervivencia que las ganas de darse a notar, porque algún posible desajuste mental no ha llegado a descarrilarse según aquel refrán que dicta que “no hay loco que trague fuego”…

ES VERDAD QUE HAN DESAPARECIDO civilizaciones enteras por una y otra causa, pero es más verdad que tú y yo (junto con los casi ocho mil millones de personas que pisamos el planeta) somos prueba evidente de que el ser humano no ha sucumbido ni a sus propios y terribles errores: ¡somos sobrevivientes de nosotros mismos!…

VOCES Y GRITOS por aquí y por allá anuncian el fin del mundo y no ven otro modelo que la catástrofe y la hecatombe; ciertamente lo que llamamos cambio climático se ha dejado sentir con mayor intensidad y no lo podemos soslayar, pero tampoco debemos olvidar que en lo profundo del corazón humano sigue y seguirá encendida una luz que nos lleva a levantarnos una y otra vez de nuestras miserias, sigue y seguirá viva una chispa que vuelve a generar un enorme incendio: ¡ahí está la presencia de Dios!…

HASTA EN MI PROPIO y personal universo sigo viendo los pros y los contras, el haber y deber, la grandeza y la vileza, y las cuentas siguen saliendo en números negros, acaso un poco descoloridos, pero el resultado final es que “el soplo divino” no pierde su efectividad; esto me lleva a una afirmación atrevida: el ser humano desaparecerá de la faz de la tierra solo cuando Dios deje de estar presente en este bello Universo…

TE DIRÉ QUE ANOCHE me desvelé tremendamente y acaso ahí puedas ubicar alguna razón o causa para argumentar que mis cuentas están equivocadas, que son “cuentas alegres” las mías, que mis datos son muuuuy subjetivos, que ya no sé ni lo que digo, pero no; te aseguro que he revisado las variables, que no posicioné mal lo sumandos, que mis aritméticas siguen las leyes de la lógica más elemental y fundamental y el resultado es el mismo: el bien es siempre bien…

LO QUE DIJE ATRÁS sobre la televisión y las mascotas no fue mero distractor o relleno: con tales puntos me referí a la tecnología y al mundo que nos rodea para volver a constatar que hasta lo que parece inocuo tiene su propósito de restar y dividir, pero el ímpetu por sumar y multiplicar nos sigue elevando por encima de nuestros lodos…

NO HA DEJADO de resonar en mi mente –mientras escribo- lo que Jesús dijo antes de subir a lo más alto de los cielos: Yo estaré con ustedes todos los días, hasta el fin del mundo (Mt 28, 20), y son palabras que no nos deben llevar a una falsa y superficial confianza, sino a un compromiso constante y profundo para que las cuentas siempre salgan a favor, para hacer que la verdad y fuerza de la presencia de Dios no se deje nublar por los manotazos de nuestra frágil humanidad…

 

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El padre Eduardo Lozano es sacerdote de la Arquidiócesis Primada de México.

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