Opinión

Angelus dominical: De valores, lealtad y complicidad

MIENTRAS REVISO Y LEO algunas noticias de la vida nacional y latinoamericana, se me cruzan dos palabras que no necesitarían explicación o comentario alguno, ya que en su misma definición está su riqueza; no obstante, dado que socialmente sufrimos una común enfermedad que ya rebasa los parámetros ordinarios de diagnóstico médico, me detendré en los que -sancochadamente- llamaré una “confusionitis conceptual crónica y dirimente de primer grado en plano periférico”; para los cuates (y los que no son tanto, también) sencillamente diré que luego no entendemos la “o” ni por lo redondo…

TALES PALABRAS SON lealtad y complicidad; la primera se define como cumplimiento de lo que exigen las leyes de fidelidad y las del honor y hombría de bien; la segunda hace referencia a la cooperación o participación en un crimen o culpa imputable; en efecto: son palabras que apuntan a una asociación o colaboración pero en sentido opuesto…

TODA VIRTUD TIENE como centro un valor, un ideal adecuado, el crecimiento y desarrollo de la persona o de la colectividad; y todo vicio incluye -por supuesto- una pérdida, una confusión, el deterioro de las relaciones interpersonales o del entorno, y vistas así las cosas podríamos andar mejor, peroooó…

YA ME TOCÓ QUE yendo en el transporte colectivo se subió el malandro para amagarnos y despojarnos de lo poco que llevábamos: conscientes de que no se andan tentando el corazón y van dispuestos a fastidiar la vida ajena, todavía cupo el descaro de autojustificarse diciendo: “Ustedes disculpen, andamos trabajando”…

DIOS PUSO AL HOMBRE en el jardín para que lo trabajara, y si bien con el trabajo tenemos el fruto de la tierra y el sustento necesario, también nos aporta la satisfacción por la realización de habilidades y el gusto de poder servir a los demás; pero de ahí a que el criminal piense que está realizando un bien y lo disfraza de “trabajo”, pues no: la confusionitis está grave…

SI QUIERO DESPLAZARME de Toluca a Mérida en el automóvil que me han prestado, y me han provisto de un mapa suficiente y me han advertido de ventajas y riesgos a lo largo del camino, pues todo iría bien hasta queeeeeé: arguyo que YO tengo otro mapa (u otros datos) y me enfilo hacia Morelia neceando que por ahí no hay tanto tráfico y que YO estoy seguro que no lloverá en todo mi recorrido; cierto: la confusionitis ya me pegó crónicamente…

Y COMO PARA QUE no quede duda de que la enfermedad está contagiándose al por mayor, veamos que la unión formal (ante instancia jurídica o religiosa) del hombre y la mujer en orden a la ayuda mutua y la procreación, en orden a la formación de una nueva familia y al engrandecimiento de la patria, sencillamente se llama “matrimonio”; peroooó ¡entonces sucede que hay a quien se le ocurre que se puede “casar” con la torre Eiffel (2008) o con el muro de Berlín (1979), o con un delfín (2005); y lo mismo hay que decir cuando el matrimonio se pretende hacer entre dos iguales y no complementarios: la confusionitis nos ha afectado peor que el cambio climático…

NO DEBERÍA HABER mínimo rastro de confusión si al cero le llamamos cero y al uno le llamamos uno, si al pan le llamamos pan y al vino que llegó, pues decimos que se tomó; y los síntomas de la epidemia podrían multiplicarse como la leyenda que aparece en camiones de carga anunciando “doble semiremolque” (así, con una sola “r”) y sin darnos cuenta que lo doble de la mitad de algo, sencillamente no es más que ¡uno!…

SI ERES DE LOS QUE confunden a Dios con un abarrotero gratuito que debe surtirte puntualmente la despensa, o si eres de los que no distinguen entre un perro y un hijo y hasta le llamas “perrijo”, si te da lo mismo la democracia que la dedocracia o que las “consultas” a mano alzada, si no ves diferencia entre lealtad y complicidad, debo decirte que estás muuuuy enfermo; pero no te preocupes, ¡hay posibilidad de sanar!…

PRIMER PASO: OBSERVA cuidadosamente tu entorno, conoce con seriedad los datos, mira con detenimiento las variables, dale vuelta y míralo del otro lado y por arriba y por abajo (si es que se puede, claro está) y entonces te darás cuenta que es de pilas o que puede romperse, que está completo o que debe desdoblarse antes de su uso, constatarás que debe cocinarse o que puede comerse crudo, pero observa, observa, observa…

SEGUNDO PASO: ANALIZA a la luz de experiencia propia o ajena, no desdeñes valores o principios (morales, científicos, religiosos, económicos, ecológicos, etc.); analiza ventajas y riesgos, ganancias y posibles pérdidas, posibilidad de éxito o de fracaso; analiza con objetividad y sin emociones incontroladas de por medio; analiza y discierne según ideales, según lo mejor, según lo más bello y útil, pero estudia, escudriña, juzga, define, aclara, analiza, analiza, analiza…

TERCER PASO: ACTÚA y pon manos a la obra, de modo que si es para beber, pues comparte; y si es para escuchar, escúchalo; si es para evitarlo, evítalo; si es para sanarlo, sánalo; si es para multiplicarlo, multiplícalo; si es para respetar, respétalo; si es para ponerle punto final, pues no lo dejes en interrogación; y como por ahora ya se me acabó la página, pues la dejamos en suspensivos (como siempre)…