Opinión

Ángelus dominical: “Donde todo falta, Dios asiste”

HOY RECURRO A LA AFIRMACIÓN –clara, directa y contundente- hecha por una teóloga de calle (no de aula), añejada en la fe que profesó desde su infancia (no aprendida en libros), moreliana de origen y viuda de un yucateco para quien aprendió a cocinar lo típico de la península, que siempre tenía palabra para responder y respeto para repartir, conocida entre sus vecinos como Doña Chuy, y ciertamente ya gozando del cielo no por teóloga sino por buena hija de Dios…

“DONDE TODO FALTA, Dios asiste” solía repetir para confesar la Providencia Divina y no olvidar nuestras miserias humanas, tan sobradas de quejumbres y acusaciones, tan colmadas de reclamos y desconfianzas, tan frecuentes y repetidas como lo que son: miserias y humanas…

AL CALIFICAR A DOÑA CHUY como “teóloga de la calle” puedo jurar que le hago honor y agasajo su memoria por tres razones: 1) quien se dedica a la teología lo hace con conocimiento serio, sistemático y profundo, 2) si la califico “de la calle” es porque no se enfrascaba en disquisiciones académicas rayanas en alambicadas proposiciones, sino porque era práctica y sencilla, y 3) cuando se ponía formal parecía tener alcurnia caciquil y cuando era informal era capaz de hacer broma y chiste hasta desternillarse por pura gracia de Dios…




HEMOS CREADO Y MULTIPLICADO estructuras, proyectos y planes sociales, políticos, económicos, académicos, eclesiásticos, culturales, científicos –et aliapero no siempre hemos logrado ser mejor sociedad, ni vivir una política auténtica, ni hemos alcanzado una estabilidad económica, ni hemos mejorado académicamente, ni eclesiásticamente, es decir, algo sigue haciendo falta…

DE AHÍ QUE LA AFIRMACIÓN –constante- de Doña Chuy sigue vigente y eficiente en su más puro y profundo sentido: “Donde todo falta, Dios asiste”; pero exclúyanse voluntariamente de estas afirmaciones quienes tienen un prurito providencialista o son proclives a la superficialidad comodina, pues ambas posturas –la primera pseudo-teológica y la segunda antihumana- terminan derrapando en un ateísmo morboso e inútil, como lagañas matutinas que no te dejan ver la realidad…

VUELVO A LO DICHO por mi teóloga de calle y -¡en efecto!- Dios va asistiendo donde estructuras y estrategias –de todo tipo- se van quedando cojas, tuertas o mancas, donde por más ciencia y tecnología que aplicamos de plano no resolvemos nada, donde por más razonamientos y previsiones que establecemos terminamos sin fruto ni efecto, donde por más autoridad y negociación concluimos con manos vacías y corazones rotos…

AYER MIRABA LA ENTREVISTA a dos políticos “de oposición” y su posición parecía sensata y equilibrada, pues lejos de despotricar y repartir lodos ocasionales, hacían recuento de logros alcanzados por esfuerzos de décadas y de múltiples actores y estructuras socio-políticas, mismos que han favorecido a mejorar nuestra maltrecha democracia (siempre puede estar peor), y lograba ver -¡aunque no me lo creas!- que donde falta la conducción debida, Dios asiste en la concordia y honestidad que traslucían aquellos hombres…

REVISABA YO VARIADAS noticias de la Iglesia –tanto local como universal- y la verdad no es que nuestros quehaceres pastorales vayan ni como Dios quiere ni como tan pulcramente lo hemos planeado, pero ahí donde los errores humanos y eclesiásticos, teológicos o pastorales, son más rancios y crasos, justo ahí en donde ¡Dios asiste! y va llevando derroteros acordes a su voluntad y hasta de la manera más inesperada…

PREGUNTÉ CON SOBRADA argucia a mis feligreses qué es lo que hace falta a nuestra comunidad parroquial, a la ciudad, al mundo en general para que vayamos mejor, para que no metamos taaaanto la pata, y las respuestas variopintas apuntaron un común denominador: que son tantas las carencias y así de grandes, que solo porque ¡Dios asiste! es que vamos adelante muy a pesar nuestro…

DESTIERRA DE TU CABEZA y corazón la idea de que la teología es propia de académicos y letrados, menos de élites y sabihondos o sabiondos (já, las dos formas son correctas); más bien implanta la convicción de que la teología –como cualquier otra disciplina científica- requiere seriedad y practicidad, necesita sistematicidad y profundidad, le urge honestidad y sencillez, cosas que -¡sí!- siempre pude ver en Doña Chuy, mi teóloga de calle, cuyos guisos yucatecos sigo extrañando porque los saboree y disfruté con acendrada teología…

 

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El padre Eduardo Lozano es sacerdote de la Arquidiócesis Primada de México.

 

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