Opinión

Angelus dominical: El acto de cocinar y la fe

TE COMPARTO DOS recetas muy propias de Pascua y que también son aptas y convenientes en cualquier otro tiempo; la primera será r3fresc4nte y sabrosa (no te preocupes por el 3 y el 4, hoy vienen de invitados y –qué mejor- hay que darles un lugarcito en la plática); y la segunda necesitará de tu atención y cuidado porque implica ingredientes especiales y elaboración constante…

UN BUEN MANOJO de perejil combinado con un toque de piña o mango (en la licuadora, claro está) te dará como resultado un agua fresca propia para resucitar ante tanto calor; solamente ten cuidado de no ponerle tanta azúcar ni tanta fruta porque terminarían por esconder el sabor propio del perejil y entonces ya no es tanta novedad…

LA SEGUNDA RECETA –más pascual todavía- exige que mires y escuches siempre con mayor atención, tanto a lo ordinario y pequeño como a lo extraordinario y grande (¡hey!, ten cuidado con lo ruidoso, lo aparatoso, lo estorboso y lo morboso, que ahí ni conviene gastar esfuerzo ni tiempo)…

ES HABITUAL QUE la rutina y la cotidianeidad nos llevan a ver las cosas con superficialidad, a dejar todo a nivel de celofán y empaque, a quedarnos con la cáscara sin llegar a la pulpa; es entonces que nos quedamos diciendo: “ya lo vi, ya me lo sé, siempre es igual, así estoy bien, mejor no le hablo, dile que no estoy, al rato vuelvo, ya me cansé, ni caso me hace, ya sabes cómo es”; y bien te puedes dar cuenta que las expresiones anteriores son propias de quien no ha resucitado, de quien sigue muerto…

PARTE CENTRAL DE nuestra fe está puesta en la victoria de Cristo sobre el pecado y la muerte, hacia este dato apuntan todos los demás contenidos de la teología, de la moral, de la espiritualidad, de toda la historia de la salvación; tan es así, que podemos recordar a San Pablo que nos dice: “Si Cristo no resucitó, vana es nuestra fe” (1Cor 15,14)…

Y LA RESURRECCIÓN no consiste en que un muerto “reviva” ¡NO!, sino que centremos toda nuestra existencia en el Amor infinito de Dios, que no abandonó a su Hijo en las miserias de nuestra existencia limitada, que lo libró de ser víctima de un absurdo complot, que le llevó a una obediencia extrema para no quedar solo como un curandero ocasional o un lidercillo más perdido en la historia, que lo levantó Por-Encima-De-Todo-Nombre (Flp 2,9); la resurrección está mucho, pero mucho más allá de parámetros biológicos, de significaciones existenciales (¿yeso qués?) o de fumadas filosóficas o poliédricas especulaciones pseudoteológicas…

EN POCAS Y LLANAS palabras, y con el obvio riesgo de no agotar tanta riqueza y profundidad de nuestra fe, te diré que la resurrección es Dios metido hasta el fondo en toda nuestra humanidad, sin menoscabo ni confusión, sin límite ni término, con plenitud y respeto, sin miedo y sin duda, con vida y luz, con todo lo más suyo y con todo lo más nuestro…

VUELVO A LOS INGREDIENTES de la segunda receta que te propongo y con toda la intención de que San Pablo nos ayude a ver en profundidad la riqueza de verdades que no se agotan con nuestros términos y explicaciones (échale un ojo a todo el capítulo 15 de 1Cor), de verdades que ya hemos de vivir para no quedarnos calificando el incendio de la Catedral de Notre Dame como tragedia, para evitar que el natural dolor por la pérdida de un ser querido se quede en tristeza, para que la enfermedad la asumamos como parte de nuestra biología y no como castigo divino…

EN UN CONSTANTE EJERCICIO de nuestra fe, los que creemos en Jesucristo no podemos quedarnos confiados en pertenecer a una élite “vi-ay-pi” (VIP, para que me entiendas), ni endulzarnos la existencia terrenal con la ilusión de un cielo fantástico (como si fuera un hotel “todo incluido”), ni sospechar siquiera que por participar en un curso de Biblia y tener cuáles devociones ya la hicimos…

AUTÉNTICO PLATILLO -exquisito, nutritivo y suculento- no es el más costoso ni el mejor adornado, sino el que te aporta lo necesario para tu existencia y salud, el que te procura bienestar y crecimiento, el que te pone en movimiento y alegría; de ahí que la receta que te estoy dictando nos conecta a Jesús en el camino hacia Emaús (Lc 24, 13-35): por fin se les “abren los ojos” a los discípulos y logran ver en profundidad…

QUIERO SEGUIR COCINANDO con mi segunda receta para seguir viendo y reconocer a Jesús cuando parte el pan, cuando me explica las Escrituras, cuando me enciende el corazón, cuando me da fuerza para volver a Jerusalén a pesar de la noche, a pesar del cansancio, a pesar del peligro y sin que estorbe la muerte…

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