De rodillas por las vocaciones

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COLUMNA

Ángelus Dominical

Angelus dominical: Creo en un solo Dios

¡Qué innumerables son tus obras, Señor!, ¡Todas las hiciste con sabiduría y amor!...

24 mayo, 2020
CREO EN UN SOLO DIOS: esta es la afirmación inicial que domingo a domingo proclamo en comunión con todos los bautizados, y ya desde ahí se prevén los tales y cuales puntos siguientes que constituyen una base sólida y personal para sustentar lo que soy, lo que hago, lo que decido y proyecto... EN LAS ANTÍPODAS (deja te confieso que esta palabra siempre me ha sonado a leperada y no me explico por qué) de tal afirmación hay que poner al que no acepta ni quiere establecer relación o trato con nadie ni con nada, al que se cierra y se encierra con sus capacidades y posibilidades, descartando lo que no sea él mismo, consigo mismo y en sí mismo (con sus propios datos, pues), al que se queda con el espejo de su narcisismo... YA CON EL CONCEPTO “DIOS” vienen enseguida términos profundos, bellos y esplendorosos como eternidad, omnipotencia, creación, providencia, vida, trascendencia, cielo; en el lado totalmente opuesto las palabras que acompañan a la cerrazón y aislamiento son fugacidad, impotencia, caducidad, destrucción, muerte, egoísmo, infierno... QUE AL MENOS UNA persona me pregunte qué tiene que ver la unicidad y trascendencia de Dios con el COVID-19, y no le responderé lo mínimo; pero si pregunta qué relación tiene la pandemia con el egoísmo y la necedad humana ya el asunto cambia: es mejor la pandemia que cualquier infierno construido por la soberbia de nuestra estulticia... UNA DE LAS GALAS más elementales y esenciales inventadas por el ingenio y el miedo humanos para cubrir sus vergüenzas se llamó “taparrabos”; el primer reporte que tenemos (hechura de Adán y Eva) consigna que fueron hojas de higuera engarzadas (Gn 3, 7); ¡ya imagino que no habría llegado el mediodía y el sol acabaría por marchitarlas!, ¡así de efímera es la obra del hombre!... LA PROVIDENCIA DIVINA no se frena ni por la falta o la culpa del hombre, y algunos versículos más adelante (v. 21) leemos que fue Dios mismo fue quien confeccionó vestiduras de piel para los desobedientes que deberían afrontar las consecuencias con dolor y sudor, hasta volver al polvo de la tierra, de donde fueron tomados... PIDO LA VENIA de cada lector y -con todas juntas- diré que algo parecido sucedió con la pandemia, pues luego de los tapabocas desechables -y aunque rápido fueron más elaborados de todos modos son desechables- la Providencia Divina ha dispuesto que el ingenio humano siga buscando y consiguiendo remedio estable y eficaz a la pandemia: ya se anuncian protocolos más eficaces de prevención, ya surgen terapias adecuadas, ya se experimenta con medicamentos más directos y hasta resultan vacunas para detener la expansión del COVID-19... PERO MIENTRAS SE PRUEBAN, se comprueban y se aprueban tales caminos, lo más prudente para ti y para mí -y para todos- será continuar utilizando el tapabocas y aprovecharlo más allá de su utilidad primera, que es evitar que las minúsculas gotas de saliva propia se esparzan a diestra y siniestra... UTILIDAD SECUNDARIA de un tapabocas (y habrá que hacerlos casi blindados) será colocárnoslo antes de abrir el refrigerador o previo a hacer uso de un micrófono -sobre todo si es en cadena nacional-, que ya también se reporta -al menos dentro de los muros de mi hogar- que la lonja se distiende más allá de lo prudente... Y NI PARA QUÉ abundar en la necesidad de un tapabocas doble o triple para tales o cuales personajes que han sugerido inyecciones de desinfectante o que el virus es enfermedad de ricos, o los que hablan de “curvas planchadas” y muestran gráficas que nos siguen provocando más arrugas que la vejez cabalgando desbocada... VUELVO A LA FUERZA que me infunde mi confesión de fe y lejos de mí y de cualquiera pretender ponernos en el lugar de Dios para dictar y decretar el futuro como si todo dependiera de mi ilusión, de mi fantasía, de mi antojo, de mi conveniencia, de mis estadísticas o planes; me atrevo a decir que si algo elemental nos ha enseñado el COVID-19, es la fragilidad e impotencia humanas ante los procesos naturales de la biósfera (o de la biosfera, que así pronuncian en España)... ACEPTAR Y ASUMIR que hay un solo Dios no me priva de ser parte de este mundo y este universo, ni me da garantía de que Él sea y actúe de acuerdo a mis criterios y parámetros; Él es Dios y Él ha establecido y gobierna el Universo entero con su Providencia, y siendo Dios ni se queda en un arbitrio voluble ni se desentiende distraído por quien-sabe-qué-asunto como para que impere el caos o la destrucción... Y TE DEJO CON el versículo 24 del salmo 104, con la consigna de que lo leas completito, en ambiente de oración y gratitud, con el asombro de ser parte de la maravillosa creación de Dios, con la tarea de seguir viviendo y trabajando como Dios manda y como todos lo necesitamos, con la humildad y sencillez de quien viste su desnudez con los ropajes de pieles que Dios le ofrece: ¡Qué innumerables son tus obras, Señor!, ¡Todas las hiciste con sabiduría y amor!...   Desde la fe se construye con tu ayuda. Suscríbete a nuestra revista digital desde 40 pesos al mes y disfruta de contenidos únicos. Visita revista.desdelafe.mx  Si tienes dudas, manda un WhatsApp al +52 55-7347-0775

