Opinión

Ángelus dominical: El padre Sabás Benítez

ESCUCHO A VIVALDI mientras escribo estas líneas; conocido -y muy escuchado- sobre todo por “Las cuatro estaciones”, tiene un impresionante número de obras y todas marcadas por su espíritu barroco; casi se ignora su trabajo por más de treinta años en el hospicio de “La Piedad”, donde eran recibidos huérfanos, expósitos, o infantes desamparados hasta que llegaban a la edad de quince, entre tanto, aprendían un oficio, se les enseñaba música, y todo -TODO- financiado por dinero de la República de Venecia…

HACE ALGUNOS AÑOS surgió la iniciativa de promover musicalmente a niños y jóvenes para evitar que cayeran en la vagancia y la ociosidad, terrenos donde fincan corrosivas y correosas raíces la violencia, la criminalidad, las adicciones y otros parientes de peor calaña; hoy no tengo noticia de estas iniciativas, pero si algo parecido a la República de Venecia dirigiera nuestros destinos sociales y políticos, ciertamente tendrían trabajo muchos “Vivaldis” (¡no los vivales!) de la actualidad…


MIENTRAS VIVALDI respiraba, comía y transpiraba música por cada poro de su piel, otro sacerdote al que de diversos modos acompañé desde que ingresó al Seminario Conciliar de México en agosto de 1991, resultó totalmente átono; muy hábil como profesor y gentil en su trato, pero no daba una en temas musicales: hoy recibo la noticia de su fallecimiento y -por supuesto- me da un vuelco el corazón…

EL PADRE SABÁS BENÍTEZ Hernández, ingresó al Seminario luego de una vida entregada a la docencia, en el trato con jóvenes que hoy son profesionistas, en la cercanía con numerosas generaciones de adolescentes a quienes supo inyectar formalidad y valores, civismo y fe, responsabilidad y respeto; desde aquellos años descubrí que su experiencia y cercanía con los jóvenes -de tantas escuelas y colegios- fue lo que le ayudó a compaginar con sus compañeros seminaristas de generación, que ciertamente no eran unas peritas en dulce…

ERAN MUCHAS Y VARIADAS las preocupaciones del P. Sabás (sacerdotales, humanas, familiares), y por encima de todas yo notaba una alegre entrega y una generosidad a prueba de crisis, como que su confianza en la Providencia Divina estaba centrada mucho más allá de lo meramente material y práctico; puedo decir que disfrutaba de dicha Providencia al saber que lo mejor que Dios nos da es su perdón y su misericordia, su salvación y su Amor Total…

YO LE AGRADEZCO a Dios el ministerio y la vida del P. Sabás, y a él siempre le agradecí su buen corazón, su nobleza y deferencia, su sencillez y respeto, al punto que cuando me iba a contar algún chiste, debía yo esperar a que terminara de reírse para poder -entonces- contármelo: ¡hasta en eso se notaba su calidad humana!…

AFIRMO CON FRECUENCIA que al cielo llegaremos para alabar a Dios ¡cantando! (cierto, sé que hay otros modos de alabarlo, pero con la música sucede algo muy especial), y entonces trato de animar a feligreses a que se esmeren y canten en la celebración de la Santa Misa o en su oración personal; esto mismo lo oyó el P. Sabás, y conociendo su atonía y desde su buen humor, me dijo con mezcla de solemnidad e ingenio: “¡Don Eduardo, pues yo no llegaré al cielo a cantar, sino a cargar las partituras de todo el coro celestial, que también eso hará falta quien lo haga!”…

DESDE AQUÍ ENVÍO una palabra de gratitud especial al Papa Francisco por las bellas palabras que acaba de escribir en torno a San José, esposo de la Virgen María, y con las cuales ha iniciado un año dedicado al humilde carpintero de Nazaret, son apenas unas pocas páginas pero resuman abundancia, calidez, profundidad (¡no dejes de leerlas!)…

POR CIERTO, ENTRE las gratas conversaciones que recuerdo con el P. Sabás está una en torno a los sueños de San José, pues el tema derivó hasta ahí porque me llegó a platicar que luego tenía noches de insomnio: “¡Pues ponte en manos de San José, -le decía yo- que en eso de dormir, él era experto!, y tanto que Dios prefería hablarle mientras dormía y no cuanto estaba despierto”…

HACE TRES DÍAS pregunté a los feligreses que llegaron a misa de 19 hrs.: “Cómo ven ¿celebraremos o no celebraremos la Navidad?”, y una personita que yo no había visto por aquí, rápido respondió: “No, padre, está prohibido hacer fiestas”; por supuesto que entiendo su afirmación en el contexto de la “alerta y emergencia” por la propagación del COVID-19; y más que estar prohibido “hacer fiesta”, entendamos que debemos evitar -a toda costa- las aglomeraciones por cualquier motivo…

EL CIERRE DE LA BASÍLICA a nadie impidió celebrar a la Virgen de Guadalupe en casa, en familia: así -justamente- es como hemos de prepararnos para la próxima celebración de la Navidad; +ni con cenas a donde lleguen parientes cercanos, lejanos e intermedios, +ni con recalentados con amigos, vecinos, compadres y colados, +ni con visitas presenciales aunque estemos sanos, aunque nos hayamos hecho la prueba, aunque en lugar de ponche ofrezcamos gel a base de ron o tequila, no; celebremos a Jesús solo con María y José en el portal, que los pastorcitos se conecten -por ahora- virtualmente…

 

Puedes leer: Más encendida que nunca, la devoción a la Virgen de Guadalupe

 

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