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¿Por qué la Virgen de Ocotlán es intercesora ante las pandemias?

Esta bella advocación de Santa María, con una gran devoción en el centro del país, es la patrona de la Provincia de Puebla.
Nuestra Señora de Ocotlán. Foto: Facebook Basílica de Ocotlán.
Nuestra Señora de Ocotlán. Foto: Facebook Basílica de Ocotlán.

Las diócesis de Puebla, Tehuacán, Huajuapan y Tlaxcala se consagraron a la Virgen de Ocotlán para pedir su intercesión ante la pandemia de coronavirus COVID-19, que ha dejado miles de muertos en todo el país.

Esta bella advocación de Santa María, con una gran devoción en el centro del país, es la patrona de la Provincia de Puebla. Pero, ¿Por qué es intercesora ante la pandemia?

El otro Juan Diego

De acuerdo con la tradición, en la primavera de 1541 Nuestra Señora se le apareció a un indígena de nombre Juan Diego Bernardino, procedente de Xiloxoxtla, Tlaxcala

La Virgen le preguntó a dónde se dirigía, y él le explicó que iba por agua para llevarla a los enfermos de la peste que por aquella época aquejaba al pueblo.

Entonces, Nuestra Señora le enseño el camino donde encontaría una fuente de ‘agua sanadora’.

Al presentarse frente al sencillo Juan Diego, le dijo lo siguiente:

“Ven en tras de mí, yo te daré otra agua con que se extinguirá el contagio y sanen, no solo tus parientes, sino cuantos bebieren de ella; porque mi corazón, siempre dispuesto a favorecer a los desvalidos, sufre al ver tantas desdichas sin remediarlas”.

Representación de la aparición de la Virgen de Ocotlán. Foto: Facebook Basílica de Nuestra Señora de Ocotlán.

La Virgen de Ocotlán. Foto: Facebook Basílica de Nuestra Señora de Ocotlán.

Nuestra Señora de Ocotlán

Cuando llegó al pueblo, Juan Diego explicó lo que había sucedido y, tal como dijo Nuestra Señora, el agua que le mostró sanó a los enfermos de la peste.

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Juan Diego Bernardino llevó a un grupo de frailes franciscanos al lugar donde se apareció la Virgen. Ahí encontraron un ocote ardiendo. Los monjes pidieron cortar el ocote y en su interior hallaron la milagrosa imagen.

Ahí comenzó una profunda devoción que continúa hasta nuestros días. En el siglo XVII se construyó la Basílica de Ocotlán, en las inmediaciones de la ciudad de Tlaxcala, y que hoy en día es uno de los santuarios más visitados del país.

 

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