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¿Se puede aplaudir durante la Misa?

Aunque no está prohibido, el aplauso no forma parte de la liturgia de la Misa. Sacerdotes y liturgistas explican cuándo puede ser adecuado y por qué se pide mesura.

14 enero, 2026
¿Se puede aplaudir durante la Misa?
Durante la Misa, los gestos y expresiones buscan centrar la atención en Dios y en el misterio que se celebra.. Foto: Luis Aldana

En distintas celebraciones eucarísticas se ha vuelto cada vez más habitual escuchar aplausos al término de un canto, una homilía o la participación de un coro. Si bien no existe un documento específico en la Biblia, Catecismo de la Iglesia Católica, el Código de Derecho Canónico ni el Misal Romano que prohíba explícitamente esta práctica, la Iglesia invita a discernir con prudencia el uso del aplauso dentro de la Misa, a fin de no desvirtuar el sentido profundo y sagrado de la celebración eucarística.

¿Por qué surge el debate sobre los aplausos en la Misa?

La duda no surge porque exista una prohibición clara, sino porque tiene que ver con el sentido profundo de la Misa y la manera en que se vive la liturgia. La Misa no es un acto social ni un espectáculo, sino la actualización sacramental del sacrificio de Cristo y el acto de adoración más importante de la Iglesia. Por ello, cualquier gesto que se introduzca en la celebración debe ayudar a vivir este misterio y no distraer de él.

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La Misa no es un acto social ni un espectáculo, sino la actualización sacramental del sacrificio de Cristo. Foto: Luis Aldana

¿Qué señala el Misal Romano?

El Misal Romano, a través de la Instrucción General del Misal Romano (IGMR), indica claramente los gestos, posturas, respuestas y silencios propios de la Misa, pero en ninguno de sus apartados aparece el aplauso como un gesto litúrgico previsto o recomendado. En cambio, el documento subraya la importancia del silencio sagrado, la oración y la participación consciente, activa y plena de los fieles.

Esto no significa que el aplauso esté prohibido, sino que no forma parte del lenguaje propio de la liturgia, por lo que su uso se considera un elemento extralitúrgico, es decir, todo aquello que no forma parte del rito oficial de la liturgia.

El riesgo de convertir la Misa en espectáculo

Si bien aplaudir no constituye un pecado, varios especialistas coinciden en que no es lo más conveniente, ya que puede banalizar la celebración y convertirla en un acto trivial, similar a un espectáculo.

El entonces Papa Benedicto XVI expresó su postura al respecto: “Cuando se aplaude a la obra humana dentro de la liturgia, nos encontramos ante un signo claro de que se ha perdido totalmente la esencia de la liturgia y ha sido sustituida por una especie de entretenimiento religioso”.

En la misma línea, el padre Eduardo Michel Flores, sacerdote de la Arquidiócesis de Guadalajara, explicó en el sitio Arquimedios: “Aplaudimos a un artista en el teatro, a un jugador en el estadio o a un cantante en un concierto; pero la liturgia tiene su propio lenguaje simbólico. En un espacio sagrado, las expresiones deben ser otras, acordes al misterio que se celebra”.

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Si el aplauso fortalece la comunión y tiene un sentido claro, puede ser prudente; si distrae, rompe la unidad o banaliza el misterio, deja de ser apropiado.

Los aplausos no están prohibidos, pero sí discernidos

Desde una perspectiva pastoral más amplia, el padre Salvador Barba, liturgista y párroco de la Iglesia de San José, en la colonia Revolución de la Arquidiócesis Primada de México, reconoce que en la práctica cotidiana el aplauso aparece con frecuencia, especialmente en celebraciones comunitarias.

“En muchas misas, cuando hay cumpleaños, aniversarios u otros motivos de alegría, se aplaude”, aclara. Sin embargo, indica que el verdadero tema no es si se puede o no, sino cuándo, cómo y para qué.

El sacerdote advierte que uno de los principales riesgos es el abuso. “Cuando todo se vuelve aplauso, se pierde el texto del canto, se pierde la alabanza en común y puede convertirse en un alboroto que rompe el clima de oración”. En algunos casos, añade, puede derivar en actitudes que resultan escandalosas o impropias, como bailar o buscar protagonismo dentro de la Eucaristía.

El liturgista insiste en una palabra clave: mesura. “Todo con mesura. Todo exceso es malo. Un aplauso tranquilo, de familia, de reconocimiento sincero, puede tener lugar en ciertos momentos; pero el inoportuno, escandaloso o exagerado hace que se pierda el respeto y el sentido de la liturgia”.

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¿Cuándo podría ser adecuado?

Ambos sacerdotes coinciden en que, si se desea expresar agradecimiento o alegría, el momento más adecuado es al inicio o al final de la Misa, o bien fuera de la celebración litúrgica propiamente dicha. En todo caso, debe respetarse de manera absoluta la Liturgia de la Eucaristía, núcleo central de la Santa Misa.

Celebraciones como la Navidad, la Pascua o algún agradecimiento comunitario pueden incluir expresiones de gozo, siempre que estas no desplacen la adoración ni rompan la unidad de la asamblea (la gente).

“Si ayuda, es bienvenido; si no tiene sentido ni contenido, si rompe la comunión o distrae del misterio, entonces no es prudente”. La liturgia, recuerda el padre Barba, tiene su propio ritmo, su propio lenguaje y su propia pedagogía espiritual, que invitan más al silencio, la contemplación y la adoración que al aplauso.



Autor

Periodista con más de 20 años de trayectoria, titulada de la Escuela de Periodismo Carlos Septién García. A lo largo de su carrera ha colaborado en reconocidos medios nacionales como Milenio, El Universal, Revista Alto Nivel, entre otros. Su trabajo se ha enfocado en temas sociales, culturales y de interés humano.