CREO EN UN SOLO DIOS: esta es la afirmación inicial que domingo a domingo proclamo en comunión con todos los bautizados, y ya desde ahí se prevén los tales y cuales puntos siguientes que constituyen una base sólida y personal para sustentar lo que soy, lo que hago, lo que decido y proyecto…

EN LAS ANTÍPODAS (deja te confieso que esta palabra siempre me ha sonado a leperada y no me explico por qué) de tal afirmación hay que poner al que no acepta ni quiere establecer relación o trato con nadie ni con nada, al que se cierra y se encierra con sus capacidades y posibilidades, descartando lo que no sea él mismo, consigo mismo y en sí mismo (con sus propios datos, pues), al que se queda con el espejo de su narcisismo…

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YA CON EL CONCEPTO “DIOS” vienen enseguida términos profundos, bellos y esplendorosos como eternidad, omnipotencia, creación, providencia, vida, trascendencia, cielo; en el lado totalmente opuesto las palabras que acompañan a la cerrazón y aislamiento son fugacidad, impotencia, caducidad, destrucción, muerte, egoísmo, infierno…

QUE AL MENOS UNA persona me pregunte qué tiene que ver la unicidad y trascendencia de Dios con el COVID-19, y no le responderé lo mínimo; pero si pregunta qué relación tiene la pandemia con el egoísmo y la necedad humana ya el asunto cambia: es mejor la pandemia que cualquier infierno construido por la soberbia de nuestra estulticia…

UNA DE LAS GALAS más elementales y esenciales inventadas por el ingenio y el miedo humanos para cubrir sus vergüenzas se llamó “taparrabos”; el primer reporte que tenemos (hechura de Adán y Eva) consigna que fueron hojas de higuera engarzadas (Gn 3, 7); ¡ya imagino que no habría llegado el mediodía y el sol acabaría por marchitarlas!, ¡así de efímera es la obra del hombre!…

LA PROVIDENCIA DIVINA no se frena ni por la falta o la culpa del hombre, y algunos versículos más adelante (v. 21) leemos que fue Dios mismo fue quien confeccionó vestiduras de piel para los desobedientes que deberían afrontar las consecuencias con dolor y sudor, hasta volver al polvo de la tierra, de donde fueron tomados…

PIDO LA VENIA de cada lector y -con todas juntas- diré que algo parecido sucedió con la pandemia, pues luego de los tapabocas desechables -y aunque rápido fueron más elaborados de todos modos son desechables- la Providencia Divina ha dispuesto que el ingenio humano siga buscando y consiguiendo remedio estable y eficaz a la pandemia: ya se anuncian protocolos más eficaces de prevención, ya surgen terapias adecuadas, ya se experimenta con medicamentos más directos y hasta resultan vacunas para detener la expansión del COVID-19…

PERO MIENTRAS SE PRUEBAN, se comprueban y se aprueban tales caminos, lo más prudente para ti y para mí -y para todos- será continuar utilizando el tapabocas y aprovecharlo más allá de su utilidad primera, que es evitar que las minúsculas gotas de saliva propia se esparzan a diestra y siniestra…



UTILIDAD SECUNDARIA de un tapabocas (y habrá que hacerlos casi blindados) será colocárnoslo antes de abrir el refrigerador o previo a hacer uso de un micrófono -sobre todo si es en cadena nacional-, que ya también se reporta -al menos dentro de los muros de mi hogar- que la lonja se distiende más allá de lo prudente…

Y NI PARA QUÉ abundar en la necesidad de un tapabocas doble o triple para tales o cuales personajes que han sugerido inyecciones de desinfectante o que el virus es enfermedad de ricos, o los que hablan de “curvas planchadas” y muestran gráficas que nos siguen provocando más arrugas que la vejez cabalgando desbocada…

VUELVO A LA FUERZA que me infunde mi confesión de fe y lejos de mí y de cualquiera pretender ponernos en el lugar de Dios para dictar y decretar el futuro como si todo dependiera de mi ilusión, de mi fantasía, de mi antojo, de mi conveniencia, de mis estadísticas o planes; me atrevo a decir que si algo elemental nos ha enseñado el COVID-19, es la fragilidad e impotencia humanas ante los procesos naturales de la biósfera (o de la biosfera, que así pronuncian en España)…

ACEPTAR Y ASUMIR que hay un solo Dios no me priva de ser parte de este mundo y este universo, ni me da garantía de que Él sea y actúe de acuerdo a mis criterios y parámetros; Él es Dios y Él ha establecido y gobierna el Universo entero con su Providencia, y siendo Dios ni se queda en un arbitrio voluble ni se desentiende distraído por quien-sabe-qué-asunto como para que impere el caos o la destrucción…

Y TE DEJO CON el versículo 24 del salmo 104, con la consigna de que lo leas completito, en ambiente de oración y gratitud, con el asombro de ser parte de la maravillosa creación de Dios, con la tarea de seguir viviendo y trabajando como Dios manda y como todos lo necesitamos, con la humildad y sencillez de quien viste su desnudez con los ropajes de pieles que Dios le ofrece: ¡Qué innumerables son tus obras, Señor!, ¡Todas las hiciste con sabiduría y amor!…

 

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