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Así fue como el padre Félix Rougier apoyó la obra de Concepción Cabrera

El Padre Félix Rougier Olanier fue clave en la vida y obra de la mexicana Concepción Cabrera.
Concepción Cabrera y el Padre Félix Rougier Olanier.
Concepción Cabrera y el Padre Félix Rougier Olanier.

El proceso de beatificación de Concepción Cabrera que tendrá lugar en la Basílica de Guadalupe el próximo 4 de mayo, tiene relación con otros que se siguen en el Vaticano, y uno de ellos corresponde al Padre Félix Rougier Olanier, quien es cofundador de los Misioneros del Espíritu Santo.

Él nació el 17 de diciembre de 1859, en Auvenia, Francia; fue hijo de Benedicto Rougier y de Luisa Olanier, quienes llevaron a su hijo al templo y lo pusieron en el altar para consagrarlo a la Virgen. El matrimonio tuvo tres hijos: Benedicto Félix, Manuel y Estanislao; los dos primeros fueron sacerdotes.

En 1868, cuando Félix tenía siete años, fue internado en un colegio de los “Hermanos del Sagrado Corazón”, donde terminó su primaria. La Primera Comunión la hizo el 10 de mayo de 1869.

En 1878 empezó su noviciado en la “Sociedad de María” con el deseo de misionar en Oceanía, pero una severa artritis puso en riesgo su ilusión. A pesar del malestar, realizó su primer voto: obediencia, en 1879 y se convirtió en religioso Marista.

En marzo de 1880, cuando se promulgó en Francia que la enseñanza debía ser laica, Félix fue enviado a Toulon como profesor del Colegio de San José donde emitió la profesión perpetua el 2 de febrero de 1883; la artritis se extendió a una de sus piernas. Por estas fechas tuvo la oportunidad de entrevistarse con Don Juan Bosco, otro gran pedagogo que tenía fama de santidad y él oró por su salud.

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En septiembre de 1882 fue al Colegio Santa María, en La Seyne, como prefecto de disciplina, y después de recibir las órdenes menores y de hacer su profesión perpetua de los tres votos, el 2 de febrero de 1883, fue admitido para estudiar teología, y como los religiosos fueron expulsados de Francia, se trasladó a Barcelona.

El 24 de septiembre de 1887 recibió el Orden Sacerdotal de manos del Arzobispo de Rennes, Monseñor Gonindard. En julio de 1895, fue enviado a Colombia donde hizo una importante labor, pero en 1899 estalló la guerra civil y entonces fue enviado a México, donde lo nombraron párroco de Nuestra Señora de Lourdes.

A principios de febrero de 1903, el Padre Félix hacía una novena al Espíritu Santo para pedir que le mostrara el camino de la perfección; el instrumento del que Dios se sirvió para responderle fue una mujer: Concepción Cabrera, quien buscaba un sacerdote para expresarle sus inquietudes: la fundación de las “Obras de la Cruz”. El encuentro fue providencial. Ella bajó de un tranvía y entró a la Iglesia de Nuestra Señora de Lourdes. Eso ocurrió el 4 de febrero de 1903.

Surgió gran amistad entre Félix de Jesús y Conchita Cabrera. Él era la persona adecuada para ayudarla a fundar los “Religiosos de la Cruz” y para no errar, consultó el asunto con el Delegado Apostólico y los Arzobispos de México, Puebla y Guadalajara.

En 1904 fue a Francia para solicitar permiso a los superiores para emprender esta tarea, pero antes de partir, a imitación de Concepción Cabrera, se grabó en el pecho el monograma de Jesús JHS, con un fierro al rojo vivo, manifestando su aceptación de enfrentar todas las pruebas.

En Francia, el Padre Superior, Antonio Martín, negó el permiso para que trabajara en la fundación de esta “Obra de la Cruz” y fue enviado a España con la prohibición de comunicarse con la señora Armida.

En 1909, por prescripción médica volvió a Francia, en tanto, Concepción Cabrera hizo gestiones a favor de las “Obras de la Cruz” y a partir de 1909, algunos Obispos se interesaron en el proyecto, entre ellos, Ramón Ibarra, José Mora y Leopoldo Ruiz quienes llevaron la petición a Roma. El panorama cambió cuando Juan Raffin se convirtió en el nuevo Superior de los Maristas y le autorizaron a escribir a la señora Armida una o dos veces por año, pero sin hablarle de la fundación.

El 16 de diciembre el Papa concedió el permiso de la fundación pero puso dos condiciones: 1ª.- ‘Que el nuevo Instituto se llamara ‘Misioneros del Espíritu Santo’ y 2ª.- Que nunca formaran parte de él los sacerdotes Alberto Mir y Félix Rougier, antiguos directores de la Sra. Armida, pero si podrían ayudar a formar a los primeros religiosos.

El primer novicio de los Misioneros del Espíritu Santo fue Moisés Lira, quien dejó el Seminario Diocesano de Puebla y estuvo presente en la ceremonia constitutiva de la Congregación, en la Capilla de las Rosas de la Basílica de Guadalupe el 24 de diciembre de 1914, para convertirse en sacerdote el 4 de febrero de 1917.

Por esas fechas, Mons. Ramón Ibarra, Arzobispo de Puebla estaba mal de salud y en 1916 pidió hospitalidad a Concepción Cabrera: “Vengo a morir aquí”, le dijo. Murió el 1º de febrero de 1917 como Misionero del Espíritu Santo pues esto lo solicitó al Papa Pío X, de modo que fue el primer Obispo de la Congregación.

En 1916, el Padre Félix consiguió la renovación del permiso del Papa y en 1918, el de sus superiores, de éste modo, Jesús Rougier realizó giras vocacionales en Irapuato, León y Morelia; algunos novicios tomaron los hábitos. El 30 de junio de 1918, consiguió para la Congregación la iglesia del Espíritu Santo en Tacubaya, donde los novicios empezaron a prepararse. Finalmente, el 9 de febrero de 1926, Pío XI concedió el permiso de pasar a los “Misioneros del Espíritu Santo” y le dispensaron del noviciado.

El Padre Félix también promovió la fundación de tres Congregaciones femeninas: “Las Misioneras Guadalupanas del Espíritu Santo” que surgieron en Morelia (con licencia de la Santa Sede en 1930); “Las Hijas del Espíritu Santo” que surgió en San Luis Potosí en 1927 (con aprobación pontificia en 1950) y, las “Oblatas de Jesús Sacerdote” que iniciaron en la Ciudad de México y fueron canónicamente erigidas en 1937.  También creó dos revistas: “La Cruz” y “Pentecostés”.

Félix de Jesús Rougier murió el 10 de enero de 1938 y sus restos están en la iglesia de San Felipe de Jesús, en la calle de Madero. El 12 de diciembre de 1939, con el decreto “Decretum Laudis”, el Papa aprobó las Constituciones de los “Misioneros del Espíritu Santo”.

El Proceso informativo de su Causa inició en México en 1955 y el 9 de agosto de 1958 fue declarado Siervo de Dios. El 3 de marzo de 1999, el Vaticano reconoció la heroicidad de sus virtudes en grado heroico y fue proclamado Venerable.