Opinión

Angelus dominical: El ahorro según san Francisco de Asís

MUY FELIZ INICIO HOY con un chiste 100% político -ya me disculparán- y luego iré a algo más importante; pues resulta que aquel niño norteño volvió de la escuela jubiloso y presumiendo a su papá: -¡Papá, papá, felicítame, pues me ahorré 5 pesos, los mismos que me diste para el camión de regreso a casa!, -¿Qué hiciste, chamaco latoso?, -Pues en lugar de subirme al camión y pagar mi pasaje, me vine corriendo detrás de él hasta llegar a casa. – ¡Chamaco tarugo!, ¿y por qué no te ahorraste 80 si hubieras corrido detrás de un taxi?…

HABRÁ QUIÉN PREGUNTE en donde tiene lo “político”  tal chiste referido, pero no me detengo a explicar, más bien hablaré algo de la así llamada “pobreza franciscana” que algunos han querido confundir con una supuesta austeridad calificada de “republicana”; de paso diré que algunos exsimios personajes (¡mira!: creo que la ortografía algo me falla, no así la puntería) de la vida nacional no se cansan de pretender dar “novedades” cuando realmente nos siguen dando la misma gata pero revolcada…

SAN FRANCISCO DE ASÍS optó por una pobreza según el Evangelio luego de asumir dos cosas: la gran providencia de Dios y la inmensa fraternidad con los hombres, y de ahí con los animales y con toda la creación; su pobreza fue vivida con alegría y generosidad, con respeto y honestidad, buscando compartir lo esencial más que privándose de lujos y superficialidades…

MUY LEJOS DE PRETENDER austeridad alguna, el Pobrecillo de Asís quiso tener un trato y un uso adecuado y respetuoso con todos y con su entorno: respetó a la autoridad debidamente instituida (fue a visitar al Papa Inocencio III para pedir aprobación para su obra), se encontró en paz y cordialidad con quien tenía una fe diferente a la suya (¡justo hace 800 años, con el sultán Malek Al-Kamil!) logrando lo que ejércitos de cruzados no habían podido, y sólo quiso ser ordenado diácono -nunca fue presbítero- entre otras razones porque el servicio a los pobres es la esencia de la diaconía…

ENTIENDO QUE la pobreza material hunde sus múltiples raíces en la ignorancia, en la ambición y el egoísmo, en el miedo, en la inseguridad, en la desconfianza; y hay quienes tienen muy poco -materialmente hablando- pero si acaso son capaces de abrir su corazón y su cabeza, entonces se enriquecen con el encuentro y el diálogo, con la alegría y la generosidad, con aceptación de lo ajeno y lo propio, tal como la viuda del Evangelio, que ofreció las dos moneditas que tenía para vivir (Lc 21, 1-4)…

BUSCO EN EL DICCIONARIO y la palabra “austeridad” remite a sobriedad y moderación, a severidad y control, a ajuste y carencia de lujos; y no está mal ser austero, pero de ahí a ser tacaño, mezquino y cicatero, pues no hay tanta distancia; y lo peor viene cuando nos dicen que con las multas por la cancelación de no sé qué aeropuerto nos ahorramos al menos cien mil millones de pesos, mismos que no se ven reflejados en mejorar sistemas de salud, ni en promoción de educación ambiental, ni en promoción del campo, y así síganle…

YO CONSIDERO QUE el mejor ahorro es un buen gasto, y San Francisco andaba por ese rumbo, pues su tiempo bien gastado, su ropa bien gastada, su amistad bien gastada, su respeto bien gastado, su cordialidad bien gastada, le podrían poner como santo patrono de los mejores ahorradores de este y todos los mundos posibles, ya que haciendo tan buen gasto, se ganó la simpatía y la paz con todos, se ganó ser un santo universal…

SI ALGUIEN PRESUME de haber ahorrado sencillamente porque no gastó, va por camino de la avaricia; si alguien ahorra para sólo acumular no llegará sino a ser un vil rácano; si dices que ahorras agua y no te bañas: mugroso; y si dices que ahorras luz para no cambiar el foco: sórdido; y si no cambias tu ropa ajada con pretexto de ser pobre: ruin; y si dices que no compras cebollas para no cargar rabos: desmedrado; y si dices que no le hablas a tu vecino para no tener problemas: tonto; y si dices que todos están mal menos tú: cuatrote (¡¿cuatrote?!).

TAL PARECE QUE ya estoy entendiendo el chiste 100% político que relaté al inicio, pero mi intención vuelve otra vez con la pobreza que asumió Giovanni di Pietro Bernardone, que por apodo le decían “Francesito”, y que acabó siendo Francisco: pobreza vivida muy lejos de la tacañería y la queja, pobreza sin presunción ni justificación superflua; pobreza que le llevó a ver la vida con transparencia y profundidad, no con desconfianza ni ridículas acusaciones…

JESÚS DIJO: “Bienaventurados los pobres de espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos” (Mt 5,3), y sin duda también lo es el Papa Francisco, que lejos de despreciar los aposentos que dineros, artistas y siglos adornaron, ha optado por una sencillez que ha nadie estorba, por una frugalidad que ya tiene por costumbre, por una cercanía y calidez que acepta a todos; en otras palabras: si algún republicano quiere ser austero, que se asome a San Francisco o a Santa Teresa de Calcuta, o a San Félix de Cantalicio, o a tantos y tantos que aprendieron de Jesús, el Maestro, y lo poco que aprenda seguro que ya será mucho y no andará persiguiendo taxis con afanes avariciosos…

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